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Monday, February 23, 2026

RIP, Ivonne Acosta Lespier

Conocí a Ivonne Acosta Lespier tarde en mi vida. Fue en el 2011. Éramos, al principio solo “amigas” blogueras. Ella mantenía un blog muy exitoso llamado Sin mordazas en esos tiempos en que los blogs estaban de moda. Yo tenía uno, no tan exitoso. No recuerdo como llegué hasta su blog, pero me encantaba y empecé a ir con regularidad. Me encantaba porque además de informativo, Ivonne contestaba cada comentario con respeto y sabiduría. Así las cosas, ella empezó a visitar mi(s) blog(s). Pronto nos dimos cuenta que nos gustaban los mismos temas, los mismos libros, las mismas películas y el mismo tipo de serie de televisión. Reconozco que tenía en ese momento una laguna que todavía es solo un charco con respecto a la historia de Puerto Rico, Ivonne me cambió la vida en ese respecto. En 2011 todavía no había leído La mordaza pero cuando lo leí me llené de rabia y quise investigar. Quería saber su impacto en Puerto Rico y en EEUU. Entonces me di cuenta que no había mucho sobre el tema en inglés ý a pesar del éxito del libro, nunca se había traducido. Le pregunté a Ivonne por qué no se había traducido y ella sentada en la biblioteca de su apartamento en La Torre de Parque de la Fuente, me contó que dos personas se le habían acercado para traducirlo. El primero fue Ed Vega, el escritor puertorriqueño radicado en NY. pero por esas cosas de la vida no se dio y ella se enteró muy tarde que Vega había fallecido en el 2008. Luego, recibió otra petición pero esta ocurrió cuando todavía estaba pasando por el duelo de su esposo que murió en el 2010 y no encontraba fuerzas para siquiera contestar la carta. De la publicación de su libro mas reconocido, La mordaza, nos contó, al colega y a mí, lo fuerte que fue el rechazo de la gente, las amenazas y los malos tratos de personas que ni conocía, ni la conocían a ella. También mencionó el apoyo que siempre recibió de su esposo, el reconocido politólogo, Juan Manuel García Passalacqua.

Sentados en su apartamento de San Juan, acordamos que lo traduciría, aunque ya yo lo había empezado y le había enviado mi versión. Ese día que fuimos a verla a su apartamento fue la única vez que nos vimos en persona. Todas nuestras posteriores conversaciones serían por email o por teléfono.

Una vez, no recuerdo el contexto pero le comenté a un amigo si conocía La mordaza y me dijo, algo así como, Wow. Ese libro me cambió la vida. Entonces no entendía a que se refería mi amigo pero ahora lo sé. Ahora que mi nieto mayor ha sido sometido a la lectura de ese texto, sé que es un texto transformador.

Cuando Ivonne se enfermó ya llevaba un tiempo con síntomas. Estaba deprimida, uno de esos síntomas no motores que acaban con uno y tenía dolores que no tenían explicación. Menos mal que pudo ir a NY a presentar su libro, al fin traducido y con un prologo de Juan González, uno de los manejadores de Democracy NOW. Después de eso vino el encierro por Covid y no nos comunicamos más.

La última vez que hablé con ella, hace como dos años, ella se encontraba en la Florida con su hijo y me contó que estaba contenta. Que cuando estaba con su hijo tenia la oportunidad de compartir con sus nietos y cuando estaba en Massachussets con su hija, aprovechaba para ir a la biblioteca y sacar libros, Eso le daba mucha satisfacción. También me instó a que fuera a su apartamento y me llevara los libros que quisiera porque ella no creía que iba volver a ocupar ese espacio. Ese día conversamos largamente de libros y películas.

Estoy consciente del privilegio enorme que fue conocerla y de que me haya abierto las puertas a su amistad y confianza. Que pena que no hubiésemos compartido más en persona. Cuando abandonó su blog perdimos todos porque fue una voz educada y convencida de lo que hacía falta para enderezar al país. Era una mujer menudita, dulce, amable, generosa como ninguna pero de fuertes opiniones y convicciones y de un espíritu indomable. Que descanse en paz.

Sunday, December 28, 2025

Lecturas del 2025

 Mi lista de este año es modesta pero la verdad es que se me hace difícil encontrar libros

que me agarren. Me pregunto si tendrá que ver, como dicen, la influencia de las redes.

Es que uno se la pasa leyendo esto y lo otro pero no siempre son novelas o libros .No sé.

A veces pienso que no he encontrado libros que me enganchen como cuando era una

adolescente que me entregaba a los libros y a sus series. Hubo una vez que cuando

descubría un autor leía todo lo que ese autor escribía. Se me vienen a la mente: Anne

Beatty, Margaret Atwood, Alice Hoffman, Rosa Montero, entre otras. A veces se trata

de las limitaciones que tengo. No es fácil ir a una librería y trato de no comprar en

línea--lo que le ha venido muy bien a Librería Laberinto y Libros 787. ¿Qué crees

amigo lector? Aquí mi lista de este año.


1. The Wedding Portrait de Maggie O’ Farrel. Aunque fácil de leer, fue un poco

decepcionante. Basándose en el famoso poema de Alfred Lord Tennyson, “My

Last Duchess”, O’ Farrell le da vida al personaje del poema que a la vez está

basado en un caso cuasi histórico de un un duque que encarga el cuadro de una

de sus esposas justo cuando ha decidido eliminarla.

2. The Selfless Act of Breathing de JJ Bola. Un maestro desilusionado con la

profesión y su vida, se escapa hacia Nueva York.

3. Those beyond the Wall de Micaiah Johnson. La continuación de The Space

Between Worlds que reseñé el año pasado. Esta novela no trata de lo mismo que

la pimera (cuerpos que se duplican en el multiverso) pero muchos personajes

vuelven a aparecer. Esta secuela se lleva a cabo muchos años después. La

protagonista es una enforcer llamada Mr. Scales que se da a la tarea de descubrir

quien está detrás de una serie de asesinatos. Fiel a la anterior pero no tan buena.

4. Incomparable Grace de Mark K. Updegrove. Una biografía del expresidente

John F. Kennedy. Mi libro de no ficción de este año, aunque se crea una

narrativa detrás de JFK que seguro es un cuento más. Este libro me lo prestó el nieto mayor.

5. Land of Love and Drowning de Tiphanie Yanique. Dos hermanas

completamente diferentes tratan de sobrevivir pese a un pasado lleno de

tragedias y traumas.

6. Aguaceros Dispersos de Mayra Montero. Colección de ensayos publicados en El

Nuevo Día en los noventa.

7. Trilogía de la casa de los conejos de Laura Alcoba. Tres novelas cortas que

cuentan la historia de una niña, durante la dictadura en Argentina, después de

que la niña llega a París y su adolescencia en la ciudad mientras espera la

liberación de su padre. La primera parte de la trilogía es la mejor.

8. Claire of the Sea Light de Edwidge Danticat. Una niña huérfana de madre se cría

con su padre en una aldea pesquera. Sin que la niña lo sepa, su padre se la ha

ofrecido a quien fuera su madre de pecho para que la termine de criar. La señora,

que ha perdido a su única hija, siempre ha dicho que no pero el día que decide

que va a aceptar a la niña, la niña huye de la casa y el padre y los vecinos se

mueven a buscarla.

9. Wool (Silo) de Hugo Homey. Novela de ciencia ficción que relata la vida de un

grupo de gente atrapada en una torre después de una gran catástrofe. La

protagonista intenta investigar el pasado y es exiliada fuera del silo donde las

autoridades esperan que muera.

10. City of Bones de Martha Wells. En una antigua ciudad desértica un buscador

de reliquias antiguas se encuentra con una niña rica y juntos tratan de descifrar el

paradero de unos artefactos con poderes mágicos mientras luchan por sobrevivir.

11. Cien cuyes de Gustavo Rodríguez. Una señora que se dedica a cuidar ancianos

encuentra que tiene el don de liberarlos a la muerte de forma generosa.

12. La tarde en que Bobby no bajó a jugar de Mayra Montero. La historia de una

niña que pierde la inocencia al intentar conseguir que Bobby Fischer, el famoso

ajedrecista, le firme un álbum de los Beatles.

13. Levittown, Mon Amour de Cezanne Cardona. Colección de cuentos centrados en

la vida en Levittown. Segunda Lectura.

14. Esto también es una casa de Cezanne Cardona. Conmovedora novela corta

sobre la relación de un hijo preadolescente con su madre, una casa que también

es ferretería, y un abuelo discapacitado. Creo que lo mejor que leí este año.

15. The Dispossessed de Ursula K. Leguin. En un futuro lejano surge un grupo que

se muda a la luna, los odonistas. Estos viven en un mundo ideal donde se ha

abolido la propiedad privada.

16. Animales difíciles de Rosa Montero. El último capitulo en la historia de la

replicante Bruna Husky y su amante humano, el detective, Paul Lizard. Tiene

que ver con la creación de una IA superhumana y las consecuencias.

Saturday, November 15, 2025

Cuentos orales

A todos nos gusta un buen cuento y los cuentos orales tienen un encanto particular. En mi familia ha habido muchos cuentistas innatos y muy hábiles. Tenían el verbo, la pose y la innata sabiduría del narrador oral. No sé como adquirieron ese don porque muy pocos, por no decir ninguno, tenían un grado académico, pero lo cierto es que todavía hoy, los envidio. Tenían un repertorio amplio de cuentos sobre su niñez y su vida. Podían entretener a cualquiera con sus historias. Yo sé que yo no poseo ese don.siquiera puedo hacer un chiste sin que se me olvide el punchline. Lo mío es de papel y tinta por lo que es más rebuscado. Más estructurado y menos imponente. Sin embargo,vengo de una larga tradición de narradores o cuentistas orales. En mi familia había grandes narradores: en especial recuerdo a Mami, Papi, mi abuelo Lencho y mi abuela Masia y por supuesto, la mejor, mi tía Chava. Siempre que se reunía la familia, allá salía uno a hacer un cuento de este o de aquel. Las funerarias o velorios eran especialmente propicios para los cuentos, en especial los que producían miedo. Y no hablo de cualquier cuento. Hablo de cuentos del pasado familiar por lo que a los más chicos nos interesaban y nos embelesábamos escuchándolos. Aquí se me ocurre reproducir algunos de esos cuentos con la intención de que tal vez, despierte algún espíritu chocarrero que ande por ahí o simplemente documentar los de mi familia que a medida que se van reduciendo sus números, así también sus historias van desapareciendo. Decía Arturo Pérez Reverte en una entrevista reciente que “Cuando uno muere, no muere él, muere el mundo que conoció, muere lo que vio, muere lo que le contaron.”*

 

No sé cuan comunes sean en las familias contemporáneas los cuentos de fantasmas,aparecidos o espíritus. En mi familia cada reunión familiar, ya fuera una boda, bautizo,o velorio servía de detonante para recordar los que ya no estaban y eso significaba un cuento. En mi familia había una tradición de hacer cuentos de todo tipo, pero entre los preferidos estaban los que nos metían miedo. Mami era tremenda cuentista, pero malgasté el tiempo en el que podía haber participado ella en este espacio contando sus cuentos. El que se me viene a la memoria de momento es el de un fantasma en la casa de una vecina. Yo recuerdo que una noche ella nos dijo que en casa de doña P había un fantasma o espíritu. Nos aseguró que la señora que vivía allí tuvo un encuentro cercano con una de esas criaturas. La señora le contó a mami que una noche se disponía  a cerrar las persianas de la sala y sintió que algo estaba allí, a su lado. Ella empezó a cerrarlas y vio como las persianas al lado de ella también se cerraban. Otro día la señora oyó a su hija llorar y cuando fue a ver que le pasaba la cama estaba temblando pero la niña seguía dormida. Claro, que puede haber una explicación lógica a estos fenómenos pero el caso es que nos entretenían los cuentos de aparecidos, como hoy las series de televisión.

 

Mi tía Isabel decía que ella una vez alquiló una casa en la calle de abajo, la casa de R y ella juraba que estaba embrujada. De noche las sillas se movían, y ocurrían muchas cosas extrañas. Oía ruidos y alguien golpeaba la casa que estaba sobre pilotes por debajo. Ella alegaba que orar no servía de nada, pero cuando ella los amonestaba (maldecía, realmente) fuertemente, estos se callaban un rato. Y después empezaban de nuevo. De más está decir que no duró mucho en aquella casa.

 

Papi, quien se aprendió los cuentos que hacían sus papás, contaba de una vez que mi abuelo se enfrentó a una rata gigante. Otra vez lo persiguió un globo rojo brillante. Y en otra ocasión mi abuelo paterno (Demetrio) iba con mi abuelo materno  Prudencio/Lencho) a buscar a la tía Cleo, que era espiritista para que le sacara el diablo que llevaba adentro su yerno, tío Rafa cuando el perro que iba con ellos empezó a gemir y a enredárseles en las piernas para que no pudieran seguir caminando. Mi abuelo Demetrio se encabronó y le metió una patada y entonces desaparecieron el perro y Demetrio, según contaba Lencho. Mi abuelo Lencho tenía reputación de ser cobarde y creer en espíritus. Lencho comenzó a llamar a Demetrio y este no aparecía. Entonces Abuelo apuró el paso para llegar donde la tía y cuando llegó a la casa, Demetrio estaba en el balcón con la tía Cleo esperándolo para salir a resolver lo de Rafa. Nunca supo como había llegado a la casa. No recuerdo si no preguntó o si abuelo no recordaba.

 

En la época en que recién llegamos al barrio, a finales de los años 60, mi abuela vivía en una finca algo alejada de nuestra casa. Eso nos obligaba, en casa no había carro para esa época, a caminar como unos veinte o treinta minutos aunque fuera de noche por un camino sin pavimentar entre plantaciones de caña. Y claro que no podían faltar los relatos de terror. A mi papá le daba gracia que nos asustáramos y se deleitaba en hacernos sus cuentos. Yo recuerdo tratar de agarrarle la mano para que nada me pasara, pero éramos cuatro las hermanas del muerto y no recuerdo caminar de la mano de Papi por aquellos cañaverales pero si recuerdo mirar de reojo y con recelo las largas estacas de caña que temblaban con el viento y me imagino que vería entre sus hojas algún espíritu maligno dispuesto a llevarme arrastras cañaveral adentro. 

 

*https://www.youtube.com/shorts/yAYit1QcYM8

 

        

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Tuesday, August 19, 2025

Carecer de agua

Cuando oigo de noticias como la de la señora Lucila Rivera de Vega Baja que cuida a

su esposo encamado y hace más de dos semanas que están sin servicio de agua, me

asalta un episodio de PTSS o Síndrome de estrés postraumático. Y es que estos casos

me hacen revivir los años en que en mi casa prácticamente vivimos sin servicio de agua

corriente, allá por los años 70. Hasta los diez años viví con mi familia en Estados

Unidos. Allá nunca supe lo que era un apagón o estar sin servicio de acueductos.

Cuando llegamos a Puerto Rico, conocí lo que es realmente la carencia en un país del

tercer mundo. Al principio había en el colmado frente a mi casa una toma de agua

comunitaria de esas en las que había que darle a una bomba manual para que saliera el

líquido. Era de unos tres pies de alto y de hierro, resistente a los golpes que recibía del

público no necesariamente acostumbrado a tener esas comodidades ni muy agradecido.

Hasta el colmado llegaban los vecinos que no contaban con servicio de agua potable a

extraer el preciado líquido para sus quehaceres. Traían sus baldes o botellas vacías a

llenarlas para poder cocinar, lavar o bañarse. No recuerdo haber usado la bomba ya que

nosotros estábamos conectados al servicio de acueductos. Yo los miraba con curiosidad

y me preguntaba si el agua era limpia como la que salía del grifo. A medida en que los

de la comunidad fueron conectándose a la red de aguas, o Autoridad de Acueductos y

Alcantarillados, la pluma desapareció. No recuerdo cuando fue ni recuerdo lamentar su

desaparición, pero sí lamentamos lo que vino después.

 

Ahora en mi adultez entiendo como se fue destruyendo el servicio. No hubo planificación. Las parcelas en las que me crié seguro no contaban con el aval de la AAA ni de su Junta de Planificación. Se crearon comunidades que pretendían conectarse a los servicios de la AAA, pero nadie pensó en cómo el número de nuevos hogares iba a afectar los depósitos de agua. Ni para cuántos estaban hechos ni a cuántos se esperaba que sirvieran. Pero como todo en la isla, las promesas de campaña no saben de realidades ni les importa. Nos llenan la barriga de promesas a sabiendas de que no podrán cumplir.

 

Lo cierto es que de alguna manera coincidieron estos eventos, la desaparición de la

bomba y la falta de servicio. O sea, que desde que tengo uso de la razón, es decir, desde

los diez u once años, en el barrio Bayaney de Hatillo, barrio en el que pasé buena parte

de mi vida joven nunca o casi nunca, había agua. Nos bañábamos con palangana casi

todas las noches y bebíamos agua hervida. Mi mama que sabía cosas, tenía mil formas

de resolver. En mi casa, gracias a la prevención y sagacidad de Mami había un balde,

realmente un zafacón de los grandes, que se mantenía cerrado y limpio. En ese se

acumulaba agua limpia, o sea, del grifo, por si algún día, Dios no lo permitiera, hubiera

que usarla para cocinar o beber. También había otro zafacón en el que se recogía agua

de lluvia para limpiar y bajar los baños. Además de un centenar de galones de leche

vacíos que llenaba de agua potable siempre que llegaba el famoso chorrito. El elusivo

chorrito para la incomodidad de mi madre, llegaba a veces después de la medianoche y

ya todos los demás de la casa estábamos durmiendo a pata suelta. Sin embargo, la muy

responsable, madre de cinco, se levantaba abrumada, cansada y con el pelo en la cara a

asegurar que ese líquido llegara a donde tenía que llegar para que nuestras vidas

corrieran sin muchos impedimentos. No fueron años fáciles para Mami. Entre bregar

con un marido exigente y medio déspota, unos hijos desconsiderados y enajenados, más

la menopausia traicionera con la que tuvo que convivir esos años, es un milagro que no

haya terminado loca.

 

Fue muchos años de desvelo después que Papi cedió y se instaló una cisterna. A pesar

de que era grande, cuando se extendía la carencia—a veces por varios días y hasta

semanas--en una casa con tantos hijos y allegados, como en toda casa en el que hay

adolescentes, el agua no daba. El municipio enviaba los famosos camiones cisternas

pero no siempre llegaban a tiempo o no había quien fuera buscar el agua. Esos largos

días de verano en el que no nos podíamos duchar a cualquier hora y el agua había que

ahorrarla para que durara, me ha causado un poco de PTSS. Yo no puedo ver un grifo

abierto botando agua sin que se me vuele la cabeza. Me molesta ese desperdicio de

agua. Cuando alguien se ofrece a fregar en mi casa, me pongo crispy porque pocos

entienden la necesidad de conservar el preciado líquido o, por lo menos, no lo valoran

igual que yo. A los nietos simplemente les digo: “Cierra la pluma”, pero a los demás les

digo: “Deja eso que yo lo hago o para eso está el lavaplatos”. El colega se ríe de mi

obsesión de buscarle uso a esa media botella de agua o a ese balde con algo de agua en

el fondo. Por lo menos tengo la excusa de las matas. “Échasela a esta mata, o no botes

ese poco que puede servirle a esta o aquella matita”. Mi sobrina, veinte y tantos años

más joven, me confesó que ella, que se crió en el mismo barrio, también sufre de estrés

postraumático. Ella también pelea con la hija o el esposo si dejan el grifo abierto o

desperdician el agua de alguna forma.’

 

El agua es esencial para la vida. Eso lo sabemos, pero pareciera que lo damos por

sentado. Solo resulta urgente cuando no la tenemos. Mientras tanto, los pobres como

doña Lucila Rivera sufren las consecuencias. Me imagino a la pobre doña tratando de

cuidar a su esposo, mientras se acumulan los trapos que hay que lavar, se friega una

montaña de platos con un chorrito del liquido para no desperdiciar; se bajan los

inodoros solo una vez al día, se baña a manotazo y ni hablar de la acumulación de las

benditas botellas de agua, otro tema urgente que hay que resolver.

 

https://wapa.tv/noticias/locales/comunidad-de-adultos-mayores-pide-atender-falta-de-

Thursday, December 26, 2024

Lecturas 2024

 

Este año se me ha hecho difícil leer. No por que ya no me guste, es que simplemente no encuentro novelas que me agarren. Busco una prosa que me atrape y no me deje ir, ¿Estaré pidiendo demasiado? Tengo como ocho novelas empezadas y abandonadas. Que conste que son de compra reciente y de autores que me suelen gustar (Restrepo, Marias, Aramburu) pero las he abandonado. Tal vez vuelva a ellas mas tarde pero hoy me parecen cansonas y aburridas. A raíz de esto me he puesto a rebuscar novelas que tenía en agenda por años y había pospuesto su lectura y ahora me han interesado. Dos de estas son Bruised Hibiscus de Elizabeth Nuñez y My Grandmother’s Erotic Folktales de Robert Antoni. Son de mi tiempo de estudiante de literatura caribeña, así que fácilmente tienen guardadas por lo menos 20 años esperando su momento. Supongo que los libros tienen su momento en el interés de los lectores. Por eso uno no debe dejar de comprar, aunque tenga miles (no tengo miles pero si cientos) sin leer. Busco que la trama me mueva y que la prosa sea irresistible, como en tiempos más recientes, Dolores Reyes.

 

  1. Paradais de Fernanda Melchor. Polo, un joven desilusionado y vago, busca la forma de vivir sin trabajar mucho  y busca huir de su pueblo y su familia que lo agobian. Se encuentra con Franco un adicto a la pornografía obsesionado con su vecina y convence al joven desafecto que lo acompañe en una fechoría de la que no hay salida posible.
  2. The Things We Didn’t Know de Elba Iris Perez. Una niña busca definir su identidad mientras crece en una comunidad de trabajadores en Massachussets. 
  3. Miseria de Dolores Reyes. La continuación de Cometierra. Aquí la joven visionaria se muda a la ciudad. Es a insistencias de Miseria, su joven cuñada, que comienza por dinero a buscar a las jóvenes desaparecidas.
  4. El murmullo de las abejas de Sofía Sáez. Con la llegada de Simonopio, llegan las abejas. Son recibidas con curiosidad por muchos excepto por un trabajador de la finca de los Morales que ve al niño de labio leporino como un símbolo de la maldad.
  5. The Underground Railroad de Colson Whitehead. Esta historia sigue el camino de una joven esclava llamada Cora que se anima a aventurarse a escapar de su opresiva situación a insistencias de otro esclavo, Cesar quien la considera un talismán pq la mamá de Cora se fugó un día y ni el más experto caza esclavos la pudo encontrar. Es una realidad alternativa.
  6. Bruised Hibiscus de Elizabeth Nuñez. Dos jóvenes se reencuentran en un templo dedicado a la Virgen de Fátima en Trinidad. Una decide acudir a la otra para que la ayude a evitar que el marido la mate, pero la otra está en peores circunstancias y su ayuda es imposible. Una novela en la que se entremezclan la violencia racial y la doméstica.
  7. Station Eleven de Emily St, John Mandel. I was in a slump. Couldn’t find anything I wanted to read so I read this wonderful novel again. Loved all over again.
  8. The Space between Worlds de Micaiah Johnson. La trama se desarrolla en un multiverso cuya existencia es secreta para la población general, Cara quien trabaja con una empresa multinacional se dedica a explorar mundos. Hay solamente una regla de oro, no pueden convivir ella y su doble. Cumplida la misión que sea, Cara vuelve a su mundo sin grandes aventuras hasta que un día llega a un mundo en el que su doble ha sido asesinada. Magnífica.
  9. My grandmother’s Erotic Folktales de Robert Antoni. Cuentos eróticos y lúdicos sobre el pasado que le cuenta una abuela a su nieto.
  10. Litio de Enrique Castaneyda. Una mujer vuelve al pueblo de sus padres y decide echar para delante las tierras que hereda cultivando flores. Desafortunadamente, se ha descubierto un yacimiento de Litio y los buitres comienzan a circular.
  11. En agosto nos vemos de Gabriel García Márquez. Una novela corta que recuerda un poco a Las putas tristes. Una mujer viaja todos los años a dar mantenimiento a la tumba de su madre. En cada viaje aprovecha para salir de la rutina del diario vivir, hasta que le sucede algo inesperado.
  12. Fun Home de Alison Bechdel. Esta es una novela gráfica sobre una muchacha que navega el trauma de la muerte de su padre y su propia identidad sexual.
  13. El hijo olvidado de Mikel Santiago. Una novela, tipo thriller, sobre un policía que con la ayuda de una colega trata de salvar de la cárcel a su sobrino acusado de asesinato. EBook
  14. La niña alemana de Armando Luca Correa. Una niña judía en Alemania se embarca en el fatídico viaje del SS St Louis en 1939. Mientras que en el 2011 una familiar suya llega a Cuba a conocer la historia de su papá.
  15. La clase de griego de Han Kang Una mujer pierde la voz después del trauma de perder a su hijo tras un divorcio. Para tratar de recuperarse, toma una clase de griego. Resulta que el profesor de griego está a su vez, perdiendo la vista. Tras un desafortunado accidente, se juntan y logran algún tipo de relación. Dulce y poética.
  16. The Wind/up Bird Chronicles de Murakami. Un joven desempleado de unos treinta años es abandonado por su esposa sin mediar explicación convincente. En busca de  un motivo se involucra con gente misteriosa cuyos motivos no ayudan del todo a esclarecer el misterio pero que incluyen una serie de cuentos e historias.

Friday, June 14, 2024

Elogio a las tías

 Sé que se acerca el día de los padres y que tal vez debería escribir sobre ellos pero me temo que no va a ser. En esta ocasión, inspirada en una columna que escribió Norwill Fragoso para PrimeraHora, quiero escribir también yo, sobre las tías. Las tías han sido fundamentales en mi vida. En total, tías de sangre, digo, he tenido, seis: cinco por parte de padre y una por parte de madre. En esta ocasión quiero destacar las tres que han marcado mi vida y a las que por siempre les viviré agradecida.

 La primera tía con la que tuve una relación importante fue con una hermana de mi papá. Ella llegó a quedarse unos días con nosotros cuando éramos pequeñas. De ese primer encuentro no tengo muchos recuerdos y los pocos no son gratos. Yo supongo ahora en retrospectiva, que ella fue a parar a mi casa porque papi era el mayor y le habrían encargado su cuido. Ella venía a ganarse la vida y tal vez hasta huir del yugo materno porque dicen que mi abuela era fuerte, aunque yo no la recuerdo así (Hasta en esos tiempos se puede marcar la brecha entre los abuelos y los padres). Sin embargo, mi tía en cuanto se casó se fue transformando en una señora cariñosa, y alegre. La primera boda a la que recuerdo asistir fue a la de ella. Se casó como se casaban entonces las parejas, con una gran celebración en un hall en Chicago. Ella se veía hermosa y su marido parecía un galán. Mi hermana, la bonita, fue dama de esa boda y recuerdo como corrimos por aquel salón detrás de ella con su vestido como de princesa, parecido al de la novia. Varios niños, que incluían al portador de anillos nos hacían el coro. Después de varios años, ella se mudó a Puerto Rico y nosotros la seguimos. En busca de oportunidades y seguro que para estar cerca de su familia, su esposo eventualmente decide mudarse a Naranjito, lo que nos ponía nuevamente a distancia de ella. Así se convirtió en la tía que, vivía lejos y había que ir a visitar. Aunque en aquellos tiempos no era fácil, creo que ella venía a nuestro barrio a ver a su mamá que aún vivía allí, por lo menos, una vez al mes. Así que desde que la conocimos cuando yo apenas tenía unos cinco años hasta el día de hoy, nunca dejó de ser nuestra tía más cercana. Ella (CG) era intrépida y pícara.  Sin tener licencia de conducir, subía y bajaba por las cuestas de Naranjito como alma que lleva el diablo en una Station Wagon color crema y no le tenía miedo a nada. Siempre parecía que estaba haciendo mil cosas a la vez. Y nunca, que recuerde, nos miraba mal, a los sobrinos, o criticaba nuestras acciones. Era lectora voraz a pesar de que solo había estudiado hasta quinto grado. Recuerdo una vez que surgió el tema de su paso fugaz por la escuela y ella admitió que nunca le gustó la escuela, cosa que me resulta extraño porque estaba bien informada y le gustaba leer de todo. También le gustaba jugar cartas, montar rompecabezas y hasta jugar juegos de vídeo con su esposo. Le gustaba hacer cuentos y chistes y su risa era honda y contagiosa. Tenía dulce para los muchachos como se dice, porque fueron muchos los amigos de sus hijos, vecinos y otros que iban a su casa y terminaban quedándose. Tuvo un periodo de “infinita tristeza” como dice Manu Chao, mientras cuidó a nuestra abuela que nunca superó del todo pero seguía siendo dulce y servicial para con todos los que íbamos allá a visitar. Ahora le llegó la viudez y la fragilidad física. Hoy tengo entendido que se la pasa en su sillón reclinable dejando, mal que bien que hagan por ella. Después de dar tanto ahora debe descansar sabiendo que de más hay quien cuide de ella. Hay tanto más que puedo decir de ella pero se me hace demasiado largo y hay otras tías que merecen mención.

 La segunda tía que conocí, DT, también por parte de padre, influyó grandemente en mí. Ella llegó a Chicago con 18 o 19 años. Era joven, alegre y coqueta. También era de risa fácil y tenía algo que la primera no tenía: sandunga. Fue por ella que llegó la música pop en español a mi vida y la salsa. En las reuniones semanales que teníamos en los 70 ya de regreso a la isla en casa de mi abuela, los sábados en la noche eran los días de pararnos detrás de ella para que nos enseñara los pasos del contagioso ritmo que seguiría disfrutando años después y con los que alegré muchos sábados de baile, cuando eso todavía se acostumbraba en PR. Es uno de los recuerdos más gratos y divertidos que tengo de aquella época. Ella que seguramente careció de todo, o casi todo, se desvivía por llegar cada vez que cobraba con el último disco de Lisette, Chucho, Rafael o el que fuera. También se ocupó de que nosotras sus sobrinas y sus hermanas mas jóvenes conociéramos de la farándula local. Fue gracias a ella que conocí las fotonovelas en las que Verónica Castro, Enrique Guzmán, Silvia Pinal y un chorro de estrellas del cine mexicano, argentino y español pululaban mundos. Gracias a ella y a las tardes de películas que comenzaron en casa de mi abuela yo empecé a hacerme puertorriqueña.

 La ultima tía que voy a mencionar, también por vía paterna, es más bien una tía abuela. Esta tía es la de los cuentos. Muchas de mis amistades la conocen de forma vicaria ya que les he compartido cuentos que ella me hacía y a los que he tratado de documentar. IF se crió como hija de mi abuela y abuelo aunque realmente era su hermana. (Sí, sé que es algo complicado y no tengo intenciones de explicarlo aquí.) Una vez me contó que ella había sido gorda y comilona y que esa compulsión por comer la metería en muchos problemas con mi abuela, pero yo nunca la conocí así. Para mí siempre fue una señora esbelta y guapa, bien vestida y severa. La primera vez que la vi, me parecía que llegaba una artista de Hollywood. Tenía puesto un traje negro con un encaje verde, tacones, y llevaba su melena peinada y acondicionada. Recuerdo que trajo con ella a los nenes y a mí me pareció súper cool que a aquella niñita la hubiesen vestido toda de rosa. Hasta los zapatos, si mal no recuerdo eran rosados. 

IF se divorció de su marido maltratante cuando era todavía una mujer joven, pero nunca quiso volver a casarse. Ella siempre decía que como ella era católica, aunque estuviera divorciada, y ante los ojos de dios seguía casada. Mi tía tuvo dos hijos a los que crió con mucho celo y severidad. Ella misma me contaba, ya yo adulta, y sus hijos con hogares propios, lo dura que fue con su hija. También me contó de sus propias crisis y de su corto paso por lo que ella decía era la locura. Yo, aquí en mi rol de pseudo psicóloga, creo que tal vez estaba deprimida porque se acababa de divorciar, estaba pasándola mal económicamente, y cuidado si hasta por la menopausia o perimenopausia.  Afortunadamente, ella superó todas esas cosas y se volvió la tía maternal y jovial que conozco hoy. Otra cosa que no he dicho es que IF es sorda pero hace como diez años la operaron y el cambio ha sido del cielo a la tierra. Como saben mis amigos, ella me fascina y estaría horas escuchando sus cuentos. Desafortunadamente, para mí ella por sus condiciones de salud y porque tiene 91 años, hoy vive con su hija en Georgia. Trato de verla y compartir con ella siempre que está por acá pero ya no hay tiempo para recoger sus cuentos ni aprender del pasado de ella, ni de nuestra familia. Siempre viviré arrepentida de no haber recogido todos los cuentos a tiempo. Espero que su nieta la encuentre tan fascinante como yo y pueda aprovechar el tiempo antes de que sea tarde.

 Me siento afortunadísima de tener estas fabulosas mujeres en mi vida y quiero que ellas lo sepan porque muchas veces, no les damos valor a las personas cuando están con vida y no quisiera que ese fuera el caso conmigo.

 A todas mis tías, incluso las tías políticas, las quiero y las abrazo en este humilde homenaje.

 

Enlace al columna de Fragoso:

https://www.primerahora.com/opinion/norwill-fragoso/notas/el-infinito-amor-de-las-

tias/

 


 


Thursday, May 16, 2024

Después del DBS


Pues, sí, ya me operé. Lo que nadie me dijo, o tal vez lo dijeron y no les hice caso, es que esta es una operación rara. Te sometes a una cirugía de horas para que te introduzcan unos electrodos en la cabeza. A pesar de lo aparentemente complicado de la operación, todo sale bien. Estás optimista. Todo parece chévere. Te vas a tu casa a esperar la segunda instalación, literalmente, y la segunda resulta peor porque es doloroso eso de que te inserten un objeto, en este caso el neurotransmisor, en el pecho. Este objeto es grande, relativamente—unas cinco pulgadas—y se siente extraño tener ese aparato sobre el seno derecho. Y tu cabeza que alguna vez fuera una orbe suave y lisa, ahora parece una vieja pelota de béisbol con fisuras y chichones por todos lados.

 Bueno, pero este escrito lo que busca es darles información a los amigos y familia que me preguntan y quieren saber qué está pasando. ¿¿Y por qué se tardan tanto??, preguntan exasperados. Pues, yo quisiera tener una contestación satisfactoria y no la tengo. Se me ocurre que sí, como dice el colega, tengo que curarme primero. La herida sobre el pecho está en proceso. Hoy me removieron los puntos y ya eso, supongo, que es progreso. Después hay que hacer veinte mil pruebas para comprobar que el aparato esté bien calibrado. Esto según nos informó el cirujano puede tardar varios meses y puede conllevar varias visitas a la oficina del médico. Tal vez pueda  atenderme con un técnico de Medtronic, la compañía que distribuye el aparatito pero no sé si eso sea una opción.

¿Que por qué no se más de lo que puede o no ocurrir? Pues, la verdad, es que nadie realmente sabe. El cirujano me dijo hoy que no todo el mundo reacciona de la misma manera. También me dijo que estaba conectada ya pero no prendida. De prender el neurotransmisor se va a encargar el neurólogo. También me aclaró el médico que no hay una fórmula mágica. Algunos pacientes notan mejoría después de la primera sesión de programación, mientras que otros pueden necesitar varias sesiones. Esto va a requerir paciencia y es posible que tenga que probar varias configuraciones para encontrar la que mejor me funcione. Esto puede significar de tres a seis meses de reajustes. Se supone que me ajusten también los medicamentos para que pueda usar menos y no más. La meta es usar lo menos posible. Pero eso, también es un proceso. Ya veremos.

 Espero que la gente entienda que no me invento nada. Que aguardo con paciencia y con los dedos cruzados que funcione. Que tengo tantas ganas como el que más de que mejore mi condición. Que quisiera poder decirles que ya estoy bien, que no me duele nada y que podré por un tiempito estar libre de los males asociados a esta enfermedad. Sin embargo, eso tampoco lo controlo yo.

 El viernes (mañana) es mi cita con el neurólogo. A esta cita tengo que ir sin tomarme los medicamentos ya que el doctor tiene que poder ajustarme tomando en consideración cómo sean los síntomas cuando no haya nada actuando sobre ellos. Ya les contaré.                                                        

 


Thursday, February 29, 2024

DBS

 

“Amargura, señores, que a veces me da:
la cura resulta más mala que la enfermedad.”

                                   Frankie Ruiz

 

Mi neurólogo me ha referido a un neurocirujano. Él recomienda que me someta a una operación que se conoce como Deep brain stimulation o DBS por sus siglas en inglés. Se trata de una operación que un paciente ha descrito como harrowing por lo intensa y delicada que puede ser. Supongo que una buena traducción de la palabra “harrowing” en este contexto sería “angustiosa.” 

 

Yo he leído todo lo que ha caído en mis manos sobre el DBS. Aquí para los que me han preguntado y los que se enterarán pronto, trato de resumir algunos datos que tengo sobre él. Es una operación que se lleva a cabo en el cerebro. Consiste en la introducción de unos electrodos en un área específica del cerebro. Estos a su vez van conectados a una batería que, así como un marcapasos, se coloca en el pecho. Esta batería va a controlar los electrodos y su calibración es delicada y onerosa por lo que he leído. Todavía la ciencia no sabe específicamente como es que funciona el DBS pero es efectivo en controlar los síntomas del Parkinson en aproximadamente el 90% de los pacientes. Suponen los expertos que al traquetearse (término no oficial ¡ja ja ja!) esa parte del cerebro se estimula la región que se encarga de producir o moderar la dopamina de la que tanto carecemos los que sufrimos esta enfermedad. 

 

La operación dura aproximadamente cuatro horas. El paciente está despierto durante una parte del procedimiento para asegurar que se han tratado ciertos síntomas. No requiere mucho tiempo en hospital. Y supuestamente, ya al día siguiente se nota la diferencia. He visto por las redes sociales personas que se levantan de una silla con facilidad y sin medicamentos ni otras ayudas el día después de la operación. En muchos sitios en los que se habla del procedimiento se dice que no requiere más de tres días pero el neurocirujano me dijo que al otro día me daban de alta. Yo me pregunto si esto no vendrá con algún pero—Te damos de alta si orinas o si evacuas--. No se me ocurrió preguntar cuando estuve conversando con él. Y le hice muchas preguntas. Fue paciente conmigo y trató de calmar todas mis dudas, preocupaciones y recelos.

 

Ahora mismo la discinesia me quiere tumbar de la silla.  Este trastorno lleva a la persona con Parkinson (o sea, yo) a moverse de forma involuntaria. Es bastante incómoda, particularmente para el que me observa. Mi mamá que no entiende lo que me pasa, me ha preguntado si estoy borracha. Es en momentos como este en el que ni siquiera puedo sentarme a escribir con tranquilidad que pienso que me debo operar y salir de eso de una vez y por todas. Las dudas surgen cuando la puta enfermedad, puta como dice el personaje de Claudia Piñeiro en Elena sabe me engaña y llego a pensar que puedo estar bien solo con tomar los medicamentos. 

 

¿Cuáles son mis dudas? Primero que nada, está el hecho de que estarían operando en mi cabeza y eso me preocupa. A pesar de que el cirujano ha operado a muchas personas-- unas 430 creo que dijo—y ha tenido éxito en la gran mayoría de los casos, mi lado pesimista se impone. ¿Y si resulta que soy uno de los casos que no tienen éxito? Por otra parte, puedo sufrir un derrame o me pueden dar convulsiones o se me puede afectar el habla o la memoria. Sería Elsa, la desmemoriada. Además está lo del COVID. Cuando conocimos al neurocirujano, me di cuenta enseguida que entró por la puerta de que no usaba mascarilla y eso me preocupa. Si es cierto que es el único en la isla que lleva a cabo el DBS, ¿quién se encargaría de mí si él se enfermara? El procedimiento, según nos explicó al colega y a mí, requiere tres hospitalizaciones. En la primera se opera un lado, el lado más afectado; al mes se implanta la batería que va controlar el dispositivo y en tres meses más se opera el otro lado para que tanto el lado izquierdo como el derecho funcionen de forma balanceada. Y ya saben lo que pienso de los hospitales por una columna anterior. 

 

Lo gracioso de todo esto es que yo quería operarme hasta los otros días. Estaba de lo más ilusionada. Pero ocurrieron varias cosas que me mataron las ganas. Lo primero es el COVID. Un amigo entró al hospital por un problema del corazón y se contagió con el SARS 2 y por poco las enlía. Me preocupa la actitud laxa de los hospitales y los especialistas de la salud ante este tema. El COVID no se ha acabado aunque la mayoría de la gente quiera hacerse de la vista larga. Por otra parte, una de las chicas con Parkinson que sigo en las redes, una chica alegre y optimista, tuvo un problema con su operación y estaba desilusionada con todo el proceso. Tampoco me atrae el hecho de que para la operación tengo que estar sin medicamentos por uno o varios días antes de la hospitalización.

 

Por otra parte, esta operación NO cura la condición y tampoco retarda su progresión. El Parkinson sigue siendo progresivo e incurable. Como dijo una persona en las redes, lo que proporciona el DBS es alivio de algunos síntomas y tiempo. O sea, te permite vivir más o menos de manera normal por unos nueve años me aseguró el neurocirujano. Creía que los resultados de la DBS durarían más tiempo pero el cirujano fue bastante claro a ese respecto. No garantiza más de nueve. “Conozco” gente que lleva diez y doce años de operadas, pero son personas que sufren de YOPD, o sea, que les dio Parkinson antes de los cincuenta años. Han notado que el aparato no responde como antes, o sea que la progresión de la enfermedad les ha afectado. Muchos se operan con la esperanza de que entretanto pueda surgir una cura. Como me atormentan las dudas, he decidido darme un poco de tiempo antes de tomar una decisión. Así podría hablar con mi neurólogo quien estaría encargado de calibrar la batería. Reconozco el gran privilegio que es tener la oportunidad de operarme. Otros han querido y no les fue posible. Voy a aprovechar el espacio para aprender más, para asegurarme que la cura no sea peor que la enfermedad.      

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

Friday, December 22, 2023

Lecturas 2023

En la siguiente lista tengo dos memorias y una obra de teatro, sólo 17 novelas. No es que lea menos, sio que leo más de otras cosas. Leo artículos o ensayos sobre política, el parkinson, y el covid ya que estoy suscrita a El país, The New York Times, The Guardian, The Nation, The Lever y por supuesto, ENDI. Que conste que empecé varias novelas que no logré terminar. Aquí va mi lista de este año. Como en años anteriores, las mejores las anoto con asteriscos.

 

  1. The Butterfly Effect by Rachel Mans Mckenny. Una joven entomóloga regresa a casa a cuidar de su hermano gemelo. Mientras lucha con su pasado, los traumas suyos y de su gemelo, encuentra consuelo en la extraña relación que sostiene con  su mejor amigo y atendiendo un mariposario que dirige su antiguo amante.
  2. God Help the Child de Toni Morrison. Después de alcanzar el éxito en los negocios, la vida de la  joven protagonista se vuelca patas arriba cuando el novio la deja y su vida o más bien su forma de entenderse se derrumba. En un acontecimiento digno de una novela de fantasía su cuerpo de mujer va transformándose hasta prácticamente retornar al cuerpo de la niña traumada que creyó haber dejado atrás.
  3. Cometierra de Dolores Reyes. Cometierra, como le dicen a la protagonista de esta novela, tiene el don de la clarividencia. Es capaz de “ver”, después de comer de la tierra que la persona desaparecida pisó por última vez ya sea donde se encuentra o donde murió. La primera visión la tiene después de que su madre muere y en su desespero por mantenerla consigo se echa un bocado de tierra a la boca. Después en la escuela ve donde han enterado a la maestra que ha desaparecido. Una maestra cuyo crimen nunca se esclarece y la acompaña durante toda la novela mientras trata de encontrar el paradero de otras personas cuyos familiares suplican y pagan por sus visiones. Por mucho, lo mejor que leí este año. *****
  4. Velorio de Xavier Navarro Aquino. Después del azote del huracán María por la isla un anti héroe llamado Urayoán establece un refugio para los que se han quedado sin hogar, sin familias, o sin recursos. Lo que a primera vista parece un milagro salvador pronto comienza a mostrar sus tenebrosas costuras. Es la primera novela de este escritor y aunque tiene algunos problemas, augura bien para el futuro de este joven escritor. ***
  5. Charlie Hernández and the League of Shadows de Ryan Calejo. De las novelas llamadas YAF. Charlie es un chico inseguro que anda buscando que hacer cuando conoce a una fascinante niña con muchos trucos bajo la manga quien lo ayuda a navegar el mundo de lo sobrenatural.
  6. Aftershocks: a memoir de Nadia Owusu. Son las memorias de una joven que comienza como la cobijada hija de un pulido y refinado diplomático africano y termina como la huérfana y desperdigada por los Estados Unidos. Un trabajo cuidado y hermosamente redactado. ***
  7. El rey y la reina de Ramón J. Sender. La trama se sitúa en una casa aristocrática poco antes del comienzo de la guerra civil española. Cuando llegan los revolucionarios, la duquesa se mantiene escondida en los cuartos superiores de la casa a merced del jardinero que aunque la “protege” al esconderla, también pretende darle una lección por descarada.
  8. Ahora que te vas de Eva Blanch.  La protagonista relaciona los eventos más importantes de su vida con la menstruación o la sangre que emana de su cuerpo  en las diferentes etapas de su desarrollo de niña a mujer.
  9. Revolución de Arturo Pérez Reverte. Ambientada en el México de principios de siglo XX un joven español, experto en explosivos, se une casi por inercia a la revolución de Emiliano Zapata y Pancho Villa.
  10. El silbido del arquero de Irene Vallejo. Recuento de la historia de Eneas y la reina Dido solo que aquí se llama Elisa. Elisa encuentra refugio de la ira de su esposo con su hermana menor. Una noche llega un grupo de náufragos encabezados por Eneas. Ella los recoge y los hace parte de su hogar pero sus súbditos no ven la llegada del troyano con buenos ojos y confabulan de mil maneras para eliminarlo de la competencia por los afectos de su reina. 
  11. El paciente de Juan Gómez Jurado. Un thriller. Un joven neurólogo debe decidir entre la vida del presidente de la nación o la de su hija de seis años.
  12. El invencible verano de Liliana de Cristina Rivera Garza. La autora trata de componer una historia que explique la muerte de su hermana menor asesinada hace 30 años.
  13. Wandering Memory, a memoir de Jan J. Dominique. La hija del director de Radio Haiti, Jean L. Dominique, asesinado en el 2000, trata de narrar lo que le sucedió a su padre, su relación con el difunto y su lucha por recuperar la voz narrativa.
  14. Hamnet de Maggie O’Farrell. La vida de Agnes, una curandera antes rechazada por todos, parece haber encontrado la paz junto a su  marido un dramaturgo que reside en Londres, hasta que en un descuido su hijo Hamnet muere víctima de la peste.
  15. Trust de Hernán Díaz. Esta es una novela peculiar. Una novela que intenta experimentar con el género. Trata de una familia poderosa y la mujer que escribe sus memorias.
  16. La invención de Morel de Adolfo Bioy Casares. Este es una novelita que el colega usaba en clases y que me prometí leer algún día. Es una novela fantástica que no sé bien como resumir. Supongo que la historia de un hombre que ve su vida pasar sin que sepa el lector que lo que ve ya ha ocurrido.
  17. Historia de una escalera de Antonio Buero Vallejo. Es una obra teatral sobre unas familias que viven con la ilusión de mejorar sus vidas pero que sus circunstancias no les permiten avanzar y la próxima generación parece condenada a repetir los patrones establecidos por sus ancestros.
  18. A Canticle for Leibowitz de Walter M. Miller Jr. Nunca había oído hablar de esta novela hasta que el nieto dijo que un maestro se la había recomendado. Es la única novela de Miller. Trata de una orden religiosa en un mundo post apocalíptico cuya misión primordial es proteger el saber científico hasta que pueda ser usado responsablemente.
  19. Percy Jackson and the Olympians de Rick Riordan. Acabo de leer que esta serie de libros que dio paso a una serie de películas ya es una serie del canal de  Disney. Esta es la primera novela de la serie y trata de un semidios (moderno) que descubre que es uno de los hijos del dios del mar, Poseidón. Junto con otros semidioses y gentes del mágico mundo de la mitología griega cumplen misiones peligrosas para satisfacer los caprichos de los dioses.
  20. Lo que perdimos en el fuego de Mariana Enríquez. Una colección de doce cuentos de terror. No es el género que más me atrae y estuve a punto de abandonar la colección pero la terminé y no descarto leer algo más de Enríquez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tuesday, August 29, 2023

No hay crisis en salud

    

     Tan reciente como el 21 de agosto de 2023, al preguntársele sobre la inminente quiebra del Hospital San Pablo el gobernador de Puerto Rico, Pedro Pierluisi ha declarado que “hablar de un colapso del sistema (de salud) está totalmente fuera de la realidad”. Yo no sé si eso es cierto o no, ya que solo sé lo que se dice en los medios de comunicación y las redes electrónicas. Con  esto quiero decir que no trabajo en ninguna agencia relacionada con la salud o institución hospitalaria. Tampoco padezco de una de esas condiciones que me obligue a visitarlas con frecuencia. En esta columna me voy a concentrar en narrar una visita reciente y a llegar a conclusiones personales sobre lo que sucede con la salud en Puerto Rico.

    Lo que me mueve a escribir sobre este asunto es un poco un “mea culpa”. Una amiga me escribió diciendo que quería visitar la isla pero temía por los servicios médicos ya que padece una enfermedad crónica y no sabe si sobreviviría en caso de una emergencia. Yo le contesté sin más miramientos que no me preocupaban los servicios de salud aquí. Que yo entendía que los hospitales, a pesar de no ser hoteles de cinco estrellas, eran bastante buenos. Esto lo dije por ignorancia. Por suerte nunca he estado en un hospital por más de unas horas. Sin embargo, una visita reciente me ha hecho cambiar de opinión.

    Hace un par de días fui como una buena pendeja y me sometí a un procedimiento que la misma doctora dijo que no era de emergencia pero que sí debía hacerlo en algún momento.

Yo: ¿Cuánto tiempo toma?

Dra: Como veinte minutos.

Yo: ¿Tengo que estar hospitalizada?

Dra: No, es ambulatorio.

Yo: ¿Es doloroso?

Dra. No. Además vas a estar bajo anestesia.

    Consentí en hacerme la cirugía y acordamos la fecha. Tengo que admitir que estuve recelosa, especialmente por lo de la pandemia del Covid. Hay tanta gente, hasta en los hospitales, que no usa mascarilla que temía contagiarme. También temía que el Parkinson fuera a ser un problema. A pesar de mis reservas, decidí salir de eso de una vez y someterme. El Hospital era el Ashford en San Juan lo que me daba un poco de paz mental. Dos nietos habían nacido allí y lo recordaba positivamente, desde mi condición de visitante, claro. La preadmisión par el procedimiento fue bastante eficiente. Una cosa que me estuvo raro es que casi todo se hiciera a mano. Y cada quiosco cobraba lo suyo aparte, o sea, la anestesia se pagaba en una parte, el internista en otra y el hospital cobraba lo suyo. Después me llegó un mensaje de que mi expediente estaba disponible pero todavía no lo he podido abrir. Trataré otra vez.

    El día de la intervención quirúrgica, nos levantamos el colega y yo tempranito para estar en el hospital en el horario acordado, las 6:30 a.m. Acostumbrado uno a como son las cosas en esta bendita isla, no teníamos la ilusión de que se nos fuera a atender a esa hora exactamente pero, de esperanza vive el pobre.

Y aquí es que empiezo a pensar en mi amiga y sus inquietudes. Se nos recibió e indicó que pasáramos al área de espera para operaciones. La sala era  como de la extensión de un salón de clases (ya saben mis referentes) pero menos ancha, y daba grima. Las sillas en la sala de espera tienen como mil años y con tanto culo que han cogido no les queda guata, así que pueden imaginar lo cómodas que eran. A pesar de que debes llegar con un acompañante, las sillas están agrupadas en grupos de tres en vez de dos o cuatro. Aunque no se veía sucio, había manchas de moho por las losetas y uno que otro papel y juro que vi un cheese strip debajo de la silla que ocupaba a mi diestra el colega.

Encima de eso, el salón estaba tan ocupado que había, en tiempos de pandemia gente de pie y otros afuera en el pasillo. Después de un rato, llamaron a tres personas (una de ellas fui yo) quienes nos ilusionamos con la idea que nos iban a atender pronto, pero para mi sorpresa solo era para que hiciéramos fila en otro pasillo, de pie. Yo me quejé con el colega quien con su usual sarcasmo me tranquilizó asegurando que es que tienen que hacer espacio para los que iban a llegar del turno de las 7 a.m. A medida que esta fila fue creciendo, nos fueron llamando uno a uno para que nos pusiéramos el vestuario de operaciones, la famosa bata y demás indumentaria. Pronto nos dimos cuenta de que cuando hablan de la privacidad de la ley HIPAA, no es tu cuerpo el que merece privacidad sino—supongo, tampoco me consta—que es el récord. No había privacidad. Tenía uno, dependiendo de cuan modosito fuera, que arreglárselas para que los demás no le vieran el fondillo pues había que caminar con la bata agarrada hasta la próxima sala. Allí te acomodaban en una camilla con ruedas y te abandonaban a tu suerte. Bueno, ni tanto. Al rato, quizás media hora después, un enfermero principiante que estaba más nervioso que yo, trató de encontrarme una vena. Y hasta me preguntó que dónde acostumbraban a ponerme el suero. Yo le dije que nunca me habían hospitalizado así que no le podía decir. Dos veces lo vino a ayudar una chica que sí parecía saber lo que había que hacer pero que no le correspondía. En esa sala éramos como ocho pacientes esperando. La camilla en la que me acomodaron estaba defectuosa y no se le sostenía uno de los brazos. Para colmo, era súper incómoda. Cuando ya eran las 9 a.m., yo quería hacer como en las películas: arrancarme el suero y marcharme de allí. Llamé a la enfermera que parecía ser la reina de los pollitos y le hablé de mi preocupación. Ella me escuchó muy atenta pero me dijo que tenía que esperar al doctor, o la doctora en mi caso.

    Poco después se me acercó una joven bajita que me dijo que era la anestesióloga y punto seguido me hizo las mismas preguntas que me habían hecho todos los que me atendieron, que cuál era mi fecha de nacimiento y a qué había venido. Supongo por un letrero que vi en la sala de operaciones que esta insistencia en preguntar la misma información repetidas veces venía de un patrón de equivocaciones. El letrero decía: Asegúrese que tiene el paciente correcto y asegúrese que es el procedimiento correcto. Camino a la sala de operaciones, la enfermera o técnica o doctora, no sé ya que no se presentó, me llevaba como dice el colega, como puerco roba’o. Iba apresurada, feliz y  energética, tanto así que estrelló la camilla contra un carrito de medicamentos y ni siquiera se disculpó. La anestesióloga notó mi malestar, pero se limitó a amenazarme con ponerme anestesia general– como si me importara– porque la pierna se me empezaba a encoger. Era el efecto de estar sin el medicamento del Parkinson.

    Bueno, que lo que quería denunciar es el estado de la estructura y los equipos.

El hospital es un asco. No porque esté sucio necesariamente sino que se parece al país: decaído, maltratado y sin inversión. Tengo que admitir que a pesar de la crisis, este hospital parecía tener una flota saludable de enfermero/as quienes eran, en su mayoría, amables y atentos. A menudo sentía la tentación de preguntarles si les pagaba bien o si les constaba que el hospital pagaba sus obligaciones al Departamento de Hacienda. El HIMA San Pablo se sabe ahora que anunció su inminente quiebra que tenía millones de dólares en deudas con el Departamento de Hacienda. Les retenía el dinero a sus trabajadores pero luego no lo enviaba a su destino.

    …Cuando por fin me dieron de alta, después de pasar cerca de cinco horas en el área de recuperación (No te dan de alta si no orinas y mi esfínter se resistía a cooperar) me montaron en una silla de ruedas que seguro, seguro llegó con el primer cargamento de sillas, allá cuando se fundó el hospital hace 118 años. No solo era vieja, estaba en mal estado (hasta el vinil estaba roto) y el escolta, muy amable y simpático, me llevaba por aquellos pasillos desnivelados como alma que lleva el diablo. Yo me agarré de la silla como pude– ya me veía rodar por el suelo y estar condenada a quedarme un tiempo más en aquel lúgubre lugar. Uf, pensaba yo, no vuelvo a un hospital voluntariamente. Mejor me muero. A mi amiga, EP, le digo: aquí no se puede uno enfermar sin caer en depresión. Como le comentaba al colega, los gringos ven esto y entran en shock. Yo podría apostar a que en ese hospital no han invertido en unas sillas para las áreas comunes en siglos. No me extrañaría si anunciaran crisis también. Y no es que uno espere lujos porque para eso no hay, pero con tanto dinero que hay para la salud, tanto dinero federal que entra en los hospitales privados también, ¿qué les cuesta hacerle las cosas más agradables al cliente?  En este país en el que la salud no está en crisis, no hay excusas. 

 

 

Wednesday, May 17, 2023

Encuentro con la fauna local (Yaboa/Night heron)


Hace ya varios años, creo que al comienzo del encierro por la pandemia del COVID, los vecinos (MI y F) del frente, me hablaron de unos pájaros de la familia de las garzas que cantaban de noche y cuyo canto o graznido endiablaba a otro vecino con problemas mentales. Me contó MI que cuando las garzas empezaban a graznar, el otro vecino salía rabioso con una escopeta a espantarlas. Le molestaba el ruido; no sé si por temor o porque alteraban la tranquilidad de la noche. Para esa época las garzas o yaboas de esta anécdota vivían en un árbol cerca de los vecinos.  Hace varios meses las yaboas se mudaron cerca de mi casa. Empecé a escucharlas por las noches y constaté con los vecinos que eran las yaboas las que emitían un quejido parecido al de los gansos. Mas tarde me informaron, ellos son de dar caminatas por el barrio cuando baja el sol, que las garzas nocturnas tenían un nido y que se podía ver de cerca. También dado mi interés en los pájaros, me enviaron fotos y un día la vecina me llevó, durante el día a ver el nido que habían hecho. Más tarde los vecinos me informaron del nacimiento de la criatura plumífera. Durante todos estos meses yo había escuchando las aparatas pero no había logrado verlas hasta que una noche en que decidí salir a botar la composta me encontré con una en el patio. Yo me detuve cuando la vi para que no se asustara y nos miramos fijamente por unos minutos. Podría decirse que nos calculábamos como cuando un animal se enfrenta a su depredador, o como cuando los vaqueros en las películas del viejo oeste se topan con un forastero peligroso. Para dejar que siguiera feliz su camino, di un paso para atrás y ella levantó el vuelo. Lo hacen con lo que aparenta ser el mínimo esfuerzo y con tanta gracia que de verdad es mágico.

            Otro día estábamos el colega y yo sentados en la terraza, descansando ya que habíamos estado dándole mantenimiento al patio, cuando voló una y aterrizó en la verja. Le dije al colega que no se moviera para que no se fuera pero ella estaba alerta a nuestra presencia y se fue así que no pudimos observarla por mucho rato. Ese día fue triunfante ya que el colega no la había podido ver y aunque la oía a menudo no había podido asociar el sonido y la imagen.

            La semana pasada tuve lo que podría llamarse una experiencia simplemente mágica. Después de un día atareado, en el que hasta me cogió un aguacero (ahora caigo en cuenta que era el primer aguacero de mayo) me eché en la cama como acostumbro a jugar en la ipad. Salí del cuarto cerca de las seis de la tarde ya que iba a sonar la alarma del medicamento que tengo que tomarme a esa hora y oigo lo que parece ser el graznido de las yaboas pero me estuvo raro ya que ellas tienden a salir cuando ya ha bajado el sol. Sin pensarlo mucho me dispuse a aprovechar que había llovido con ganas después de meses de sequía e ir al patio a ocuparme de unos tomates y pimientos que intento cosechar. Me pareció escuchar la yaboa de nuevo y me asomé por la puerta de cristal que da a la terraza y la vi cerca de la escalera de la piscina. Enseguida, fui a buscar el celular. Me complacía saber que era nuevo y por lo tanto podría sacar buenas fotos. Abrí con sigilo la puerta del laundry para no asustarla y con dificultad ya que la pastilla no me había funcionado, me senté en los escalones que dan a la terraza y tomé varias fotos. Supongo que en algún momento hice un ruido que la alarmó ya que salió volando hasta el techo del baño de afuera. Le tomé una foto cuando asomó la cabecita a buscarme. Esta tenía el cuello largo y la cabecita pequeña como las de la garza blanca, pero era de un color gris claro con finas franjas por el plumaje. En aquel momento me percaté de que en la marquesina había otro pájaro y después apareció otro más con la que había volado. Es entonces que me di cuenta que estaban las tres, la familia yabina de la que me había hablado la vecina, disfrutando de la piscina…o eso pensaban hacer hasta que las importuné con mi presencia.

            Me quedé sentada en la escalera para tomarles fotos y vídeos. A la sazón oí al colega que también había salido de su siesta y lo llamé para que viniera donde mí, pero le advertí que lo hiciera calladito para no alarmarlas. “Mira lo que hay encima de la casita,” le dije. “La mamá me tiene el ojo clavado. No me atrevo a moverme mucho ni ir al patio. No quiero que se vayan y tampoco sé cuan amigables sean”. La vecina me dijo en una ocasión que podía acercarme bastante pero la verdad que la que supuse que era la mamá no se veía nada contenta— ¿Cómo saber si está contento un pájaro? Supongo que uno los oye cantar o volar. Finalmente, ellas ganaron y yo que todavía estaba algo tiesa, regresé a la casa. De vez en cuando me asomaba a ver si seguían allí pero no me atreví a salir nuevamente. La verdad es que me asusté un poco.

            Después me puse a buscar información y más me asusté ya que decía que aunque las garzas son de cuerpos frágiles, con el pico pueden llegar a matar una persona. Pensar que una de ellas era una mamá era suficiente motivo para temerles. Las mamás, de todas las especies, pueden ser amenazadoras con cualquier persona o animal que presente un peligro para sus crías. Por otra parte también leí en una publicación esotérica que si llega una garza a tu patio, es porque has sido elegida para traer más calma y elegancia al mundo. Voy a agarrarme a esta forma de mirar el mundo, porque sí. Jaja.

            Hace unos día me levanté temprano y las oí. Me asomé de nuevo sin hacer mucho ruido y aunque aun no aclaraba todavía (eran las 5 a.m.) las vi de nuevo en el patio. Les tomé foto. Al otro día estaban otra vez cerca de la alberca y ahora las veo siempre que me levante antes de las 7 a.m. Ya cuento con ellas para alegrarme la mañana. 

    No estoy segura de las razones por las que las yaboas han decido janguear por mi piscina. Supongo que andan alimentándose de insectos y animales pequeños que visitan el área, pero lo que sé es que me gusta tenerlas de visita sino de compañía y no pienso sacarlas.

Esta foto la tomé el 5/17/23

Éstas dos son del 5/5/23
Esta es la yaboa más joven. 

    Puede encontrar más información sobre las yaboas siguiendo uno de los siguientes enlaces:

 

Monday, December 19, 2022

Lista de lecturas 2022


Comencé a publicar estas listas para llevar cuenta de los libros que había leído a lo largo del año y compartir la lista, que incluye un brevísimo resumen, con quienes buscaran libros que leer. No sé cuan útil ha sido este ejercicio para los demás pero a mi me ha servido un poco de memoria. Cuando quiero asegurarme de haber leído una novela o recordar la trama de la misma, regreso a mis listas.

Este año empecé con la lectura de tres novelas formidables.  A lo largo del año comencé varias novelas que todavía tengo a la mitad pero acostumbro incluir aquí solo las que termino. Cuando quiero leer algo y los de la biblioteca no me atraen, recurro al Kindle. Como esta lista incluye varios ebooks (11), los he identificado. Acabo de darme cuenta que trece de las novelas incluidas contienen algún elemento de lo fantástico o son de ciencia ficción. Interesante para mí ya que hubo un momento en mi vida que no leía nada de ese género y hasta lo menospreciaba. Creo que fue Margaret Atwood quien cambió mi percepción del género con la novela The Handmaid’s Tale.

  1. Station Eleven de Emily St. John Mandel. Novela en la que se basa la serie de HBO del mismo titulo. A raíz de una epidemia en la que muere una gran parte de la población, Kirsten y su tropa de músicos y actores luchan por sobrevivir mientras se protegen de otros grupos de sobrevivientes hostiles. Hermosa. Cautivante. 
  2. The Census Taker by China Mieville. Es una novela surrealista en la que un niño sobrevive las excentricidades de su madre y la violencia del padre. Muy buena aunque la tuve que leer dos veces para entender todo lo que pasaba. Leída en Kindle.
  3. Klara and the Sun de Kazuo Ishiguro. Klara es un androide creada como acompañante de niños enfermos. Dentro de su limitada visión del mundo Klara busca la forma de proteger a su niña. Es una novela bella. De las que en cuanto la terminas ya la quieres releer. Me la prestó JA y la convencí* para que me la regalara.
  4. The Song of Achilles de Madeline Millar. Una versión inclusiva y moderna de la historia de Aquiles. Me obligué a terminarla.
  5. Comeuppance Served Cold de Marion Deeds. Una bruja moderna completa su venganza. Ebook.
  6. The Book of the Unnamed Midwife de Meg Elison. La primera de una trilogía. Después de una epidemia una enfermera sobrevive vestida de hombre mientras rebusca en casas abandonadas y negocios por comida y medicinas que la ayuden a sobrevivir. Aprende que en un mundo tan hostil es más seguro pasar por hombre. En su camino, ayuda a otras mujeres y  cuando llega a lo que será su destino final, sirve de historiadora y partera. Kindle
  7. Fox Woman Dreaming de Pamela Joy Voight. Esta es una novela surrealista sobre una mujer que sueña con su pasado mientras está atrapada en una realidad virtual. Muy buena. Kindle.
  8.  Nightbitch de Rachel Yoder.  Leí sobre esta en una revista, no recuerdo cual y comentaba que la película saldría próximamente con Amy Adams como protagonista.  La protagonista de esta novela descubre que al tratar de reprimir su creatividad y dedicarse a las labores domesticas, se siente invisible. Inesperadamente, una noche sueña que se ha transformado en una perra que merodea el vecindario durante las noches. Pronto se da cuenta que no es un sueño…Me molestó el tonito panfletero/feminista de algunas partes pero se lee con facilidad. Kindle.
  9. The Book of Etta de Meg Elison. Segunda parte de The Book of the Unnamed Midwife. Aquí la protagonista, Etta es una lesbiana que se ha criado a la sombra del libro que escribiera la partera sobre como era la vida antes de la pandemia. Etta sueña con escaparse de la comunidad en la que se ha criado y vivir su identidad sexual sin miedo ni represiones. Kindle.
  10. The Book of Flora de Meg Elison. Tercera parte de la serie de Elison. Aquí la protagonista es Flora, quien nace con órganos masculinos pero se identifica como mujer. Flora se enamora de Etta quien la rechaza por ser hombre. Esta serie explora las identidades y serviría para un curso sobre el tema. Kindle
  11. The End of Men de Christina Baird Sweeney. Un virus acaba con la población masculina y dejan de nacer niños. Una joven periodista y su asistente descubren que el virus fue creado por una facción del gobierno como una forma de acabar con la violencia. El virus, sin embargo, tiene un efecto inesperado y mortal. Kindle.
  12. Sick Kids in Love de Hannah Moskowitz. Dos jóvenes con enfermedades crónicas se encuentran y se enamoran. Algo así como, The Fault in our Stars de John Green. Tierna. Kindle
  13. La Oculta de Hector Abad Faciolince. La historia de una finca en Medellín y el impacto de esa propiedad sobre los herederos.

14.  Modelos de Mujer de Almudena Grandes. La colección consta de siete cuentos todos con una mujer de protagonista. A pesar del título, no son modelos de mujer exactamente sino distintas historias de mujeres atrapadas en circunstancias particulares.

15.  Falcó de Arturo Pérez Reverte. Esta es una novela detectivesca al estilo noir en el que el detective Falcó se infiltra en una banda de rebeldes que buscan dar un golpe al gobierno español.

16.  Antes de que llegue la luz de Mayra Santos Febles. Una especie de autobiografía en el que la narradora recoge sus temores y los de sus hijos después del paso del Huracán María.

17.  El peligro de estar cuerda de Rosa Montero. Un recuento seudo-biográfico sobre la locura y como tiende a prevalecer entre los artistas o como dice  Montero, las mentes creativas. Aunque soy fan de Rosa y la leí con relativa facilidad, no es lo mejor de Rosa. La encontré repetitiva y pretenciosa.

18.  Binti de Nnedí Okorapor. Una novelita corta sobre una joven que debe usar sus conocimientos ancestrales para sobrevivir un ataque en el espacio. Kindle

19.  Bethany y la bestia de Jack Meggitt-Phillips. Esta la compré para regalársela a mi nieto de nueve años. La leí para asegurarme que aunque uno de los protagonistas era un monstruo que comía niños, no lo iba a traumar para el resto de la vida...aunque no recuerdo que en mi casa me escudaran de ningún tipo de libro…

20.  Kindred de Octavia Butler. Un clásico de la ciencia ficción. Una joven afro americana del siglo XX es transportada a una plantación sureña del siglo XIX y obligada con sus conocimientos modernos a sobrevivir el racismo y la violencia de la esclavitud. Kindle.

21.  Réquiem para un campesino español de Ramón J Sender. Vi el nombre de este autor en un Tweet y lo busqué. Le pregunté al colega y el me habló de esta novela. El final o el clímax, es un golpe al estómago. Bella. Evocativa de la nostalgia y la comunidad, pero fuerte acusación a la hipocresía religiosa.