Tuesday, August 23, 2016

Baile, botella y baraja




Hoy mientras regresaba a mi casa pasé por unas parcelas y vi a un hombre de tal vez unos cincuenta años, tal vez menos sentado en la acera con las piernas estiradas y el torso recostado sobre la verja de cemento de una casa.  Se veía desalineado, deshidratado.  Lo miré al pasar y me miró fijamente. Su piel estaba curtida por el sol y parecía en una actitud derrotista.  Recordé las palabras de Thoreau: “The mass of men live lives of quiet desperation.” Y pensé en la vida tan desgraciada de algunos…y como viven sin sueños ni ambiciones y si los tuvieron quedaron ahogados por las penurias, las privaciones…

En el camino también me topé con dos nuevos mendigos en los semáforos de la número 2. Mi hijo los llama “el peaje de las luces.” Estos nuevos menesterosos que se adueñan del área, ocupan espacios que hasta el momento, eran libres de tributos. Y pienso en aquella ley que pasaron o dejaron de pasar—nunca supe—sobre los que pedían o vendían cosas en las luces. ¿En qué quedaría eso?

Más tarde en el día me siento con el colega a ver las noticias y allá está el tumulto que formaron los que salieron a recibir a Mónica y demás atletas. Y no puedo menos que pensar en aquello de “baile, botella y baraja.” Sí. En tiempos del imperio español se entretenía al pueblo pobre y privado de derechos, con el baile, la botella y la baraja. Qué poco hemos avanzado. Todavía se distrae a las masas de sus problemas con las fiestas, las lotos prometedoras y los homenajes a cualquiera que nos ilusione con una pasajera grandeza-- y para nada menosprecio el logro de Mónica, pero eso de prácticamente paralizar al país me parece ridículo. Mientras tanto, a nadie le importa que los niños del Hospital San Jorge no puedan ver a Mónica. ¿Quién organizó este desmadre? ¿A quién se le ocurrió que llevar a los nenes allí era una buena idea? ¿Es que no vive en la isla? Al rato las noticias nos "deleitan" con la “fiesta de pueblo” en el Choliseo. ¿Con qué dinero se pagan estos excesos? Good grief!

Monday, August 22, 2016

Series 2016



Hace días que quiero escribir sobre las series que estoy viendo y que recomiendo. Iba a hablar solo de tres: The A Word (Sundance), Braindead (CBS) y The Night of (HBO), pero ahora tengo que añadir otra, Stranger Things (Netflix).

The A Word me recuerda un poco el mundo de Rectify. Ambientada en la ruralía inglesa, es una serie de gente común enfrentada a problemas más o menos comunes.  Lo que sobresale de su vida es que la pareja protagónica tiene un hijo autista. Joe, el niño alrededor del cual gira la trama tiene cinco años y es fan de la música pop. (Hay mucha música en esta serie). Joe suele salir a caminar por las mañanas con sus audífonos puestos, solo y en lo que al espectador le parece una situación extraña y peligrosa pero que los padres y los que conocen al niño toman de lo más normal.  A pesar de que los padres y la familia han notado que Joe es diferente, no es hasta que entra a la escuela que se dan cuenta o por lo menos tienen que enfrentar y asumir su diferencia. Y de esto se trata la serie: cómo asumir la situación sin dañar al niño, la pareja o la familia.

Braindead es una serie hecha para estos tiempos de Trump. Es una comedia/drama cuya trama se desarrolla en Washington, D.C. Y si el título les sirve de algo, pueden adivinar que los que pululan por  la capital americana están, casi todos, braindead. En este caso es debido a una invasión extra-terrestre de unas hormigas que entran por los oídos y se comen el cerebro de sus victimas. Laurel, la protagonista y sus dos amigos (Rochelle, una científica y Gustav, un nerd que cree en las teorías de conspiración y es el que descubre las hormigas) tienen que tratar de detener la plaga de hormigas y protegerse también. Lo gracioso es ver a los políticos afectados por la falta de cerebro embrollarse en debates sin sentido mientras los pocos razonables se quedan perplejos. Por ejemplo, un día tratan de pasar un proyecto de ley sencillo, cambiar el nombre de un quiosco de café. El líder republicano, el maravilloso actor Tony Shaloub (antes Monk) comenta que el nombre suena árabe y que el no ve como se le puede poner ese nombre al quiosco porque la gente va a creer que ellos están a favor de “the Sharia Law.”  El prefiere que se le ponga el nombre de Ronald Reagan. La líder demócrata propone se le ponga el nombre de Emma Goldman y así se deshace en farsa lo que prometía ser un proyecto de fácil aprobación.  Muy creíble, me parece.

The Night of  trata de un joven paquistaní que con tal de llegar a una fiesta toma sin permiso el taxi que su papá comparte con otros dos socios y termina con una chica peligrosa en su auto. Ya pueden imaginar que las cosas no le van a ir bien.  Y termina esa noche arrestado. Un abogado (John Turturro) dedicado a casos menores, ve al joven y sin saber cual es su crimen le ofrece sus servicios. Esa noche se transforma la vida del joven universitario, su familia y también la vida del defensor que hasta ese momento ha sido el hazmerreír de la corte...

Finalmente, Stranger Things. Me la habían recomendado, pero fue esta reseña la que me motivó a verla. Es la única serie que me ha obligado al binge-watching. Pensé que vería un capitulo y si me gustaba la iría viendo poco a poco como acostumbro, pero no se puede.  Cada capitulo te compele a ver el próximo.  No la he terminado pero creo que en la próxima senta’, ahí queda. Como bien decía el escritor cuyo enlace incluí arriba, es un tributo a la televisión y al cine de otra época. Los nenes en la película son una mezcla de los nenes de The Goonies, y los de Stand by me.  Tenemos hasta el chico glotón (comic relief) de los Goonies. La escena en la que los nenes visten a la nena, es alusiva a la escena en la que los nenes disfrazan a ET. Y la música introductoria, una obvia alusión, de la música de los X-Files. Lo que todavía no entiendo es ¿cómo es que contratan  a Mathew Modine y apenas lo dejan actuar ni hablar? Será que su momento aun no llega…Ya veremos. Four down, Four to go.

PD. Terminé Stranger Things.  Aunque pierde algo el ritmo en la segunda parte, y se vuelve hasta un poco predecible sigue siendo una serie interesante y muy habilmente ambientada en la época antes del celular....(AC?)

Monday, August 08, 2016

Recorrido por la isla 2016




El año pasado descubrimos parajes desconocidos en la isla con amigos; este año con mi sobrina y su familia. Comenzamos el recorrido en Camuy de donde salimos a las 9 a.m.  Llegamos cerca de las 10 a.m. a Aguadilla para desayunar en Panadería la Campana (carr #2).  La Campana es un lugar muy acogedor y bueno para sándwiches (hacen un media noche espectacular), y café pero el revoltillo que pedí no me encantó. De allí partimos para Cabo Rojo a ver el Faro.  Uno de los más hermosos, nos cuentan. Camino al Faro nos topamos con varios oficiales de Recursos Naturales.  Nos informaron que el estacionamiento estaba lleno y teníamos que estacionar al lado de la carretera, una que da al manglar y cerca de las minas de sal. (Ni sabía que había minas de sal en la isla). Dimos marcha atrás. Era demasiado lejos para caminar y el sol estaba candente. Tomamos fotos de las minas; son espectaculares. Las fotos no le hacen justicia. Luego, seguimos por la ruta panorámica (Gracias a google maps) hacia Guánica. Fuimos hasta el malecón a ver la piedra que conmemora la llegada de los americanos a la isla.  Supuestamente había una tarja explicativa, pero o se la robaron o alguien decidió protegerla de los curiosos como nosotros. De allí partimos para La Finca de Girasoles.  Para entonces ya eran cerca de las 1:30 y la Finca cerraba a las 3pm. Llegamos, pagamos 2$ por estacionarnos y comenzamos a caminar la Finca. Los girasoles no estaban todos florecidos pero había suficientes para retratar.  *Tengo entendido que los mejores meses son entre febrero y abril. Como llegamos un poco tarde, ya quedaban pocas de donde escoger.  Venden las flores a 2 por $5. También venden otras cosas. Ese día tenían: limones,  semillas y guingambó. Un lugar interesante, si vas de pasada pero no como meta final.

Cuando salimos de Guánica ya teníamos mucha hambre así que dimos la vuelta a la plaza, nada allí memorable y seguimos en busca de un restaurante del que habíamos leído en el periódico, El Qlantro. Eso quedaba en Yauco.  Después de dar vueltas buscándolo, le preguntamos a un vecino del área que pudo decirnos donde quedaba. No es fácil de localizar (ni siquiera google maps lo encontraba), si no conoces el área. Era un local pequeño y oscuro. Las mesas tenían manteles negros (yikes) con cristal encima. Nos invitaron a pasar y nos sentaron en una mesa que hubo que limpiar en el momento a pesar de que había solo dos personas más en el local. Nunca nos preguntaron si queríamos tomar algo, lo que nos vino bien ya que el menú era carísimo. Así que nos levantamos y ante el hambre, recurrimos a la siempre confiable pizza. Comimos en Gordy’s Pizza (Pizza grande de pepperoni) por menos de $14 y éramos 5. El colega fue a comprar la imprescindible Coke Zero en una panadería de la esquina y allí, ya satisfechos, nos dirigimos a la plaza.  Tomamos café en el quiosco de la plaza--acompañado de abejas--nos tomamos fotos y seguimos para Ponce donde pasaríamos la noche en el Hotel Meliá.

El Hotel Meliá  está en el corazón del pueblo de Ponce, el personal es amable, y la piscina muy agradable si no hay mucha gente-- como fue nuestro caso. Sin embargo, los cuartos son pequeños y la reservación no incluye desayuno por lo que lo considero un poco caro. Lo bueno es que en Ponce hay donde comer y beber. Aprovechamos para ir al restaurante de Wilda Rodríguez, Las Tías. Este es un lugar agradable cuyas paredes están decoradas con varios dibujos de Martorell (en el salón principal). Allí tomamos unas ricas sangrías. Sí; hay que tomar más de una:Tomamos fotos y luego nos fuimos a caminar por la plaza. Ya entrada la tarde, como a las 7 p.m. nos fuimos a refrescar a la piscina. Por la noche pinchos en la plaza y a observar a los cazadores de Pokemones.

Al otro día nos levantamos temprano y desayunamos en un fast food. Queríamos montarnos en el trolley pero a pesar de que había letreros anunciándolos, un guardia nos informó que los tours en trolley habían sido cancelados hasta nuevo aviso “Y como están las cosas…” Nos dijo, matando cualquier ilusión futura. Supongo que Ponce no es San Juan.  Carmen Yulín dice que la crisis del gobierno central no le ha afectado a su municipio y que ella tiene un superávit…jmm…

Arrancamos para Patillas.  De camino nos paramos en Guayama para usar los sanitarios y en busca de un buen café, los de los fast foods, no satisfacen el paladar. Ya eran cerca de las 11. Vimos un restaurante en un shopping que se llamaba Jimmy’s Bistro Bar Café y entramos.  “No hemos abierto” nos dijo la chica de la barra. “Abrimos a las 11”. Miramos el reloj, pero ella insistió que el negocio estaba cerrado (no todo el mundo tiene espirítu empresarial) así que salimos; terminamos en el shopping tomando café en un quiosco con una chica muy amable y todo por menos de $5. Llegamos a la plaza de Patillas; había un grupo jugando dominós; todos muy envueltos en lo suyo. Pasamos a visitar la iglesia recién reconstruida, católica por supuesto. El sacristán estaba muy orgulloso del trabajo que se había logrado en la iglesia y en verdad que estaba muy bien logrado. Tenía unos mosaicos que pretendían imitar a los antiguos y un trabajo en madera muy atractivo.

De Patillas nos dirigimos a Arroyo. Nuestros acompañantes querían ir al Malecón que había sido inaugurado en el 2015. Aunque atractivo, no había movimiento alguno; tal vez por el sol. Y este pueblo necesita movimiento. El casco del pueblo estaba muerto. No había gente caminando sus calles y varios edificios en frente a la plaza estaban abandonados.  

De allí pensábamos volver para Guayama cuando el colega se dio cuenta de que no tenía sus preciadas gafas.  Reviramos, después de analizar donde podían haberse quedado y estudiado las fotos que nos habíamos tomado para dar con ellas.  ¡Voila! Aparecieron en el malecón. Suerte que por allí caminaba tan poca gente... Partimos entonces para Guayama. 

Anhelaba hacía años visitar este pueblo, el del caballo Dulces Sueños y el de los brujos, pero ni caballo ni brujos.  Eso queda en el pasado. Lo primero que hicimos fue hacer fila en La Casa de los Pastelillos, una casa rustica con vista al mar. Allí hicimos una fila de aproximadamente media hora y esperamos casi una hora adicional para que nos entregaran la orden.  O sea, no es buena idea si se tiene hambre y nosotros la teníamos. Por otra parte, los pastelillos y las alcapurrias eran deliciosos. Nos dirigimos al pueblo. Allí visitamos el Museo Casa Cautiño, residencia hermosa del siglo XIX  que han tratado de preservar con los muebles hechos específicamente para los dueños originales. Y luego nos sentamos en la plaza a comer helados. Ya para entonces era hora de regresar.  Lo hicimos por la carretera 10 que es un desastre con tantos boquetes. Un peligro realmente. Nos asustamos un poco con la idea de quedarnos sin gasolina por allí, (hicimos el recorrido sin tener que detenernos en ninguna gasolinera ¡YEAH!!) pero el GPS nos tranquilizó informándonos que había una gasolinera cerca, en Utuado. Así, cansados pero complacidos llegamos de regreso a Camuy cerca de las 7pm.