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Saturday, October 12, 2019

Ways of seeing


Después de casi un año sin conducir, he empezado a guiar distancias cortas. Las primeras veces, lo hice acompañada del siempre fiel y dispuesto colega y ayer fui sola a darme unas terapias. Fue grato estar detrás del guía y sentirme independiente. El colega estaba nervioso. Cuando no llegué enseguida, me llamó. Quería asegurarse que no me había pasado nada. Y eso que le advertí que si algo me pasaba, lo llamaba para que consiguiera una grúa.

Le comenté a una amiga de mi hazaña y me recordó la importancia de las pequeñas cosas y así es. En este tiempo en el que mi salud ha estado comprometida, he echado de menos cosas que antes tomaba por sentado. Cosas triviales y cosas esenciales. Conducir es una, ambular por la casa, por las calles sin reparos es otra. En fin, el mero hecho de poder desplazarme por la vida sin que a cada paso parezca que me pueda caer, o tropezar. Me decía otra amiga que es que momentos como el que he vivido nos obliga aceptar cuán frágiles somos frente a la vida, como el azar nos obliga a recomponer la vida, a cuestionarnos lo que tiene valor y a ajustarnos si hemos de sobrevivir.

En los meses en que viví físicamente comprometida o chueca como me gusta decir, lo peor era que sentía que había dejado de ser. A cada rato el verso lorquiano “yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa” resonaba en mi mente. Por meses no podía valerme por mi cuenta, ni siquiera podía bañarme ni vestirme sin ayuda. Hoy he recuperado algo de lo que había perdido y espero no recaer...En el ínterin, he aprendido a valorar lo aparentemente trivial, cotidiano, “normal.” Ver viejos caminar con agilidad me emociona, verlos bailar y correr me conmueve; y sí, hasta me llena de envidia ver que aquellos de edad mas avanzada que la mía aun se valen solos porque, vamos, que no soy canonizable. Creo ser mejor persona pero con un apego especial por ciertas cosas…las esenciales. Creo que he perdido interés en lo material. (Y no es que quiera vivir bajo un puente). El otro día pensaba en qué necesitaba de lo que había en la casa para ser feliz y no se me ocurrió otra cosa que no fuera el colega. Ni siquiera las fotos o los libros que en otra vida parecieran indispensables me amarran. Hace unos días mientras limpiaba me animé a desprenderme de una ropa de mi hijo de cuando era un chico que pensé estarían siempre conmigo. Me sorprendió lo relativamente fácil que fue llevarlas al pulguero.

En esta etapa me interesa viajar (no sé si mi condición aun me lo permita), relacionarme con la gente, con la familia, con los amigos y gozar a los nietos, verlos crecer e involucrarme en su vida; aprender cosas nuevas, pero por lo demás, sé que feliz agarro la cartera, por eso de poderme desplazar con algo de dinero e identificación y sigo a otra casa, a otro lugar, a otra vida... sin mirar atrás.


2 comments:

Aleator said...

“yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa” Creo que es cierto, ahora eres la casa de tu yo y toca remendar, retocar, reconstruir para mantenerse en pie. Como suelen decir, en los hogares son las pequeñas cosas las que dan más trabajo...y satisfacción. Bravo!!! Adelante. Me da mucha alegría leerte.

elf said...

Gracias, amigo. Ya quiero que nos reunamos.