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Friday, June 17, 2016

A.C.O.D





A.C.O.D (las siglas quieren decir “adult children of divorce”) es un drama lite sobre el hijo de una pareja divorciada. Cuando conocemos a Carter, el protagonista, este se siente seguro de sí mismo y feliz con su trabajo (es dueño de un restaurante) y con su novia. La trama se complica cuando su hermano menor quien vive en el garaje de Carter, le anuncia que se va a casar con una chica que apenas conoce. El problema no es la boda, aunque Carter lo recibe con alguna aprensión, sino con la idea de juntar a los padres divorciados que por veinte años han llevado una relación contenciosa. Carter, entonces decide acudir a la terapista que lo ayudó cuando sus padres recién se separaban. Al llegar donde ella, esta le confiesa que no es terapista sino investigadora (researcher) y que él era parte de un estudio que ella llevaba a cabo en ese momento sobre como el divorcio afecta a los hijos. A.C.O.D, no es una gran película pero me puso a pensar en cómo es que el divorcio afecta a los hijos.

Me parece que la generación de mi hijo, por lo menos aquí en la isla, fue la que recibió el impacto mas grande del divorcio.  Yo, la verdad no recuerdo, y no dudo que las hubiera, familias divorciadas en mi barrio o por lo menos entre los amigos y familiares inmediatos. Si mal no recuerdo, el primer divorcio del que tuve conciencia fue el de un tío, hermano de mi mamá.  Y eso era una anomalía. Mi tío realmente lo que hizo fue abandonar la familia.  La ex después logró divorciarse y les cambió hasta el apellido a sus hijos para no tener relación alguna con el padre. Sin embargo, en mi círculo inmediato los matrimonios felices o infelices eran para siempre. Creo que fui la primera divorciada en mi familia cercana.  Mi hermana se divorció mucho más tarde cuando sus hijas ya eran adultas.  Cuando yo me divorcié no había otras con quien hablar ni adonde recurrir para recibir apoyo.  Mi mejor amiga también terminó divorciada, pero para entonces ya habían pasado más de diez años y yo estaba a punto de casarme nuevamente.

Los primeros compañeritos de mi hijo tenían papá y mamá, pero poco a poco el tiempo se fue encargando de una buena parte de ellos. Curiosamente, los mejores amigos de mi hijo no son hijos del divorcio.  ¿Por qué será eso? ¿Sería que él no se identificó con otros hijos del divorcio? ¿O será simple casualidad?

¿Cómo afectó el divorcio a mi hijo? No sé. Pero como Carter en la película, aparenta ser estable y haber asumido la situación de forma saludable. Tal vez porque el mío no fue un divorcio contencioso y pudimos portarnos de forma civilizada; es lo que hacen las personas decentes; tratan de no dañar a terceros.

Según las más recientes estadísticas del gobierno de Puerto Rico (años 2011-2013), el 76% de los matrimonios termina en divorcio; o sea, de cada 100 parejas que contraen matrimonio, 76 terminan frente a un juez.  (Siga el enlace) Lo que me recuerda que el Papa Francisco ha levantado un avispero por decir que esta es la “cultura de lo provisorio” y que es por esta razón que “una gran cantidad de nuestros matrimonios sacramentales son nulos, porque ellos [los novios] dicen ‘sí, para toda la vida’, pero no saben lo que dicen”. No sé, pero me parece que los novios sí saben lo que quiere decir “toda la vida” y por eso se asustan cuando se topan con la realidad...En fin que no es fácil estar casado y se necesita mucho tesón y amor para que se sobreviva a los desengaños y frustraciones del día a día, pero temo repetirme ya que escribí sobre el desamor en mayo del año pasado. ¿Será que le dedicaré una columna anual al tema? Tela hay por donde cortar...


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