Wednesday, March 02, 2016

Abstraer

Abstraer

Quizás al compendiar gran parte de la expresión creativa contemporánea bajo el epíteto de “arte abstracto”, hemos restado importancia a la capacidad de abstraer como destreza vital para desempeñarnos mejor en la vida cotidiana. Abstraer se refiere a una habilidad particular: reconocer la esencia de las cosas en términos de forma o contenido para enfocar en los aspectos característicos de un sujeto o situación sin que distraigan los detalles irrelevantes. Abstraer, entre otras cosas, nos permite ser más objetivos.
Particularmente ahora, cuando la información nos inunda y lo trivial pretende ahogarnos, la abstracción nos permite mantener los pies en la tierra. Quien abstrae separa las capas múltiples de información que son propias de toda condición y así logra enfocarse en lo prioritario, lo que vertebra cualquier condición más allá de lo que parece complicarla. Ello aplica para apreciar una obra de arte, entender los espacios que habitamos, interpretar un film o deconstruir una pieza de literatura. La era digital, la red y lo virtual también requieren gran entendimiento a nivel abstracto.
Abstraer facilita aquilatar los múltiples factores que inciden en cualquier problema. Permite dilucidar situaciones éticas que, en primera instancia, podrían parecer insalvables. Abstraer, por lo general, ayuda a identificar - con mayor certeza - respuestas que trascienden la subjetividad que frecuentemente nubla la toma de decisiones.
Acciones ajenas a esta destreza del pensamiento nos condenan a sufrir siempre las consecuencias de juicios valorativos a corto plazo, carentes de articulación alguna a largo plazo. Para ayer, para ahora, así lo quiero yo y que lo atienda el que viene detrás no nos han llevado muy lejos. Y sí, lo criticamos aunque sabemos que nunca dejará de ser práctica habitual de muchos. Ante ello, consterna la siguiente interrogante: ¿cómo internalizamos la capacidad de abstraer? ¿Cómo se educa y se aprende a hacerlo?
Podría pensarse que se logra en cursos de Ciencias o Matemáticas por estos tratar muchas veces asuntos que el ciudadano común estima intangibles. Y puede que sea así, pero no en los años de formación temprana. De otra parte, no faltará quien estime propio que sea en las clases de Arte (por lo de “arte abstracto”…). Y quizás se podría, pero poco han pintado estos cursos en el Departamento de Educación a través del tiempo. La disciplina de la Historia, por otro lado, se enseña comúnmente como data (“lo que pasó”) o con propósito moralizante (“para evitar repetir errores”).
Así las cosas, ha recaído en las clases de español e inglés la responsabilidad de entrenarnos inicialmente para entender qué se entiende por “abstraer”. No ocurre al explicar principios de gramática o al corregir errores ortográficos, sino más bien cuando se exhorta al estudiante a la interpretación de textos literarios. Al educar en torno a cómo diferenciar trama y tema, al invitar a otear el mundo a través del símil y la metáfora y al explicar cómo está estructurado un cuento o una novela – las clases de inglés y español nos arman de herramientas vitales, entre éstas: ver más allá de lo obvio, conceptualizar, interpretar y diferenciar entre el valor de sintetizar y los peligros de simplificar.
Eso que muchas veces se reduce en la escuela a “comprobación de lectura” constituye, a fin de cuentas, el vehículo idóneo para negociar con el mundo que nos rodea en términos abstractos. La literatura sirve para retar la literalidad.
Honremos, pues, los cursos de español e inglés que, aunque relegados muchas veces como mero “requisito”, nos permiten trascender nuestra propia inmediatez. Ese mérito es grande, particularmente porque la abstracción ameritaría mayor atención en la formación de nuevas generaciones y hasta ahora, desafortunadamente, ése no ha sido el caso.

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