Saturday, January 30, 2016

HIPPA y la estética

En 1996, bajo el mando del Presidente Clinton se estableció en EEUU y por consiguiente en la isla lo que conocemos por Ley HIPPA. Además de salvaguardar los derechos de los pacientes, y el acceso que se tiene al expediente, la Ley HIPPA pretende proteger la privacidad del paciente. Para cumplir con la Ley las oficinas médicas comenzaron a remodelar sus facilidades.  Entre las remodelaciones de rigor surgieron las ventanillas de acrílico o cristal (no sé que material utilizan) que separan a las secretarias de los clientes. Con la llegada de esta nueva decoración, los pacientes se ven obligados a contorsionarse para hablar con la secretaria (o enfermera en algunos casos) o hablar en un tono de voz alto para comunicarse. Y es donde surge mi duda ¿realmente se está protegiendo la privacidad del paciente?

Empecemos con algunos ejemplos. Cuando por primera vez visité al quiropráctico, me llamaron a una oficina privada y me entrevistó la terapista. Ella sentada en una silla en una oficina privada y yo sentada de frente a ella. Fue una experiencia agradable y privada.  Hoy, al que llega nuevo lo entrevistan a través de la ventanilla.  O sea, que se acabó la privacidad.  Se entera uno de cómo va a pagar, qué plan de salud tiene y cuáles son los padecimientos que lo llevan al quiropráctico.  Pero es en la oficina de la ginecóloga dónde más insidiosa es esta nueva estética.  Una visita reciente por cierto fue lo que inspiró esta columna—aunque ya llevaba tiempo pensando en este tema de la privacidad que nos “asegura” la Ley HIPPA.

Resulta que en la oficina de la ginecóloga, llegas y si tienes suerte y las secretarias no están muy ocupadas, calladamente dices tu nombre.  Una de ellas entonces, te pregunta con quien te atiendes (hay dos doctoras) y a que vienes y ya ahí se acabó la privacidad.  Si tienes alguna duda, queja o discrepancia la tienes que dilucidar a gritos (exagero, lo sé) con la que está detrás del cristal. Yo fui testigo, completamente involuntaria, de un caso como el que menciono.  La joven tenía dudas sobre su expediente y yo me enteré de que se había hecho un PAP y que le preocupaban los resultados. Como parecía no entender bien la secretaria, detrás del cristal le explicaba en voz alta el procedimiento. Yo no quería escuchar esta conversación, pero no podía no oírla. (Aquí esa gran distinción entre oír y escuchar viene a colación). Yo no quería escuchar pero no podía evitar oír ya que oír es un impulso físico.  Yo realmente quería leer mi libro, pero las disposiciones estéticas de la Ley HIPPA me obligaban a oír a la joven paciente y enterarme, sin su consentimiento, de cómo iba a pagar, el plan de salud que tenía y hasta las razones por las que había visitado la oficina. Quería taparme los oídos, pero temía parecer ridícula.(Suspiro).  

Según un documento que encontré, la Ley especifica que “En general, la información de salud no se puede compartir sin el permiso escrito del paciente.” Y sí, te piden que firmes unas hojas que supuestamente garantizan tu privacidad, o por lo menos la del expediente, sin embargo, si yo quisiera enterarme de los males de otro paciente, con parar la oreja me bastaba. Parecería que lo que se busca proteger es el papel (el expediente) en el que se anotan tus datos, tus padecimientos y diagnósticos, pero tu privacidad, no les preocupa realmente. 

Si miramos el detalle, dicha Ley también requiere lo siguiente:
  • Que se obtengan el consentimiento del paciente antes de compartir su información para tratamiento, pago y actividades del cuidado médico.
  • Instar a obtener la autorización del paciente para las revelaciones no rutinarias y la mayoría de los propósitos no relacionados al cuidado médico.
  • Permitir a los pacientes solicitar restricciones en los usos y revelaciones de su información. 
  • Asegurar que se adopten procedimientos de privacidad por escrito que incluyan: quién tiene el acceso a la información protegida, cómo se utiliza dentro de la entidad cubierta, cuándo la información se revelará. 
  • Afirmar que los empleados de la entidad cubierta protejan la privacidad de la información de salud. 
  • Requerir que se enseñen a los empleados los procedimientos de privacidad del proveedor· y que se designen un oficial de privacidad que es responsable de asegurarse que los procedimientos de seguridad de la entidad se cumplen.
El espíritu de la Ley es bueno: salvaguardar la privacidad de los pacientes.  Cuando voy a un médico, a cualquiera, prefiero pasar desapercibida, ser completamente anónima. Que el que se sienta en la sala de espera no tenga que saber porque estoy allí y no oiga siquiera mi nombre. Claro que no tengo problemas con decir mi nombre y que sepan que tengo cita, pero cualquier pregunta adicional, sobre mi, el propósito de mi visita, mi plan o como voy a pagar, me gustaría me la hicieran en privado. Que me permitan entrar a una oficina y que me entrevisten en privado.  No tienen que ser mis amigos, ni siquiera sonreír--aunque siempre es placentero recibir una sonrisa.  Pero esta nueva estética es desacertada por la poca privacidad que le otorga al paciente y porque viola la misma Ley con la que pretende cumplir.

2 comments:

Ivonne Acosta Lespier said...

Hace tiempo vengo pensando en esto mismo pero algo sucedió con mi hermana y conmigo recientemente que añade un elemento peligroso a este asunto de la falta de privacidad. Es largo de contar pero fue un intento de extorsión que me hicieron por teléfono utilizando a mi hermana como supuesta víctima de un accidente terrible de automóvil. Llegamos ambas a la conclusión que la información la habían obtenido los maleantes unos días antes en la salita de espera de la oficina repleta de pacientes del cardiólogo en la que ella había tenido que llenar los papeles casi a la vista de los que tenía a cada lado. Me había puesto como persona para notificar en emergencias con mis dos teléfonos. Es muy fácil para el que quiera tomar fotos con los celulares sin que se note y luego escuchan el nombre y confirman quién es la persona.

elf said...

Validas mi queja, Ivonne. No hay privacidad si tienes que proveer toda tu información a gritos o llenar documentos a la vista de todos. Qué pena el mal rato. Un abrazo,