Monday, May 11, 2015

Vuelta, vuelta amigo

Hace unos cuantos años comentaba sobre la regularidad con la que me encontraba visitando funerarias.  En aquella ocasión eran tíos, o conocidos de la edad de mis padres.  Rara vez era algún contemporáneo o persona joven.  Hoy parece que me llegó el turno.  Un amigo muy querido acaba de dejarnos.  Hace algunos años cuando la hermana de una amiga murió, mi amiga estaba rebelde con el mundo.  “¿Cómo es posible que se muera ella que era tan buena y no le hacía daño a nadie?” Reclamaba entre sollozos. Pues nuestro muerto es de ese tipo. Rick era una persona jovial, ingeniosa, generosa e inolvidable. Lo conocí por mi marido. Fueron vecinos en la residencia de la Universidad. Venía de una familia numerosa y católica.  Era un poco místico; parecía un yoghi puro y asceta. Era notorio entre los amigos por ser el que se mantenía en contacto y servia de enlace entre unos y otros. Se pasaba todo el año recogiendo, guardando y comprando las cosas más inauditas para enviarles a sus amigos en Navidad, su época favorita. Cada año cuando se acercaba el 25 de diciembre recibíamos una caja llena de regalos diversos que podían incluir, cupones de descuento, recortes de periódicos, figuritas para el árbol, algún CD  extravagante  y una postal en la que nos hacía algún cuento insólito sobre como había pasado el año. Raras veces nos contaba nada de su vida o su trabajo.

Yo lo conocí en 1996 en un viaje que dimos el colega y yo a Atlantic City y que aprovechamos para visitar a Rick en Philadelphia. Aquella vez nos dio un tour por la ciudad y nos mostró the First National Bank y the Liberty Bell con mucho orgullo y una buena dosis de sorna.

La próxima vez que lo vi fue en el 2005.  Estábamos en una conferencia y aprovechamos para encontrarnos en el hotel con el, para cenar.  Fue agradable el compartir  pero poco el tiempo. Sin embargo, desde entonces, por alguna razón, le entró la idea de celebrarme el cumpleaños y como no sabia la fecha decidió que sería en mayo, el 15 de mayo para ser exacta. Así que cada año para esa fecha recibía una caja que incluía varios regalos y una postal—siempre en tono de broma.

El año pasado (2014) cuando el colega cumplía 60 años decidí celebrarlos en grande.  A los primeros que les escribí fue a los de la banda allá, especialmente aquellos con los que no me comunicaba por email. Rick fue el primero que me contestó. Le había llegado mi carta. Lo había convencido de que este era un buen momento para la aplazada visita a la isla—llevaba años diciendo que vendría sin aventurarse. Me alegré tanto de saber que vendría; quería correr a contárselo al cumpleañero pero me tenía que contener: era una sorpresa.

Rick llegó a Puerto Rico.  Sorprendió a EPM no solo su visita sino que trajo consigo a otro buddy de los tiempos universitarios. Ese día caminamos por SJ, comimos en Manolo’s y hablamos, reímos y bromeamos. Rick tenía una facilidad increíble para encontrarle el lado cómico a cualquier situación. El día de la fiesta, llegaron a tiempo y sin perderse (lo que lo llenaba de mucho orgullo), conocieron a la familia, a los amigos y hasta bailaron.  Me atrevo a decir que era la primera vez que bailaba Rick y estaba feliz. Al otro día fuimos a pasar el día con el en su hotel en SJ. Yo estaba cansada y quería irme, pero él nos entretuvo contándonos de su trabajo, su apego a la bicicleta y de su enfermedad (tenía cáncer de la piel, pero lo habían dado de alta). Cuando ya nos íbamos, sacó una libreta de Ricky Martin que EPM le había enviado alguna vez en los 90 de regalo—ese era el tipo de cosa que se intercambiaban—y nos pidió que se la firmáramos. No recuerdo qué escribimos, pero él se mostró satisfecho y me parece todavía verlo sonreír mientras leía nuestros mensajes.

A la semana siguiente nos llegó una caja de él. Adentro había dos adoquines: uno para mí y el otro para EPM. Como era su costumbre, nos escribió una carta contándonos todo lo que tuvo que luchar para hacerse con un adoquín sin que lo arrestaran. También quería saber cuál era mi segundo apellido ya que firmaba elf. Le dije que si lo adivinaba le haría llegar de regalo un certificado de compras para su Pueblo Supermarket más cercano--le gustaba enviar certificados de cosas que no había forma de redimir. Para mi sorpresa, lo averiguó como lo haría cualquier hijo de vecino, me buscó en Google.

En Navidad 2014, recibimos la acostumbrada caja. Esta vez incluía regalos para los nietos a quienes había conocido y con quienes entabló un rapport  instantáneo…Así era...

Pocos de nuestros amigos y familiares tuvieron el privilegio de conocerlo como nosotros y qué pena, porque era un ser tan especial y ¡qué hueco tan grande va dejar en nuestras vidas! Yo que no lo conocí tanto como mi marido, lo extraño. Sin embargo, sé que como dice el colega, era un amigo como ninguno. QDP.


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