Friday, December 21, 2012

Libros 2012



En vez de molestarme en opinar sobre si La Comay debe ser boicoteada o no, o si Boedine se lució o no, o de lo que debería hablar, del despilfarro de fondos públicos de la saliente administración PNP (good grief!), voy a hablar de libros. Después de todo, la ficción me da esperanzas, la vida real, pocas veces.

A pesar de que me propuse leer más este año de lo que había leído en el 2011, no se me dio.  Mi única excusa, o la única que voy a proponer es que descubrí los juegos en la ipad de mi marido—ni siquiera es mía. Al echarme a la cama, en vez de agarrar un libro, abría el Aventuletras, el Draw Something, o el Scrabble. Aunque ya se me ha pasado la fiebre, los primeros meses fueron de verdadera intensidad.  Casi entiendo a los que se la pasan frente a las consolas jugando, que conste que dije casi…

Aquí mi humilde lista del año 2012. Algunas ya las he comentado en este mismo blog o en el de Leo, luego pienso, en cuyo caso incluyo un enlace por si les interesa ver mis comentarios sobre ellas.

Novelas:
Esta es una novela que compré cuando salió en el 2001 y la tenía abandonada, cogiendo polvo.  Trata de una joven profesional que tiene—como todas las novelas de Tan, por lo menos las que he leído—una relación complicada con una madre dominante. La protagonista, a los cuarenta y tantos, descubre que su mamá está senil y debe hacerse cargo de ella. En el ínterin va conociendo los fantasmas que persiguen a la vieja desde la China y que la han convertido en la persona excéntrica y abrumadora que la crió. 
  • Soucouyant de David Chariandy
  • If I should die before I wake de Han Nolan 
  • The Hunger Games by Suzanne Collins: La asigné en clase y a los estudiantes les fascinó, tanto que ya unos cuantos han leído las dos que le siguen.
  • Memorias de mis putas tristes de Gabriel García Márquez
  • This is how you lose her de Junot Díaz: Junot Díaz, el laureado escritor de descendencia dominicana ha escrito una novela, que tiene la ventaja de poderse leer también como una serie de cuentos, lo que facilita su lectura. El personaje tiene el mismo nombre (Yunior) del personaje de The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, pero este es más de calle y en vez de una hermana tiene un hermano mayor. El Yunior de esta novela tiene una lucha interna entre ser un don Juan o un hombre comprometido con el amor. La narración de los cuentos está deliciosamente salpicada de spanglish y el slang de la calle.
  • Local Girls de Alice Hoffman: Colección de cuentos así como la de Díaz que menciono arriba, que sigue a Gretel y su amiga Lisa mientras van de la adolescencia a la adultez en un pueblito de Long Island. Como todas las novelas de Hoffman, tiene un toque de realismo mágico.
  • Alta infidelidad de Rosa Beltrán: ¿Cómo te las arreglas para salir de una relación que te agobia? Pues, te involucras con otra persona hasta que sientes que esta también te oprime.  Esa parece ser la estrategia del protagonista de esta novela, Julián.  Julián es un idiota.  Se enamora de Marcela y no la escucha cuando ella pretende hablarle y luego cuando Marcela empieza a callarse y ser sólo una máquina sexual, la rechaza.  Marcela, BTW, es la más interesante de los personajes. Es una ultra feminista gone bad.  Investiga la vida de mujeres ilustres para escribir su magnum opus, pero cuando ve que está perdiendo a Julián cambia para complacerlo (Little does she know!).  Mientras tanto, nos va ilustrando sobre la vidas de las mujeres que investiga (Sonia Tolstoi, Simone Beavoir, etc), tal vez lo más fascinante de esta narración.
  • Memorias de Rosario Ferré: Estas memorias son cortas, apenas unas 163 páginas. La primera parte, “El verbo se hizo carne,” es la más extensa. En ella hace una genealogía de los ancestros y de las casas en las que pasó su niñez. Luego le dedica unas cuarenta páginas a su carrera como escritora y su vida académica, y san se acabó. Pareciera que tuviera prisa y no mucho interés en revelar intimidades.  Ni siquiera tiene uno muy claro cómo fue su relación con su famoso padre, o cómo le afectó su participación en la vida política del país. Tal vez, las revelaciones más importantes queden para el historiador que finalmente escriba su biografía.

Novelas ilustradas o graphic novels, ambas comentadas anteriormente:
  • MAUS by Art Spiegelman
  • Persepolis by Marjane Satrapi

Intentos:
Estas tuve la mejor intención de leerlas, pero muy pronto en mi vida de lectora descubrí que hay tantos libros por leer que no vale la pena luchar con uno que simplemente no agarra a uno, a menos que sean asignadas y ya no estoy en esas. 
  • La piel del cielo de Elena Poniatowska: La intenté ya que era propuesta lectura del Círculo, pero cuando llegué a la mitad, me di por vencida.
  • No digas que fue un sueño de Terenci Moix: la abandoné después de dos intentos.
  • Vivir para contarla de GGM: Está todavía en la mesa de noche, ya que por su extensión, hay que leerla en pequeñas dosis.

Sunday, December 02, 2012

El (des)encanto de regalar



Hace algunos años mi papá nos reunió, a mis hermanas y a mí—no recuerdo si para los padres o santa clo—para informarnos que no quería que siguiéramos comprándole regalos. Puesto que ese es un pedido poco usual, reaccionamos así entre asombradas y molestas. Una de mis hermanas dijo, que si no le gustaba lo que le regalábamos que lo podía dar pa’lante.  Papi se quedó medio compungido. No creo que le resultara fácil explicar que ya los regalos, no le hacían falta o tal vez ya no le hacían gracia. Nosotras acabamos subvirtiendo su pedido. En vez de ropa o perfumes, optamos por cosas que no pudiera rechazar como libros—fue hasta recientemente un lector voraz—o comida, o bebidas embriagantes.  

A medida que se acercan las fiestas de navidad, y me he visto haciendo listas o recogiendo listas, veo algo de lucidez en el pedido de mi progenitor.  El no quería que lo siguieran llenando de camisas y pantalones que nunca se iba a estrenar. Las cajas de regalos hace años que se acumulan en su cuarto y parece que hasta se multiplicaran.  Y realmente ¿cuántas cajas de after shave o colonia puede usar una persona que a penas sale a recortarse, o a ver a este o aquel médico? (Bendito, si hay días en que ni siquiera tiene fuerzas para levantarse de la cama por el Parkinson que le aqueja, le causa frustración, lo hace sentir impotente y lo deprime.)



Cuando uno es joven tiene expectativas.  Las fiestas navideñas, los cumpleaños son fechas que esperamos con ansias locas.  Soñamos de niños con regalos, de jóvenes con las fiestas y cómo vestirnos para cada ocasión.  A mí, que como dice mi marido, me encanta hacer listas, tenía entonces una lista mental (aunque no dudo que alguna vez las anotara por ahí) de las cosas que anhelaba tener; me imaginaba feliz si lograba obtenerlas.  Ya son pocas las cosas que realmente quiero o necesito, cosas materiales digo. Mis sueños de juventud en su mayoría, se me han cumplido; tal vez no exactamente cómo me los imaginé pero más o menos. Por lo tanto, me reconozco en el viejo gruñón que nos exige que dejemos ya de gastar dinero en tonterías. 

Son pocas las veces después de todo que logramos comprarle a otro lo que realmente quiere.  En el caso de mi hijo, he optado por preguntarle directamente. Aunque mi compañero de vida no lo aprueba—el todavía le parece dulce aquello de los regalos sorpresa--me facilita la tarea preguntar y ya.  Ese es el regalo que me es más difícil, después de todo. Tal vez porque me es imperativo, hasta donde se pueda claro, complacerlo. Pero no puede uno, ni quiere, preguntarle a todo el que está en la lista ¿con qué sueñas? 

Supongo que no la pegamos la mayoría de las veces porque realmente no conocemos muy bien a la persona que queremos agasajar.  Mis sobrinas, por ejemplo. ¿Quiénes son esas chicas bellas, con sus sonrisas perfectas y ojos brillantes? La verdad, que no tengo sino una muy leve idea. Nuestras vidas se conectan sólo en reuniones familiares.  Ellas cargan sus alegrías y penas y yo, pues desafortunadamente, ajena... En fin, que las más de las veces compramos lo que a nosotros nos gusta y luego vemos con tristeza que  nuestro regalo, que estábamos seguros de que esta vez sí daríamos en el clavo, cae como un chubasco de agua fría al que lo recibe.  Ciertamente esto de convertir la navidad en una fiesta consumerista es agotador.  Y ni hablar de quienes no tienen los medios, pero igual sienten la presión de cumplir.

 Lewis Carroll en Alice in Wonderland propone “the unbirthday gift”. O sea, recibir regalos todos los días excepto el día del cumpleaños… A mí se me ocurre que lo mejor sería abolir los días obligados y regalar cuando nos plazca, cuando vemos algo que creemos que a juanita o sutanita le puede agradar y ya. Después de todo, hay algo muy gratificante en eso de regalar, de ver algo y pensar que esto le puede dar placer a otra persona; eso puede que sea el secreto de las festividades que a menudo se nos escapa.