Thursday, January 13, 2011

Los encapuchados

¿Por qué no intervino la policía con los encapuchados que destruían propiedad pública y privada en la actividad del martes 11 de enero en la UPR, pero si se aprestó a arrestar diez jóvenes que repartían material informativo el 12 de enero? ¿Cuál es la ofensa mayor? En la marcha del 20 de diciembre la policía manoteaba y agredía a estudiantes por lo más mínimo y el martes, nada. Aún cuando uno no quisiera andar creyendo teorías de conspiración, las dudas quedan.  Por otra parte, ¿quiénes son estos encapuchados?

Bien podrían ser como afirma el PIP, agentes infiltrados. No sería la primera vez en la historia de la Universidad. Prohibido olvidar lo que ocurrió en El Cerro Maravilla (25 de julio de 1978) Pero, ¿y si no lo fueran? ¿Si fueran en efecto estudiantes de la UPR?

Entiendo que algunos estudiantes quieran cubrir sus rostros para no ser fichados por la administración.  Es obvio que los siguen donde quiera no sólo con macanas sino con cámaras de video. La persecución a la que se enfrentan los líderes Waldemiro Vélez y Giovanni Roberto son ejemplos claros de lo que le puede suceder a un estudiante que da la cara y expresa su opinión sin miedo. Sin embargo, se distorsiona la lucha y pierde legitimidad ante los que la apoyan, si se continúa respaldando a los que quieren luchar sin ser reconocidos.  El que no quiera exponerse a sanciones o a la posibilidad de que su rostro quede grabado, mejor, quédese en su casa. Mientras  los semblantes sosegados, racionales  y con intenciones transparentes de  Xiomara Caro, Ian Camilo Cintrón  y Omar Ramírez sigan al frente de la lucha hay esperanza de éxito. 

Aunque ya el Senado, nuestro magnifico Senado que cuando le conviene alega que la Universidad es autónoma, se apresta a pasar legislación que prohíba la protesta por personas enmascaradas (¿incluirá a los teatreros?), hace bien el movimiento estudiantil en rechazar el comportamiento de los enmascarados. Los encapuchados, legítimos o no, perjudican al movimiento estudiantil, contradicen las expresiones de los líderes que proponen formas creativas de manifestarse y ponen en peligro la seguridad de todos. 

Hay una violencia latente--producto de la frustración-- entre algunos de los que luchan para derogar la cuota. No nos podemos tapar los ojos. Y hasta podemos como decía Ian Camilo, comprender que esa violencia refleja la que reciben todos los días y demasiado a menudo. No es nada fácil luchar contra los burócratas que pretenden acabar con lo que consideramos nuestro: la Universidad. Pero es preciso controlar las emociones y reprimir la violencia, no sea que la lucha se les vaya de la mano y sólo reciban el repudio de los que alguna vez quisieron ser solidarios.

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