Sunday, February 08, 2015

El género, otra vez




Y dale con la educación.  Cuando no es una cosa es la otra. Lo triste es que mientras no hay controversias a nadie le interesa lo que pasa en El Departamento.  La controversia más reciente es con la circular sobre el “género”. Cuando en el 2008 el entonces Secretario de Educación, Rafael Aragunde trató de pasar la circular sobre la enseñanza del “género” se revolcó el avispero, los fundamentalistas religiosos gritaron y sanseacabó.  Se fue Aragunde y el proyecto de engavetó...no recuerdo si se llegó a derogar la circular. Ahora vuelve a surgir el tema porque a Mari Tere, la senadora, se le ocurrió pasar una ley y el actual secretario por instrucciones del gobernador anda anunciando que esta vez sí, se implementará.  

Y la pregunta es ¿quién le teme al género o a incluir la perspectiva de género en el currículo?
Los que no entienden o no quieren entender. 

Educar a los niños y a la población en general sobre el tema no es fácil. Los prejuicios se cultivan desde la cuna. Veamos. ¿Cuando nace una criatura que es lo primero que hacemos? Pues preguntar si fue niña o niño.  Después nos vamos a comprar según los colores que les representan: rosa o azul.  Y eso no sería tan horrible si no viniera atado a otros prejuicios más peligrosos como que las niñas no pueden jugar a la pelota, las niñas son frágiles lo niños fuertes, las niñas lloran los varones no, las niñas son limpias, los niños desordenados, etc. 

¿Qué significa "igualdad de género”? Si bien es cierto que hay diferencias biológicas entre hombres y mujeres, cuando hablamos de educar sobre el género, no hablamos de hablar sobre sexo, sino de distinguir entre lo que la sociedad y nuestra cultura dicta que un hombre o una mujer puede hacer y de lo que cada cual es capaz de lograr sin las limitaciones impuestas por dicha sociedad o cultura.

Para empezar a construir un currículo en el cual se le dé valor a la “perspectiva de género”, o sea que se incluya a las mujeres en la discusión, se debe comenzar por aceptar que muchas de las desigualdades en el trato y las oportunidades que existen entre los niños y niñas, hombres y mujeres en nuestra sociedad, son impuestas desde afuera y no son innatas.  Aun cuando existen leyes que protegen los derechos de los individuos, en muchas partes del mundo, y Puerto Rico no es una excepción, a las mujeres se les niega el acceso al poder por simplemente ser del sexo equivocado.  En otras partes del mundo se les niega el derecho a heredar, a tener propiedad, a poder competir por ciertos empleos y hasta a la educación. 


Según datos provistos por UNICEF  el 66% de los analfabetas en el mundo son mujeres; sólo el 17% de los que ocupan cargos electivos alrededor del mundo son mujeres; las mujeres ganan por lo menos 20% menos por el mismo trabajo que los hombres.  Todo el que tiene una hija, una hermanita, o una nieta, debe alarmarse con esos números y ni hablar de cosas peores como las violaciones e agresiones físicas que sufren las mujeres alrededor del mundo.

Así que educar sobre el género, es simplemente obligarnos a enfrentar una realidad: a las niñas y a las mujeres se les trata como ciudadanos de segunda. A pesar de que las mujeres constituyen más de la mitad de los estudiantes en la UPR, esas graduandas no están en los puestos electivos del país y tampoco en las altas esferas de los negocios. Pero eso no es todo, educar tomando en consideración la cuestión del género, también nos obliga a mirar con detenimiento a los hombres/niños y los roles que se les imponen, roles que a menudo los oprimen y obligan a sentirse inadecuados cuando su vida no se ajusta a lo que la sociedad espera de ellos. 

Por ejemplo, a los niños se les dice que tienen que ser fuertes y asertivos. ¿Qué le sucede al niño que no se siente atraído por la violencia y que su constitución física es más bien frágil? Se les enseña que son los hombres los que deben traer el alimento a la casa, y ¿qué sucede cuando papá no consigue trabajo o no puede trabajar por alguna condición física o mental? ¿No menoscaba acaso su hombría cuando no puede llenar esta expectativa?

La educación sobre las desigualdades entre los sexos nos conviene a todos.  Todos somos seres humanos.  Nuestro sexo, si somos femeninas o masculinos es solo parte de quienes somos. No debe definir nuestro destino. ¿Pero cómo hacerlo de manera efectiva? Por supuesto que tenemos que empezar por adiestrar a los maestros y maestras y convencer a los que tienen ideas preconcebidas de los roles de cada sexo de la importancia de hablarle a los niñas y niños sobre la igualdad. Sabemos que por desgracia a veces son los mismos maestros y maestras los que fomentan los estereotipos en el salón de clases. Lo ideal sería comenzar una campaña agresiva—como la de cero balas al aire (que ha probado ser exitosa) porque con decirlo una vez no basta, hay que inculcar la idea, hasta que los niños aclamen “género sí, discrimen no.” Enseñarles a los pequeños que las mujeres pueden ser pilotos, y no solo aeromozas, que pueden ser doctoras y no solo enfermeras, que está bien que a un niño le interese el cultivo de flores, o que le guste la cocina. 

Se puede comenzar con cápsulas informativas, o camisas impresas con algún dato pertinente. Se puede hasta invitar a artistas comprometidos a hablar sobre la causa (como lo hace Emma Watson con su campaña feminista)……Tal vez así dentro de cinco años esto no sea controversial, ni tema para que los noticieros lancen titulares alarmantes y las páginas de Facebook nos llenen de desinformación y falacias mal intencionadas.  La Fraternidad Pentecostal de PR publica un anuncio en página entera en el periódico para insinuar que lo que se intenta es promover la homosexualidad. ¡Por favor!: No hay peor ciego que el que no quiere ver. Las mujeres, heterosexuales y homosexuales, necesitan se les incluya en la toma de decisiones.  Es una pena que haya que pasar leyes y circulares que nos recuerden la importancia de incluir más mujeres y sus legados en el currículo.  (Una pena que no haya una ley que nos obligue a separar la iglesia de las cosas del estado.  Espérate, ¡la hay!! ¡Se llama La Constitución!)

Para concluir incluyo una cita y el enlace de un ensayo de Mariana Iriarte que me parece muy acertada:
“Es por ello que para hablar de democracia en sentido amplio es necesario que el ejercicio de poder se dé entre iguales. De no ser así, lo que existen son meras relaciones de subordinación con grados de participación. En este sentido, es imprescindible para la consolidación democrática que el Estado incorpore a sus prácticas, especialmente a la educación, una mirada que permita reconocer no solo los aportes hechos por las mujeres a lo largo de la historia sino que además brinde las herramientas tanto a hombre como a mujeres para poder mirar con suspicacia todos los atributos, funciones, roles y posiciones, entre otros, asignados a hombres y a mujeres solamente en función de la diferencia sexual.”
http://www.80grados.net/perspectiva-de-genero-en-la-educacion-y-democracia/



Thursday, February 05, 2015

Del amor y otros demonios...



...mis disculpas a GGM  por usar el título de su novela para esta columna, pero me pareció perfecto...

No todos estamos destinados a tener eso que llamamos: el gran amor.  Y eso no es necesariamente malo. A veces, uno oye a alguien decir que este o aquel fue el gran amor que no pudo ser y uno se pregunta, ¿cómo lo sabe? ¿Qué le asegura que aquel era el gran amor que se escapó? La mayoría de las parejas casi siempre surgen sin mediar razonamiento alguno. Muchas veces dos personas se juntan por mera conveniencia, algunas por una decisión precipitada, otras simplemente por error.  Esto es evidente por el número de parejas que no llegan al primer año, y el número de parejas que se divorcia, que según las estadísticas más recientes ronda por el 48%, digo acá en PR. (Para no ser totalmente pesimista, leí en el Pew Report que se espera que el número de los divorcios se reduzca a medida que los “baby boomers” vayan desapareciendo. Esa fue la primera generación que decidió que no tenía que ser infeliz en el matrimonio…)

¿Qué amores cualifican como grandes? Rosa Montero en su libro Pasiones recoge algunos de los grandes romances de varios personajes históricos, entre ellos: Marco Antonio y Cleopatra, Juana la loca y Felipe el hermoso, Rimbaud y Baudelaire, Liz Taylor y Richard Burton y unas catorce parejas más. Nos dice Montero que alcanzar el gran amor “es uno de los sueños del ser humano. Es algo que enciende el mundo de colores, pero acaba convirtiéndose en una enfermedad". Y en Pasiones vemos a las parejas enamoradas sumergidas en amores obsesivos, y por ende, enfermizos. Marco Antonio, por ejemplo, pasó de ser un guerrero respetado a poco menos que un pelele.  Cleopatra tampoco quedó muy bien parada después de su romance con el soldado romano. Como recordarán la gran reina egipcia se suicidó—después de la muerte de MA-- para no caer en las garras de Octavio quien se había convertido en su enemigo más temible.  

En fin que los grandes amores, a pesar del cuento que nos venden en la tele y el cine, no suelen terminar bien.  Personalmente conozco muy pocas parejas que yo incluiría en la categoría de “gran amor”. Y eso no quiere decir que no haya parejas realmente enamoradas. Lo que digo es que un “gran amor” (GA de aquí en adelante) tiene un aire de tragedia, de pasión indómita, de entrega sin reservas, ni limites. Es el tipo de amor del que canta la Piaf en “Ne me quitte pas.”

El GA no tiene que ser prolongado; es más, casi nunca lo es porque como el fuego quema intensamente pero de la misma manera se apaga, ya sea trágicamente o marchitado por el desgaste. No hay mal que dure cien años.

Supongo que un poco de felicidad, o la intensidad de una pasión puede sostener al mejor de los amores, pero los demás…caen en el camino. Usemos por ejemplo a la pareja que se casa con lo que parece un amor genuino y una pasión desenfrenada pero que al enfrentarse al día a día--la pasta regada por el lavamanos, la cortina sin correr, las piezas de ropa por todas partes, las panties desgastadas y el ropón deshilachado-- sale corriendo por la puerta más cercana.  Y es que nos empeñamos en creer que el GA es posible, que como en los cuentos de Hadas estaremos para siempre flotando en una nube. Alguna vez leí que en los cuentos de Hadas nunca podían contar lo que sucedía después de la frase "y vivieron felices para siempre" (aunque en la serie Once upon a time lo intenta) porque seria mostrar la realidad y esa NO es su función. El problema con los cuentos de Hadas, para las niñas por lo menos, es que nos empeñamos en creer que va a llegar un príncipe azul a rescatarnos, o como en “La sirenita”, que nuestro ser depende de que un príncipe nos quiera. No somos nada si no logramos capturar uno.

Sin embargo, los príncipes azules, no existen. Los  hombres bellos, poderosos, sabios, humildes pero ricos son una fantasía y deben quedarse atrapados en las páginas de los libros de cuentos. No debemos ir por ahí buscando al príncipe azul, o peor esperar a que nos descubra mientras lavamos los trastes. Tampoco debemos vivir soñando con encontrar ese gran amor alucinante que no nos deje pensar y que ocupará toda nuestra vida y pensamientos, que nos aturdirá con su pasión y fuego; y con esto no digo que la pasión física no sea importante, lo es. Lo que digo es que muchas buenas relaciones se tronchan porque uno o el otro anda con una idea equivocada o distorsionada de lo que debe ser el amor. Ellas quieren que el continúe trayéndole flores, que la enamore continuamente y él quiere que ella sea la novia de los primeros días: feliz y divertida... Y es que la pasión cede frente al ajetreo de la vida diaria. En las relaciones duraderas, se negocian unas cosas por otras.

Asi que si uno aspira a tener una relación duradera, debe rechazar la idea de un amor como los de las novelas color de rosa (tan cursis y tediosas) y encontrar la paz y la satisfacción en las relaciones que surgen del respeto, cariño y admiración del uno por el otro.

Los grandes amores son pocos y de cuestionable valor para el que lo experimenta. Montero dice que “el amor loco nos arrebata” porque con él podemos olvidarnos de quienes somos. Si aceptamos que el gran amor NO existe, o que por lo menos NO es una meta sensata, podemos entregarnos sin temor a la relación que se construye poco a poco entre amigos, o con esa persona que nos complementa sin que nuestro ser (quienes somos) o nuestra felicidad dependan totalmente de ella.  Esa es, después de todo, una carga demasiado grande para cualquiera… ¿Te gustaría realmente que esa persona a la que amas sólo sea feliz contigo? ¿Qué si no estas ella no viva, no duerma, no coma? No sé, suena extenuante.


Thursday, January 29, 2015

La muerte ronda conmigo



Para Gloria quien anda de danza con la parca…

La muerte ronda conmigo como dice la canción de Sylvio. La muerte es un tema que no podemos eludir, aunque queramos. Parece que nos persiguiera no sólo en el día a día sino también en películas, series, canciones, revistas…y ni hablar de como se cuela entre las conversaciones en las que participamos o escuchamos en el correo, en las salas médicas, o en el supermercado. Hasta mis nietos andan preocupados por la muerte.  “¿Cuándo se van a morir abuelo y tú?” pregunta uno. “Cuando yo sea grande tu y abuelo estarán muertos,” dice el otro con una tranquilidad apabullante.

La muerte no era tema de niños cuando yo me criaba.  No recuerdo que siquiera se mencionara. (Aunque siempre he pensado que pasé mis primeros años de vida inconsciente o en babia ya que apenas recuerdo nada de aquella época). El primer muerto que tuvo un impacto en mi vida fue Martín Luther King Jr.  Recuerdo que nos enviaron de la escuela porque podían haber revueltas; vivíamos en Chicago, Illinois en aquel entonces. Y sí, hubo revueltas según he leído, pero no las viví.  Así de protegidos estábamos y no digo por el gobierno sino por mis padres que se aseguraron de que nada nos pasara, y por alguna razón de que ni siquiera nos enteráramos de lo que sucedía... Se hablaba de que lo habían matado, pero eso era algo tan ajeno a mi experiencia que no pasaba de ser una anomalía o curiosidad.  Pese a la seriedad de lo que había sucedido aquel día en 1968, la muerte de MLK era, en mi mente de niña, algo tan abstracto que a pesar de que recuerdo el momento realmente no me conmovió.

Al año siguiente murió mi abuela materna. Hoy me entristece pensarlo porque realmente no la conocí, pero en aquel entonces, fue otra vez, algo excepcional que sucedía pero no tenía un impacto dramático en mi vida, por lo menos así lo veía. El primer muerto que lloré fue a mi abuelo paterno.  Con el había establecido una relación de afecto y ya para entonces tenía catorce o quince años y sabía que era una persona querida que ya no volvería a ver. Desde entonces parece que se me han ido acumulando los muertos; algunos aun los lloro.

A pesar de la cercanía y omnipresencia de la muerte, con frecuencia nos encontramos que no es fácil hablar de ella, especialmente con los más viejos. Con papi, por ejemplo, es anatema—y ni hablar de los testamentos. Nunca he podido establecer una conversación con el sobre el tema y si alguien se muere, me da hasta pena decírselo, pues pienso que debe ver su mortalidad de cerca cada mañana y no quiero que se deprima pensando en su indudable mortandad… Nunca hablé de ello con mi abuela, quien murió a los 98—y lo que nos ha costado eso. Mi mamá es más dada a hablar sobre el tema. Tanto, que nos ha indicado con lujo de detalles lo que quiere para su funeral.  Hasta me ha pedido que la lleve a comprarse el traje que quiere que le pongan, blanco por cierto. Una persona querida (de apenas 64 años) que murió de cáncer recientemente, después de una lucha por años, se fue de “shopping” para determinar qué funeraria se encargaría de sus restos.  Aparentemente en algunos círculos, hablar sobre la muerte ya no es tabú. Y es importante hacerlo. Mi hijo y mi marido saben lo que quiero.  He querido hablarles sobre ello—aunque ninguno se compromete con lo que pido… (suspiro). Tendré que halarles las patas…

Decía la poeta Emily Dickinson que como ella no tuvo tiempo para la muerte, la muerte la reclamó a destiempo.  (Because I could not stop for Death/she kindly stopped for me). Rosa Montero dice: “Siempre se escribe contra la muerte, porque mientras estoy escribiendo me siento tan llena de las vidas de los personajes que mi muerte no existe.” Tal vez, esa sea la manera de combatirla o por lo menos evadirla. Hablar de ella puede ser catártico; pensar en ella deprimente, pero  escribir sobre ella tal vez sea la mejor manera de llorar a nuestros muertos sin que se nos corra la mascara en público, y sin heridas aparentes.