Thursday, October 30, 2014

Libros influyentes 2


La segunda parte de mi columna sobre  los libros influyentes en mi formación ha resultado más difícil de lo que creía inicialmente. El problema es en tratar de reducir los libros/autores y colocarlos en categorías. Tantos libros se agolpan tratando de sobresalir que corro el riesgo de dejar fuera algunos muy importantes e incluir otros que tal vez no lo fueran.  Así que decidí para esta segunda lista incluir los libros que creo, me condujeron a la lectura seria, literaria.  Antes de descubrir estas novelas andaba con la cabeza llena de musarañas.  Leía a Barbara Cartland, Victoria Holt, Corín Tellado y cuanta cómic de Susy, Archie o Fantómas que encontraba en mi camino.  (Las cómics tienen su propio mérito que no voy a a discutir aquí…solo digamos que son imprescindibles, o por lo menos en eso coincido con otras amigas y amigos lectores.)

Fue en la escuela superior que por primera vez leí un libro asignado que realmente me hablaba: La amortajada de Maria Luisa Bombal. No recuerdo porqué aquella novela me atrajo tanto. No la he vuelto a leer, pero creo que me atrajo la idea de estar muerta y poder recapitular la vida como lo hace la protagonista.  En esta novela, la protagonista ve llegar hasta su féretro a todos sus seres queridos y eso le permite narrar su vida desde la relación que tuvo con uno u otro. Esa es una fantasía que se me ocurre debe ser muy común, la de imaginarse uno muerto y ver quienes te lloran.

Luego tengo que incluir a Los hombres del hombre de Eduardo Barrios y Los de abajo de Mariano Azuela. La primera es sobre un hombre que descubre las múltiples facetas de su personalidad y cómo brega con ese despertar de conciencia. Los de abajo es una novela que ridiculiza la revolución mejicana, o por lo  menos así la recuerdo. Un líder derrocaba a otro en un ciclo que parecía infinito y las tropas se arremolinaban bajo la bandera del más fuerte. Ya sentada mí ruta en la buena lectura, leí en esos años a Cien Anos de Soledad. ¡Que sensación tan extraña y a la par tan complaciente!Es realmente una novela única...

En la Universidad leí otras novelas y obras de teatro que me fascinaron y condujeron a otras lecturas y otras ideas sobre la vida: Pedro Páramo de Juan Rulfo, Nada de Carmen Laforet, Corona de Sombras de Usigli, Jude the Obscure de Thomas Hardy, Light in August de William Faulkner, Crimen y castigo de Dostoievski, For Colored Girls de Ntozake Shange's. 

En fin que estas son algunas de las que me vienen a la mente como novelas asignadas que abrieron mis ojos a otra forma de entender la vida...y a apreciar la literatura no solo como forma de entretenimiento sino como detonante para el pensamiento crítico, y como un juego de imágenes que sólo lo logra la redacción cuidada y el respeto a las palabras--porque qué es una novela sino un conjunto de palabras que unidas forman una narración que nos invita a explorarla, disfrutarla y (re)inventarla junto al autor.




Wednesday, October 08, 2014

Libros y un comentario




Cuando alguien me pregunta qué libros marcaron mi vida siempre me quedo muda. No sé qué responder. Y es que son tantos libros y han llegado por tantas avenidas diferentes y me han afectado de formas diversas. A veces pienso en los libros que recuerdo haber disfrutado inmensamente pero que simplemente no me dí cuenta en el momento de cómo cambiaban mi vida.  Esta columna es un intento de recoger en una lista los libros que si bien tal vez no cambiaron el rumbo de mi vida, me formaron o informaron. Tal vez sólo fueron importantes brevemente o en un momento particular, pero esta lista incluye los que se han quedado conmigo como esos libros que nunca regalaré y que presto con mucha renuencia. 

Aquí una lista acompañada de una reflexión de los libros que fueron moldeándome ya sea para la vida o tal vez simplemente para la lectura. No es una lista cronológica, sino en orden de impacto, creo.

1. The Women’s Room de Marilyn French: No recuerdo cómo llegó a mis manos este libro, pero sé que lo leí cuando estaba encinta de mi hijo. Ya para ese entonces yo había abrazado el feminismo como doctrina de vida pero todavía no entendía como todo en la vida estaba teñido según el sexo por el que se mira.

En el bachillerato había tomado un curso de literatura de mujeres y creo que pudo ser aquí que por primera oyera hablar de The Women’s Room.  Este libro escrito en 1977 fue la primera novela feminista, que yo recuerde, que caía en mis manos y recuerdo que fue un electroshock, un despertar de conciencia.  Me vi reflejada en Mira, la protagonista. Mira (como la recuerdo, pues tendría que releer la novela para recordar los detalles) es una joven más bien rebelde que se casa con un estudiante de medicina con el que luego tiene dos hijos. Mientras su marido sale a estudiar y luego a trabajar, Mira se queda en casa preocupándose por el color que le va a dar a las paredes de la sala. (Esta es una escena que recuerdo con una claridad asombrosa.) Años después la pareja se divorcia y Mira se va a estudiar. Los primeros días se siente rara y marginada.  Se va para el baño de las “damas” y encuentra que alguien ha tachado las palabras “ladies’ room” y ha escrito “women’s room”. (Así comienza la novela--ella refugiada en el baño. La portada también tiene las palabra “ladies” tachada y sobrepuesta está “women’s”). Esto la obliga a repensar su vida. Así también rompió esa primera escena los esquemas que yo a pesar de mi “enlightenment” había aceptado como parte “natural” de la vida.

French más tarde escribió otra novela que me gustó muchísimo también, Her Mother’s Daughter sobre las relaciones materno-filiales. Aunque parecida a TWR, no tuvo el impacto de la primera. French murió en el 2009 y aunque continuó escribiendo—tiene una novela póstuma—es desconocida por la mayoría de las lectoras de hoy. Su esquela sólo menciona a la novela que la hizo famosa.
No se habla mucho de TWR hoy día y me pregunto si me gustaría tanto hoy como me gustó entonces.

2. The Handmaid’s Tale de Margaret Atwood: Esta novela me la regaló mi hermana.  Ella la compró porque era de ciencia ficción, su género favorito, pero mi hermana tiene la costumbre de leer el final de cada novela para ver si “termina bien.” O sea, si tiene un final feliz.  Si no la tiene, la descarta. Yo, por el contrario, prefiero no conocer el final.  Yo compro novelas porque he leído algo sobre ellas y creo que me pueden gustar, me las han recomendado o, en la época dorada cuando podíamos acariciar los libros antes de comprarlos porque existían cosas llamadas librerías, leía la primera página y esta me agarraba.  A veces, una sola oración o un párrafo me convencía de que esa era una novela que tenía que leer.

Eso me pasó con The Handmaids’ Tale (THT). Leí la primera página y quedé prendada. Desde entonces declaro que mi escritora favorita es Atwood.  He leído todas sus novelas, algunos de los libros de ensayo, los cuentos y sus poemas. Cuando le dieron el Nobel de Literatura a Alice Munro (primera canadiense) me dio rabia. ¿Cómo es posible que Munro tuviera un Noble y Atwood no? Pero así suceden las cosas. Los homenajes no siempre se les rinden a los que se los merecen realmente, sino a los que pueden someterse a una forma de ver la vida, a los que no nos hacen sentir incómodos…Aunque se lo dieron a Naipual….(What was THAT about?)

Atwood es una escritora de un alcance inmenso.  Sus ensayos sobre la economía y el cambio climático son excepcionales, así como su crítica literaria. Recientemente leí que su última novela, una trilogía, será llevada al cine. No sé si ella escribirá el guión pero no me extrañaría.


 Aquí el segundo párrafo de la primera página de THT como muestra:

There was old sex in the room and loneliness, and expectation, of something without a shape or name. I remember that yearning, for something that was always about to happen and was never the same as the hands that were on us there and then, in the small of the back, or out back, in the parking lot, or in the television room with the sound turned down and only the pictures flickering over lifting flesh.

We yearned for the future. How did we learn it, that talent for insatiability? It was in the air; and it was still in the air, an after-thought, as we tried to sleep, in the army cots that had been set up in rows, with spaces between so we could not talk…


TO be continued….

Saturday, September 27, 2014

Culebras



Mi papá ve culebras por todas partes.  Las ve encima de la cama, en las paredes, en su ropa, y en cada recoveco, esquina o sombra. Las culebras que ve Papi son lo mismo pequeñas que largas, de cabezas pequeñas y rojas, o de cabezas negras y hasta blancas. El me llama para que las vea.  Yo quisiera verlas, pero no puedo. El insiste, yo asiento. Mis hermanas se enojan, le dicen que está loco, que ahí no hay nada, que se deje de pamplinas. El sabe que andan por ahí, pendientes de que el esté a solas para acecharlo, para morderlo. “¿Ves esa picadura?” Me pregunta. “Ahí” dice señalando hacia la tierra seca llena de granos de maíz y gravilla donde tiene la jaula de pollos. “Allí había un montón de culebras que me mordieron cuando me metí pa’ ‘ca a darle de comer a los pollos. Tuve que irme porque no me dejaban en paz.”

Papi nunca les tuvo miedo a las culebras. Era temerario. Las cogía y hasta se las enredaba en la mano para asustarnos a nosotras sus hijas, o a los hijos de los vecinos. Reía si mostrábamos miedo o reculíamos.  Aprendimos a mostrarnos estoicas no fuera a ocurrírsele tirarnos una encima. Cuando el no estaba y aparecía una culebra, de esas pequeñas que sabíamos que eran inofensivas, igual nos alejábamos y las manteníamos a raya.  En fin que puede más la fantasía y la imaginación que la lógica. Hoy Papi teme a las culebras. Hace dos días rompió el faldón del lavamanos tratando de matar a una que se le escurría y enredaba en la tela. La señora que lo cuida llamó a mi hermana para que viniera a ayudarla pues andaba con un cuchillo tratando de matar a la siniestra deslizadora y terminó haciendo trizas la tela.  La semana pasada las veía en el fondo del inodoro. Mi hermana metió la mano en el inodoro y hasta haló la cadena, pero igual las veía. Ayer decía que se le habían enredado en la camiseta y estuvo un largo rato tratando de sacar del doblez la piel que había mudado el animal y que había quedado atrapada en la tela.

Papi tiene Parkinson. Y sus culebras son el producto supongo, de los medicamentos que toma o los múltiples golpes que se ha dado en la cabeza desde que su piernas hinchadas y tiesas lo traicionan. Mi hermana dice que se ha caído más veces de las que admite. A menudo encontramos un huevucho nuevo en la frente o en la mejilla, o un golpe en la rodilla, brazo o espalda. Es triste verlo así.

Cuando le pregunté si era cierto eso que decían que había desarrollado una relación especial con el piso, se sonrió.  El siempre fue pícaro y aun aprecia el humor. También le agrada escuchar música y de vez en cuando lo oigo tararear alguna canción aunque su voz trémula y baja hace más difícil oírlo con facilidad o percibir algún leve cambio en su expresión facial. Todavía disfruta de jugar dominós y gana la más de las veces. Un día intenté jugar barajas con el, segura de que ahora si le ganaría—el nunca perdía cuando jugábamos-- pero no fue así. Su mente aunque desvaría por ratos, es astuta para los números, las barajas y los dominós.

Por eso me da tristeza verlo pelear con las culebras. Me pregunto si no será capaz de aceptar que las víboras que aborrece no están ahí sino en su mente como lo hace el personaje de la serie Perception. Después me digo, pero si eso es sólo ficción. Seguro que separar lo que se sabe de lo que se ve no puede ser fácil, menos aun para una persona enferma. No importa cuán lúcida parezca por momentos ni cuan inteligente sea o haya sido.

Cuando me despedí de él anoche le dije. “No hagas locuras” y el me contestó “Yo no hago locuras, es que estoy loco” y sonrió.