Thursday, April 24, 2014

La ridícula idea de no volver a verte




El libro más reciente de Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral 2013), es de naturaleza híbrida.  Es una combinación de biografía y autorreflexión. Esta nueva entrega de la autora narra la vida de Marie Curie, la famosa científica polaca, a la vez que reflexiona sobre varios temas que le tocan a Montero de manera personal, particularmente, cómo sobreponerse a la pérdida de un ser querido. A algunos, este híbrido los puede incomodar, pero a mí me gustó.  Era como si Rosa y yo estuviéramos charlando sobre el tema de la muerte y a la vez compartiendo nuestra forma particular— cada quien la maneja de manera distinta— de acercarnos a ella, a la muerte, digo. Así como hace uno con los amigos. 

Este libro surge, según nos cuenta Montero, porque una amiga/agente le pide que escriba un ensayo sobre las cartas/diario que Marie escribió a raíz de la muerte de su esposo, Pierre. Las cartas le fascinan y comienza a interesarse por conocer aún más sobre la vida de la Curie, tanto que en vez de circunscribirse a las cartas, incluye datos biográficos que toma de varias obras escritas sobre la vida de la única mujer que ha sido galardonada con dos premios Nobel en las ciencias: uno en 1903 con su esposo y otro 1911, luego de haber enviudado. El titulo del libro sale de una de las cartas (incluidas como apéndice) en la que Marie escribe que no puede concebir la ridícula idea de que no volverá a ver jamás a su marido (p.226).

Según Montero, la Curie fue una joven talentosa pero insegura que se debatía entre el deber y el querer hacer. Por un lado, sabía que era inteligente y tenía talento para las ciencias.  Por otro lado, se sentía responsable por el bienestar de su papá (era huérfana de madre desde los 11 años). Sin embargo, quería, como alega Montero, también honrar la memoria de su madre al dedicarse a los estudios y tener una carrera.

Cuando por fin pudo viajar a París a estudiar, conoció a Pierre.  Él tenía 37 años y ella 28.  Se casaron y tuvieron 2 hijas: la mayor, Irene, también se ganaría un premio Nobel en química— desafortunadamente después de la muerte de su madre.

Es interesante para mí, que no he leído una biografía de la Curie, verla como todo un ser humano: preocupada por su esposo, sus hijas, el qué dirán, sin perder en momento alguno su insaciable curiosidad científica, por la que recibió muchas satisfacciones pero también muchas penas. Según descubrimos en La ridícula idea…cuando Marie gana el primer Nobel no fue invitada al estrado a recogerlo y al otorgársele el segundo le retiraron la invitación aunque ella desafió a los organizadores del premio y se apareció a dar su discurso de aceptación.  En fin, la Marie Curie de este libro es maravillosa y radioactiva. (Lean el libro para que sepan el porqué.)  He leído en otra fuente que sus diarios aún tienen radiación y por eso están bajo llave. Cualquier estudioso/a que consiga permiso para leerlos o siquiera tocarlos, debe usar ropa protectora y firmar un documento (waiver) en el que acepta la total responsabilidad por cualquier contaminación que sufra por usarlos o hallarse en su proximidad. 

En un aparte como los que hace Montero en esta obra, recientemente vi un documental sobre la vida de Gloria Steinem, la famosa reportera feminista norteamericana quien acaba de cumplir 80 años, en el que se le ve despidiendo el duelo de otra conocida feminista, Bella Abzug, a quien consideraba su mentora.   Steinem lee su panegírico con dificultad pues a menudo no puede contener el llanto.  Así es como se lee este libro.

Aunque parezca contradictorio, esta obra de Montero es fácil de leer, y a la vez difícil.  Como ya dije tiene un tono coloquial que seduce al lector, pero…Yo intentaba leerlo mientras viajaba en tren de Lille a Paris y a menudo tenía que cerrarlo ya que me conmovían las observaciones sobre la muerte de la autora y por supuesto no quería que me vieran llorar. Montero quien sufre una especie de catarsis en este libro.  Se libera y a la vez abraza el dolor con propósitos terapéuticos. Ya superadas la incredulidad, la rabia y las demás etapas, parece haber alcanzado el período de la aceptación de la muerte del ser querido, su esposo Pablo quien muere víctima del cáncer en el 2009.

Para concluir es un libro que se acerca al dolor no para negarlo, rehuirlo o romantizarlo sino para alcanzar lo que ella llama la ligereza y de esa forma continuar viviendo.

Cita del libro: “El verdadero dolor es indecible. Si puedes hablar de lo que te acongoja estas de suerte: eso significa que no es tan importante. Porque cuando el dolor cae sobre ti sin paliativos, lo primero que te arranca es la #Palabra.”

Tuesday, April 15, 2014

Eclipses y planillas



No fui de las afortunadas que recordó salir a ver el eclipse lunar.  Los que lo vieron quedaron impresionados.  Algunos alegan que se veía roja como la sangre; otros que era de tonos tierra y hay hasta quien la vio amarilla. Yo estuve durmiendo.  No la ví, excepto en fotos. Ahora que el sueño no llega tan rápido ni tan abundante, todo sueño hay que aprovecharlo. Hay una anécdota en la familia de mi marido que cuenta de una tía que llegaba a la casa a visitar y se quedaba dormida, siempre.  Ahora yo soy esa tía excéntrica que se duerme en casa de mi suegra. No sé porqué.  Creo que es un poco la hora, entre 2 y 4 de la tarde, el calor y también las conversaciones.  Invariablemente, la conversación gira en torno a cosas en las que no puedo participar ya que son gentes que no conozco o de las que no me interesa opinar.  Por lo menos, esa es mi excusa.  Lo cierto es que me entra una pesadez increíble y aunque lucho, no lo puedo evitar.  Los párpados se me ponen pesados y ahí voy, rindiéndome al sueño.

Tampoco soy de las que entregó la planilla tarde.  No creo haberlo hecho nunca; entregar tarde, digo. Este año como estuvimos de viaje la llenamos un poco más tarde que de costumbre pero ya el lunes 7 estaba el colega en fila para entregarla—aunque el dice que realmente esperó tal vez quince minutos. Supongo que los que optan por entregar tarde tienen sus razones.  Hay quien dice que no le va a adelantar su dinero al gobierno.  (Sí, el gobierno ese enemigo que nos hostiga y roba—triste, pero así lo vemos). Otros que no van a pagar sino que les van a devolver, no entiendo porque lo hacen. Yo prefiero salir de eso. Evitarme el estrés de pensar en llenarla y luego en la fila en la colecturía.  Siempre pedimos una copia certificada—costumbre adquirida en la época en que teníamos que tenerla a mano para cuestiones escolares. Así que la fila hay que hacerla. Me pegunto ¿cuántos de los y las que lo dejaron para hoy pudieron quedarse a ver el eclipse? ¿O vieron el fenómeno precisamente porque no podían conciliar el sueño por estar pensando en la planilla, en lo que iban a pagar, o en cuándo les llegaría el reintegro?

Sunday, March 02, 2014

De carreteras y pueblos fantasmas



En los pueblos que habrán de afectarse por la construcción de la extensión de la carretera PR22 se han dado unas vistas (anunciadas como talleres¿?) para informar a los comerciantes y residentes de los cambios propuestos y para alegadamente, recoger las recomendaciones de los afectados.  Para enterarnos y que no nos cuenten, el colega y yo arrancamos para el teatro Germán Rosario de Camuy.  Allí ante un concurrido grupo, los ingenieros de DTOP, y AFI nos informaron de los propuestos cambios (hay tres planes) y nos aseguraron que no había un plan preferido por el gobierno sino que estaban recopilando información para tomar una decisión informada sin afectar adversamente ni a los pueblos, ni a los residentes o ni al ambiente.

En la sección de comentarios aprovechó el alcalde de Camuy para asegurar que la única propuesta que acogía su administración era la de expandir la número 2.  Punto seguido, otros vecinos del área trajeron sus temores.  Hubo quien dijo que el comercio de Camuy se había afectado severamente cuando la número dos dejó de transitar por  el pueblo. También hubo un momento surrealista en el que un maestro de hablar campechano (arrancó muchos aplausos a pesar de su planteamiento) utilizó su turno para decir, entre otras cosas, no se debía seguir consultando al pueblo.  Que ya este proyecto llevaba 43 años y no arrancaba porque no se acababa con las consultas.  El "elocuente" orador también recordó que Arecibo estaba en crisis no por que la carretera 22  hubiese contribuido a su obsolescencia sino porque había sido victima de muchos alcaldes ineptos.

En un momento dado, el colega me preguntó. “Si fuera a pasar por casa, qué haríamos” y yo le contesté “Empacamos y nos mudamos”.  A lo que el asintió. Pero no todos se sienten así.  Las gentes en su mayoría sienten un apego por el lugar en el que viven, por ese pedazo de tierra especifico en el que han construído sus vidas y sus hogares.  No quieren  tener que empezar de nuevo, lejos de lo que les es familiar.

Pero volviendo al tema de la extensión de la 22…A mí se me ocurre que no sólo fue la creación y la ubicación de la 22, y los alcaldes incompetentes los que contribuyeron a la situación actual de Arecibo.  También contribuyeron los dueños ausentes que abandonaron los edificios— y de esos hay muchos— los cambios poblacionales, el arraigo del automóvil y los moles (malls).  Lo mismo está ocurriendo en Camuy. Cuando el colega llegó a Camuy hace exactamente 20 años atrás, el estaba complacido porque, aunque pequeña, la ciudad romántica contaba con un comercio atractivo y vital. Hoy, la mayoría de los negocios han cerrado y apenas queda alguna que otra tienda que atraiga a la comunidad cercana.  El Selectos cerró, el Supermercado Coop se fue a la quiebra  y no fue hasta recientemente que El Hatillo Cash and Carry vino a llenar las necesidades del área.  El resto del comercio fue tragado por Walmart, y después Sams. Las ferreterías deben estar sangrando por la llegada de Home Depot y cuídense las farmacias, pues para  la #2 en Camuy viene Walgreens. A ver cuantas farmacias de la comunidad van a poder competir con la que se mercadea que quiere ser nuestro vecino. (Y planean más de 200 nuevas farmacias en la isla)

En resumen, hay muchas razones por las que los pueblos pierden pertinencia. Las más de veces, nosotros, los ciudadanos contribuimos a ella cuando preferimos comprarle a un depredador como Walmart; a veces son los mismos comerciantes que no son capaces de reinventarse ante la competencia o no reconocen que en la amarga lucha por sobrevivir, hay que mimar al cliente para que la diferencia entre un negocio y el otro no sea sólo una cuestión de números.