Saturday, August 23, 2014

Una analogía para estos tiempos



Creo que se pueden establecer ciertos paralelismos entre los que ocurre en Ferguson, Missouri y lo que ocurre en la franja de Gaza. Aquí vemos dos comunidades marginadas luchando por sobrevivir.  En la primera, tenemos a los negros americanos que se enfrentan a los blancos que ostentan el poder.  En la otra, tenemos a los palestinos que se enfrentan a los israelíes que controlan la región.

En Ferguson, los negros están cansados de ser el objeto de todos los males de sus comunidades. Que si hay criminalidad, fueron ellos; que si hay pobreza es porque ellos no quieren salir de la pobreza; que si no quieren estudiar; que si les gusta vivir del cuento, etc. La verdad es que la muerte de Michael Brown no es una anomalía, sino el resultado de años de discrimen racial. En Missouri—igual que en otros estados—ver a un  negro caminar solo por las calles, o peor, acompañado ya lo hace culpable o por lo menos sospechoso de un crimen. ¿Cuál? El que sea, el que yo sea capaz de imaginarme. Lo interesante es que se han dado ciertos fenómenos interesantes en Ferguson.  Según he leído, hasta los 80, la población del pueblo era casi exclusivamente blanca (80%). En años recientes, se ha transformado y hoy es mayoritariamente negra (67%).  Esto trae un problema importante: las comunidades negras tienden a ser pobres. Así que la prosperidad de la que gozó la ciudad en algún momento ha mermado.

Habría que estudiar las razones para el cambio demográfico, pero yo apostaría que a medida que los negros fueron llegando, los blancos se marcharon. También es posible que los blancos se marcharan por el cierre de fábricas y otros empleos y los negros fueran ocupando espacios más accesibles de vivienda.  Hace apenas tres años, se elevó Ferguson como la capital del meth (una droga potente) en EEUU. Aunque parece que su consumo ha bajado-- Ferguson aparece ahora como el tercer consumidor de la droga—todavía constituye un reto para las comunidades y las autoridades.

Por otra parte, las escuelas, la policía y demás entidades gubernamentales todavía están controladas por blancos.  Como habrán leído en la prensa, hay sólo 3 policías negros en Ferguson. Como muchas otras partes del mundo, incluyendo EEUU, la crisis en el mercado de las hipotecas, la banca y el desempleo reinan en esta área. Solo que cuando las comunidades son de color negro, los problemas se barren bajo la mesa.  Brittney Cooper en Salón.com comenta que la “violencia que presenciamos es el resultado de la pobreza y falta de oportunidades que arrinconan a los pobres sin que estos vean la posibilidad de escapar de ella.” (traducción libre) Tampoco podemos olvidar el fantasma de la esclavitud que aun persigue a los norteamericanos aunque traten de borrar su legado con el silencio y la indiferencia.

Igualmente en Gaza existe un legado histórico que trastoca la región. Un problema que se exacerbó cuando las Naciones Unidas sin más ni más aprobó un plan para dividir la región en dos, un área para los judíos y otro para los palestinos. Desde entonces los palestinos luchan por recobrar lo que entienden les pertenece y lo poco que les ha dejado Israel—quien continúa tratando de ganar terreno en el área que le designara las Naciones Unidas a Palestina en el 1948. Para empeorar las relaciones en esa área, Israel puso los territorios palestinos bajo ocupación militar. Como el racismo en EEUU, el racismo entre los semitas y los anti-semitas es peliagudo.

Como en Ferguson, los palestinos son señalados constantemente como la causa de todos los problemas en el área.  Igual que en Missouri, los palestinos son, en su mayoría, pobres, reciben educación de segunda clase y son marginados por los israelíes quienes les niegan hasta el derecho de existir en la región. Si algún rebelde palestino, tira una bomba, Israel contraataca con diez.

En Ferguson tratan de justificar la muerte del joven con un vídeo mostrando al joven entrando a una tienda a robar, como si un robo justificara la muerte de una persona no armada. ¿Acaso la pena por robar es la muerte? Los israelíes justifican la violencia a la que someten a los palestinos porque ya se hartan de las agresiones diarias que reciben. ¿Acaso lanzar una pedrada equivale a lanzar una granada? 

Y no digo que los palestinos sean unos santos. Según leemos en la prensa, Hamas acaba de ejecutar a unos jóvenes que alegadamente colaboraban con los israelíes. Desde su creación, Hamas ha sido un grupo extremista que, entre otras cosas, ha exigido que las mujeres usen el hijab, les niega acceso a la educación y promueven la violencia contra cualquiera que rompa con los dogmas religiosos.  O sea, que a pesar de que la guerra es, en efecto desigual por la fuerza militar de Israel—quien es subsidiada dicho sea de paso por EEUU—los palestinos, especialmente los miembros de Hamas,  no son fáciles de querer. Sin embargo, es claro que tanto Israel como Palestina pretenden continuar en la zona por lo que el único camino, y el que ambos grupos parecen esquivar, es la diplomacia. El asunto es bien complicado y yo no pretendo entenderlo completamente ni quiero juzgarlos injustamente, pero me parece que se requiere de un buen grado de mesura para calmar los ánimos, para darle una oportunidad a la paz. Sin ella ningún lado vencerá y solo una espiral de venganza, un Moebius infinito, reinará. 

Unos están llenos de miedo; otros están llenos de rabia; otros reclaman venganza por sus muertos, por sus hijos, por sus sueños perdidos…El colega dice que el problema en Gaza es que Israel es un país fundamentado en una creencia religiosa y que es allí donde está la raíz del problema.  Supongo que en Missouri la complicación no es de índole religiosa sino de una tendencia a pensar en el Otro como el malo, en odiar lo que es diferente y también rehuir del pasado en vez de afrontarlo y asumirlo.

Aquí incluyo dos fuentes que aunque no uso en mi escrito directamente, me ayudaron a entender el conflicto un poco ya que presentan una versión del conflicto en Israel y el rol de EEUU.


http://www.ifamericansknew.org/history/origin.html
http://www.counterpunch.org/2014/08/01/us-provides-israel-weapons-used-on-gaza/


Aclaración: Debo señalar que estoy consciente de que hay una importante diferencia entre la situación de los palestinos y la de los negros americanos: los palestinos NO siempre fueron una minoría marginada...antes del siglo XX dominaban la zona ahora en guerra.

Monday, August 18, 2014

The Book Thief



Después de haber leído The Book Thief de Markus Zusak decidí ver la película.  Ya sabía que eso sería problemático, por eso de las expectativas que uno se hace de lo que debería ser la versión fílmica. Cuando uno lee, no puede evitar, de algún modo, ir haciéndose su propia película mental. Nos imaginamos el barrio, los personajes, las expresiones. En fin que ver una película sobre un libro, especialmente si nos ha gustado, presenta un reto especial: darle un trato justo a una representación visual de una obra.

La mayoría de las películas aclaran que el film está basado en la novela, o sea, NO es la novela. Igual sucede cuando es una versión fílmica de una biografía o de algún acontecimiento histórico. Supongo que eso le ofrece flexibilidad al guionista (quien re-escribe la obra) para jugar con la historia. Pocas veces el guión se ajusta fielmente a una u otra novela. Creo que el medio visual no lo permite.  Por ejemplo, el narrador en The Book Thief es la muerte. Es a través de sus ojos que vemos y conocemos a los personajes. En la versión fílmica la muerte no interviene sino al comienzo y al final. Y es lógico porque si podemos ver lo que sucede, y a quien le sucede no precisamos de alguien que nos describa todo lo que ocurre ni cómo se ve el cielo ese día. (Como aparte, yo creo que debieron eliminar al narrador del todo…).

Muy pocas versiones fílmicas complacen a los fanáticos de la versión escrita. Todo el que haya leído un libro, el que sea, y después ve la película se siente defraudado. (Creo que los de Game of Thrones lo han hecho bastante bien y bastante fiel al mundo creado por Martin) En el caso de The Book Thief los guionistas obviamente tuvieron dificultades en proyectar la poesía, los colores, la centralidad de la letra escrita que predomina en este libro. Liesel Meminger, la protagonista, es una niña solitaria que encuentra solaz en los libros aun cuando al principio no es capaz de descifrar su contenido. Cuando por fin aprende a leer, lee y re-lee con tal de aprehender las palabras, capturar su esencia. Sin embargo, la película se centra en la trama y ahí es que el lector chilla y recula. Y eso no quiere decir que la trama no sea original. Aquí se narra la historia del nazismo desde la perspectiva de los alemanes con inclinaciones comunistas.  Liesel (Sophie Nélisse), y su amigo Rudy (un personaje adorable en la novela) no han sido convertidos al nazismo y cuestionan las acciones de sus compatriotas. El único judío que juega un papel central, Max, es un artista que inventa un mundo de palabras para Liesel y le permite a la niña escribir su propia historia. Le enseña cómo representar al mundo en palabras cuando le pide a Liesel, ya que el no puede salir a la calle, que le describa el día y su entorno.

En The Book Thief  (film) la representación de los personajes tampoco es convincente para mí. Aunque cuenta con dos actores importantes como Geoffrey Rush en el rol del padre adoptivo y de Emily Watson como la madrastra, el director no logró capturar la callada dulzura de Hans ni la tierna gruñonería de Rose-- aquí digo, estoy prejuiciada por la lectura del libro puesto que al colega le gustó Hans Hubermann aunque no Frau Hubermann. Liesel, la encontré demasiado bonita, demasiado estilizada para Liesel quien en el libro es hasta un poco machúa (tomboyish) y siempre anda enredada con los niños jugando futbol y peleando..no hay otras niñas en la obra (¿porqué será eso?). Rudy pierde también fuera de la novela. El colega lo percibió como un majadero impertinente y es uno de los personajes más adorables de Zusak. Es leal, tierno, gracioso...valiente.

En fin que recomiendo la lectura definitivamente y la película sólo si no ha leído la novela.

Friday, August 01, 2014

También la lluvia



Hace poco un amigo me preguntó que películas había visto últimamente y me quedé en blanco.  Lo cierto es que he estado tan jukeá’ con las series televisivas que apenas veo películas… Sin embargo, ayer vi una que quisiera comentar. Su título es También la lluvia (2010).  Este film de la directora española Iciar Bollaín a quien conocí por primera vez con Te doy mis ojos (que trata la violencia doméstica, 2003), narra la historia de un director, que intenta filmar una película sobre la devastación indígena durante la conquista del “nuevo mundo.”  El director, Sebastián (Gael García Bernal) y su productor Costa (Luis Tosar) eligen a Bolivia para filmar pensando en ahorrarse uno billetitos al usar inditos del área que estén dispuestos a trabajar por una miseria. Sin embargo, desde el comienzo, en las mismas audiciones, se enfrentan a un indígena activista que les dificulta el trabajo.  Daniel (Juan Carlos Aduviri) el indígena, es asignado el rol del jefe de los nativos.  Su papel es imprescindible para culminar con éxito el rodaje y es aquí donde comienzan los problemas.

También la lluvia se lleva a cabo durante los tiempos en que los bolivianos comienzan a darse cuenta de lo que significa la privatización del agua para las comunidades marginales y se extiende hasta la gran revuelta del agua en Cochabamba.  Para dar un poco de trasfondo histórico, en 1999 el gobierno de Hugo Bazner entrega el control de las aguas de Cochabamba a la compañía Betchel por un período de 40 años.  La compañía en pocos meses—aunque ellos alegan que fue el gobierno y no ellos-- sube el costo del agua de manera tal que muchos no pueden pagar las tarifas y buscan agenciarse otras formas de acceso al agua.  Sin embargo, Betchel se queja de esto y el gobierno apoya a la compañía y pone trabas a los locales para hincar pozos y usar métodos alternos.  Como dice Daniel en el film “también la lluvia” ha sido prohibida, o sea que tampoco pueden almacenar agua de lluvia para cubrir sus necesidades. El resultado de esta intransigencia, de no permitirles otras maneras de acceso al agua, es una protesta de varios meses que culmina con la muerte de un protestante y la cancelación del contrato con la multinacional.(Es, por cierto, a raíz de estas protestas a las que se unieron algunas compañias privadas y los de la siembra de coca, que surge con fuerza la figura de Evo Morales).

Aunque el film no entra en todo el detalle de la protesta, si pretende bastante obviamente mostrar un paralelo entre la compañía de cine y los conquistadores de antaño. Sebastian se pinta como un idealista que quiere contar la historia de explotación mientras que su compañía llega con planes de aprovecharse del trabajo de los bolivianos indigentes que usan de extras.  También se muestran el director y productor poco simpáticos a las diferencias culturales.  En una escena el director quiere filmar a las mamás ahogando a sus críos en el agua para librarlos de la esclavitud porque “así ocurrió” y las madres se niegan ya que siquiera conciben la idea. Cuando Sebastián increpa indignado a Daniel por la reacción de las mujeres—aun cuando se vayan a utilizar muñecos—el activista le dice “Hay cosas más importantes que tu película Sebastián.”

Aunque Daniel es un personaje atractivo, su derrota emocional al final lo hace lucir débil. Los otros personajes no son del todo convincentes. Sebastián vacila entre la compasión y la indiferencia. Y Costa, el productor, no es consistente en su rol del enforcer y termina ayudando a Daniel…El personaje más atractivo resulta ser un actor alcohólico pero temerario, el personaje de Colón (Karra Elejalde), que reta a los demás a abandonar la hipocresía. También es el único que decide quedarse en Bolivia cuando los demás se marchan por su seguridad, ya que “nadie me espera”.

En fin que a pesar de que es un poco desigual la actuación y la motivación de los personajes, es una película que merece la pena y podría ser muy útil en una clase en la que se debata los meritos de la privatización, tema que nos toca muy de cerca, y la explotación de las comunidades indígenas en America, toda ella.

Algunas fuentes por si desean más información sobre “la guerra del agua”: