En la Universidad de Puerto Rico en Arecibo se ha comenzado a entrenar maestros para que se certifiquen o re-certifiquen en nuevas áreas de la enseñanza. En este programa, que dirige la DECEP (División de Educación Continua y Estudios Profesionales) se recluta a la facultad del acervo de candidatos de los diferentes departamentos académicos y se reúne a los estudiantes/maestros en los salones del recinto. Hasta aquí, santo y bueno.
Sin embargo, algo siniestro se cuece aquí. Para empezar, se les “recomienda” encarecidamente a los profesores que han de impartir dichas clases que no cuelguen a ningún estudiante y que es preferible que todos saquen A. Si el estudiante tiene el descaro de plagiar un trabajo, se le pide al profesor que ignore la afrenta y lo pase de todos modos. Supongo que eso no es tan descabellado como suena. Especialmente si consideramos que se pretende ofrecer un curso de 45 horas en diez días y en horario de 5 a 10 pm. No me imagino a muchos maestros empeñados en ponerse a estudiar después de llegar a sus casas y, no conozco los casos individuales, pero si también trabajan, menos lo harán después de un largo día. Encima de eso, me comentó una colega que no se les dan los libros—aunque el Programa los haya comprado—porque son muy caros y sabe Dios lo que va a hacer un maestro de esos con un libro. Leerlo no será. Estudiar, ni para qué si ya pasó el curso. ¿Aprender? Si no se trata de eso. Se trata de tener maestros certificados para enseñar una materia. (Nótese que no dije preparados, ni cualificados) Vamos, que los niños y niñas de las escuelas públicas no precisan de maestros competentes. Con que sepan mantener a los y las estudiantes callados y sentados en filas basta.
Tengo un doctorado en literatura y no me imagino dictar un curso de literatura en diez días. A los colegas que respeto y se han prestado para esta burla por las razones que sean, mis condolencias. Suponiendo que en los cursos de literatura se lee, me pregunto ¿Cuántas novelas van a leer en dos semanas? ¿Cuántos de nosotros—lectores voraces y constantes—tenemos la dicha de leer una novela en dos semanas? ¡Imagínese todo un curso de literatura en diez días! Lo repito porque no me lo puedo imaginar. Supongo que estos serán cursos de los llamados panorámicos. Sólo que en este caso son “super panorámicos”. En estos cursos, te enseñan el libro; te lo resumen en tres oraciones y vamos con el próximo.
Supongo que algo parecido pasará en los cursos de lingüística. El primer día te enseñan lo que es una lengua y en la próxima clase te enseñan que todos los países tienen una, lengua por supuesto. Los restantes días les resumen las teorías para que por lo menos los estudiantes hayan oído hablar de ellas aunque no entiendan su importancia.
En el curso de matemáticas—que dicen las malas lenguas que sacaron a un colega profesor porque les dio asignación—se les enseña a usar una calculadora y se les aconseja que no salgan sin una a la calle. Y a Dios que reparta suerte.
En el de química—que no se enteren los de las sesiones regulares--se les enseña la Tabla Periódica y se les muestra un vídeo de un experimento. Supongo que pueden ir a YouTube que debe tener algunos fabulosos de cómo preparar, no sé una bomba y de cómo apagar un incendio. Conocimiento en estas áreas ya los prepara para enseñar dicha materia.
No me supongo que se puede aprender mucha ciencia ni mucho de nada en estos cursos, pero así es como tratamos de reparar un sistema escolar que agoniza y un país que no tiene cultura, no lee, se entretiene escuchando a Kobbo Santarrosa y sólo sabe contar sus muertos.
