Thursday, June 15, 2017

De las postales y los males del alma




Siempre me han fascinado las postales. No sé por qué.  Cuando era una joven con pocos recursos, me fascinaba ir a la tienda de postales, cuando aun existían esas cosas, a ojearlas y comprar alguna cuando podía. Las postales no sólo le hacen saber al que las recibe que se piensa en él o en ella sino que también facilitan el proceso de compartir los sentimientos. Hay postales en las que la simple imagen basta.  Pero en la mayoría de los casos se escoge una tarjeta por el mensaje.  Siempre he envidiado a los que las escriben.  Una vez conocí a una chica que se dedicaba a eso, a escribir postales. Me sentía al conocerla como se siente el que conoce a una celebridad. No recuerdo, sin embargo, si alguna vez pude conocer su trabajo. Nunca más la volví a ver.

Tal vez porque las palabras son importantes para mí, escoger una postal para un ser querido, o un amigo/a, es bien difícil. Leo muchas antes de optar por una. A veces me gusta la imagen pero no el contenido.  A veces el contenido es bueno pero no me gusta para nada el diseño. Hubo un tiempo, cuando tener una impresora era una novedad, que las hacía yo misma. Pero nunca tuve el talento necesario para  sustituir las profesionales por aquellos frustrados intentos.

Hay postales para todas las ocasiones: jocosas, melodramáticos, tiernas. Una de mis favoritas me la regaló mi hermana una vez para las madres.  Decía algo así como Siempre supe que serías una buena madre….pues siempre te ha gustado mandar. (Algo por el estilo.) Otra vez me regaló una, que sé que la tengo guardada, pero no la pienso buscar ahora, en la que me comparaba con Mami, cuando eso no era halagador.  Recuerdo que nos echamos a reír, y mami preguntó de qué nos reíamos. “Nada, nada” recuerdo que le dije.

El colega, sospecho que hace igual que yo pero tiene mejor suerte pues siempre encuentra las más bellas, las que combinan el texto perfectamente con la imagen.  Tengo, como las novias adolescentes, todas las que me ha dado y a veces me siento a releerlas.

Con la muerte de Papi, a quien le gustaba guardarlo todo, encontramos algunas postales que le habíamos enviado a lo largo del tiempo. Las mejores eran de mi hermana. Supongo que ella también pasa largos ratos buscando la ideal; también es más generosa con las palabras. Mientras leía las postales de Papi, me percaté que las pocas mías eran secas, displicentes, podría decirse.  Los mensajes eran bastante genéricos y parcos y las firmaba con mi nombre y nada más.  Y es que supongo que al igual que con Mami, tenía sentimientos encontrados con él. Por muchos años pensaba que entre las personas que más amaba en el mundo estaba él. Aunque reconocía que tenía muchos defectos, no por eso podía dejar de verlo y alegrarme, de buscar su compañía, de querer su aprobación.

Desafortunadamente, cuando llegaba el momento de comprar una postal para el día de los padres, me entraba un desasosiego.  ¿Encontraría una postal que dijera lo que realmente sentía por él? No recuerdo haberla encontrado nunca.  Las postales, en general, no lo describían ni comunicaban lo que sentía.  Muchas veces le llevaba el regalo sin la postal. Ahora que ya no está, pienso que fui mezquina.  En mi afán por encontrar las palabras exactas, perdí muchas buenas oportunidades de por lo menos hacerlo feliz, de hacerlo sentir bien, de mostrarle cuanto lo quería. De esto estoy convencida porque un año en el que no sabía que regalarle, después que nos había pedido que no le regaláramos nada, le escribí un poema—malo por supuesto—cuando terminó de leerlo se sonrió, pero no me dijo nada. Entre sus cosas encontré el poema.  Para mi sorpresa, al dorso del papel había escrito en su letra distintiva: Gracias, Elsa. 


Supongo que no se escriben postales para los muertos pero de haberlas la mía tendría que decir. Papi, que bueno haberte tenido en mi vida; te extraño todos los días.


3 comments:

Ivonne Acosta Lespier said...

Me has hecho lagrimear..

Elba Iris Pérez, Ph.D. said...

Que bella "postal" de los padres, Elsa, me hiciste llorar. Tu padre parecía un Taíno.

Jane E Alberdeston Coralin said...

Elsa, it would be strange for a poet to say this to another poet and lover of words, but it is always one's actions that speak. I am sure that your father loves you for all you are and have been. There's no paper that can accommodate that wealth of love.