Thursday, March 09, 2017

Paro internacional de mujeres




Aunque el Paro internacional de mujeres de ayer organizado por el Colectivo feminista y al cual se unieron otros grupos feministas detuvo el tráfico en San Juan por horas ayer, El Nuevo Día, el periódico de mayor circulación en la isla, no le dedica ni media oración, ni una foto siquiera en la edición impresa de hoy 9 de marzo.  En ENDI, la versión en línea, incluye un corto vídeo. Sin embargo, en lo que parece una movida de último minuto, incluyeron una noticia de The Associated Press en Buenos Aires (p. 30) en el que se menciona el paro en Latinoamérica. WTF?**

Adrienne Rich, aclamada escritora, educadora y feminista Norteamérica dice que las mujeres en vez de meramente recibir una educación deberíamos reclamar una educación, exigirla. Entre las varias acepciones que aparecen en el  diccionario de la Real Academia Española para el verbo “recibir” se encuentran: “Tomar lo que le dan o le envían”, “Hacerse cargo de lo que le dan o le envían,”y  hasta “Padecer el daño que otra le hace o casualmente le sucede.” La palabra “reclamar” sin embargo, aparece como “Clamar o llamar con repetición o mucha instancia.” Pedir o exigir con derecho o con instancia algo. Como en “Reclamar el precio de un trabajo. Reclamar atención.” Para exigir aparece “Pedir imperiosamente algo a lo que se tiene derecho.”

Como ven la palabra recibir implica pasividad. No algo que queremos, sino algo que se nos ha sido dado, algo que se nos ha sido impuesto. Por otra parte, reclamar es un verbo con connotaciones más positivas. Reclamar implica exigir, requerir, pedir. En otras, palabras, al reclamar una educación las mujeres estamos diciendo que la educación es algo que necesitamos para vivir o sobrevivir.

Desafortunadamente, las mujeres nos hemos conformado, con recibir. Recibimos una educación, recibimos halagos, recibimos regalos,…recibimos golpes. Más, han sido las mujeres que no se conformaron con recibir las que han hecho mella en la historia. Esas mujeres que reclamaron, una educación, que reclamaron que se les escuchara, son las que cambiaron el curso de la historia para las demás mujeres.

Cambiaron el curso de la historia porque resistieron la pasividad de la palabra recibir y decidieron reclamar lo que les correspondía. Tomemos como ejemplo la famosa sufragista norteamericana Susan B. Anthony. Susan B. Anthony luchó largos años para conseguir que a la mujer norteamericana se le permitiera votar. Alegaba Susan B. Anthony que mientras la mujer no tuviera participación en las cuestiones gubernamentales y políticas no dejaría de ser un ciudadano de segunda clase. Desafortunadamente, Anthony nunca pudo ver su sueño hacerse realidad y la única vez que intento votar fue arrestada. Anthony alegaba que la constitución que otorgaba a los ciudadanos norteamericanos el derecho al voto incluía a las mujeres. Pero esa no era la interpretación que le daba la ley los jueces de aquella época y en 1872 fue arrestada por tratar de votar. Pero esto no frustró sus intentos. Anthony siguió luchando por el sufragio universal y ya para el momento de su muerte algunos estados de la nación permitían que las mujeres ejercieran su derecho al voto. La enmienda a la constitución por la que tanto luchó Anthony se hizo ley en 1920, once años después de su muerte. Pero esto no puede verse como una derrota para Anthony ya que fue el movimiento sufragista que fundó Anthony con su amiga y colaboradora Elizabeth Cady Stanton que logró esta enmienda a la constitución que hoy le otorga el derecho al voto a la mujer norteamericana.

Existe un sin fin de ejemplos de mujeres que resistieron la pasividad que les imponía no sólo la sociedad sino también sus religiones y sus pares.

Entre las mujeres puertorriqueñas podemos mencionar a Ana Roque de Duprey quien fuera maestra y periodista, además de la fundadora del movimiento feminista en Puerto Rico. Fue como parte de la lucha de Doña Ana y su liga sufragista que finalmente se le otorgó el derecho al voto a la mujer en Puerto Rico en el año 1932. Como Susan B. Anthony, doña Ana nunca pudo ejercer su derecho al voto. Cuando ella fue a votar la rechazaron porque su nombre no aparecía en la lista de electores. Sus amigas, convencidas de que doña Ana no podría a sus 80 años soportar el severo golpe que esa negativa tendría, le hicieron creer que su voto sería válido mediante una affidávit. Cuando salió del colegio electoral cuentan que Doña Ana dijo, “Ya puedo morir, porque he votado.”

En estos momentos en que el país lee sobre los abusos de parte del legendario alcalde de Guaynabo y en el que se pretende obviar la identidad sexual en las escuelas, la marcha de ayer, el paro de labores era un llamado a la concienciación muy necesario. Una pena que solo se enteraron los usuarios de Facebook, amigos del colectivo. Los demás, a menos que no hayan visto las noticias ayer en el que se resumió en menos de 5 minutos, ni se enteraron. Dice mucho de los directivos del periódico este desaire.


**Cuando me decidí a escribir esto a las 7am no había nada online. Cuando volví a cotejar, como a las 9am, por eso de ser justa, noté que habían incluído un reportaje.  http://www.elnuevodia.com/noticias/locales/nota/mujeresprotestaronenlamilladeoroporsusderechos-2298833/

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