Sunday, June 28, 2015

Veamos el fin de Miss Universe


Ahora, que Univisión ha rescindido sus contratos con Donald Trump y Miss Universe, y que varias reinas de belleza han retirado su apoyo a la franquicia, sería un buen momento para reevaluar la existencia de los concursos de belleza, especialmente en Latinoamérica y el Caribe con su historial de violencia doméstica.

Hay varios problemas con estos concursos. Primero, anteponen la belleza física sobre otras cualidades humanas. Perpetúan la creencia de que para ser exitosa en el mundo hay que ser ante todo bella. Como puede apreciarse en un segmento de apenas 15 minutos que hiciera John Oliver en su programa televisivo, (vean vídeo abajo) la idea detrás de los concursos de belleza parece originarse en las subastas de ganado (o esclavos). Las mujeres se les medían todas las partes del cuerpo para ver si se ajustaban a un estándar y se les adjudicaban puntos de acuerdo a cuan cerca estaban de alcanzar ese ideal. Hoy, hemos progresado.  Ya no se miden con cinta métrica, pero obviamente hay un modelo al que se aspira por lo que miles de mujeres hermosas son rechazadas. Por ejemplo, si no eres por lo menos 34b de sostén ni pienses que puedes ganar. Si no mides por lo menos 5’ 8” quedaste prácticamente descartada y así por el estilo.

La pregunta es ¿a quién sirven estos certámenes y para qué? Siempre que veo programas o películas en las que los hombres van a un Puti-bar a ver mujeres bailar en poca ropa, me pregunto ¿hasta cuándo? ¿Por qué tienen las mujeres que contorsionarse junto a un poste para ganarse la vida.  Es denigrante?  El que lo haga en su casa con su pareja, bien.  Pero ¿por qué es que bailar en cueros o prostituirse de las pocas alternativas que parecen sugerirse para las mujeres pobres y con poca preparación académica? Los certámenes son otra versión de lo mismo. Las candidatas en pleno siglo veinte se pasean en bikini para desplegar sus mejores cualidades…Y si no las tienen al momento, se las ingenian para someterse a cirugías que las mejoren, y las acerquen al cetro.

¿De qué sirven los certámenes? Los defensores de los concursos suelen mencionar las becas, los regalos, las amistades que se forman. Es realmente lamentable que sólo puedan aspirar a las becas disponibles las bonitas.  Las menos afortunadas que se queden en casa a lavar trapos, o que se las apañen como puedan. En cuanto a las amistades, me pregunto ¿cuán duraderas podrán ser si la mayoría de las chicas supongo que nunca volverán a verse? (Alguna Miss que me corrija)Y en un ambiente tan competitivo, ¿cuánta amistad quieran tener con sus rivales?¿cuánta confianza puede desarrollarse?

Algunos concursos de belleza son tan arcaicos que les exigen a las candidatas ser solteras y hasta vírgenes. Hay varias películas que se burlan de los concursos como Drop Dead Gorgeous, Beautiful y hasta Miss Congeniality.  En todas la lucha por obtener el título es feroz, hasta mortal.  En Beautiful, la protagonista (Minnie Driver) tiene una hija que esconde y trata como una hermanita con tal de lograr el título. Y ni hablar de los grotescos concursos de niñas. Little Miss Sunshine debería ser vista por todo el que tiene una niña en peligro de interesarse por esta farsa. Este film retrata de forma jocosa y genial la hipocresía de los manejadores de estos certámenes.

Las responsabilidades de las ganadoras por lo que he podido leer son muchas y bastante restrictivas. Dos ganadoras fueron destronadas al rechazar cumplir con las condiciones onerosas a las que eran sometidas (1973 y 2002). Aquí entra el factor dinero. El concurso de Miss Universo como tantos otros (la prueba es que esta franquicia le pertenece a Trump) son maquinitas al servicio del comercio. Las concursantes, algunas con un largo historial personal y económico de participar en ellos, pagan por ser aceptadas, por ser entrenadas, preparadas, etc. Este no es un negocio barato.  Solo las ganadoras pueden a la larga recuperar la inversión. Por eso es que muchas de las que ganan son profesionales de los concursos habiendo participado en varios antes de llegar al anhelado: Miss Universe. También guisan aquí, además de los Donald Trump de la vida, los auspiciadores que venden sus productos a través de la franquicia de Miss Universe. Por eso prefieren que las electas sean modelos o lo suficientemente bellas para que puedan mercadear sus productos exitosamente mientras promueven las magnanimidades del concurso.

Menos mal que en algunas partes del mundo las cosas han empezado a cambiar. En un pueblito de Argentina los ha prohibido. 


También en Antioquia, Colombia. Ahora pueden competir por una beca las mujeres jóvenes que estén involucradas en algún proyecto comunitario. ¡Y no tienen que desfilar en bikini! Si sólo siguiéramos su ejemplo.



Oliver denuncia el reclamo de Miss América de ser el proveedor de becas más grande del mundo.

Friday, June 26, 2015

stories, stories, stories

I’ve been thinking about stories lately. I've actually lain awake in bed, just thinking about them. Not just any story, but stories I’ve read, re-read, and loved.  I even had a dream last night in which I was evaluating a book and noticed that it included some of my favorites.  I recall someone mentioning “Wild Swans” by Alice Munro.  I’ve been trying to figure out what makes these stories I have loved, so special.  Why do I choose these when I think of the best stories I’ve ever read, or the ones that moved me most?  I can’t really say.  Some grew on me.  Some electrified me from the start, and others were stories that talked to me at a subconscious level, a gut feeling or reaction, an immediate tug at the heartstrings.  Did I recognize myself or some part of me in them? I have been writing this list for days now. They are the ones I'd choose if I were collecting for an anthology. I’ve tried to arrange them in order of preference but that has proven difficult so…here they are in some kind of an order.

Some of these are stories I taught every semester for they were stories I really wanted students to come to know, stories I figured you shouldn’t go through life without reading; others I used on and off whenever I felt it was the right time, or used the right elements, or advanced an idea I thought needed to be considered, discussed, contemplated.  Suffice it to say they are all great stories by great writers.

Here’s my list:

  1. A Rose for Emily” by William Faulkner.  This is one of Faulkner’s best known stories.  It’s the story of a spinster (Is that still a word?) who after her father’s death shuts herself off from the world—except for a brief romance with a Northerner-- and how the curious folk only get to really “know” her after her death. It is narrated in first person and the narrator is one of the townspeople. It is masterfully written with just enough social criticism to keep you going.
  2. The Verb to Kill” by Luisa Valenzuela. Two girls follow a man on the beach.  They imagine he is a pervert and will do terrible things to them. The ironic twist is one of the cruelest in fiction.
  3. I Stand Here Ironing” by Tillie Olsen. A woman ponders a question the teacher has asked her about her daughter while she irons a bunch of clothes.
  4. The Man to Send Rain Clouds” by Leslie Marmon Silko. An old Native American is found dead and his relatives prepare him for a traditional burial.
  5. Bartleby the Scrivener” by Herman Melville. One of Melville’s most famous stories. Bartleby gives up on human contact.
  6. Snow” by Ann Beattie. The narrator broods over love lost as snow falls around her.
  7. A Very Old Man with Enormous Wings” by Gabriel García Marquez. An old man with enormous wings shows up in a poor peasants' shed and they must decide what to do with him.
  8.  “The Rule of Names” by Ursula Leguin.  A man shows up looking for a dragon and a treasure but finds the local wizard instead.
  9.  “Girl” by Jamaica Kincaid.  A young girl lists her mother’s advice on sex and social relationships.
  10.  “A Jury of her Peers” by Susan Glaspell:  Two women find evidence that links another to a crime but decide not to condemn the accused due to mitigating circumstances.
  11. The Jilting of Granny Weatherall” by Katherine Ann Porter. An old woman on her deathbed remembers the pain and humiliation suffered after she was jilted years, and years ago.
  12.  “Young Goodman Brown” by Nathaniel Hawthorne. An allegorical story about the struggle between good and evil.
  13. Hills like White Elephants” by Ernest Hemingway. A man and his lover consider alternatives when they discover she is pregnant.
  14. There Will Come Soft Rains” by Ray Bradbury.  A house struggles to "survive" after the family that once inhabited it has been exterminated in an apparent nuclear bombing.

Ok.  This went a little longer than I had bargained for ( I was going for the ten best), and I’m sure I’ll regret leaving some story out…It just occurred to me that I didn’t include anything by Margaret Atwood, or Rosa Montero, Dionne Brand, or Alice Munro, or “Gravity” by David Leavitt, “My Father Sits in the Dark” by Jerome Weidman, and “Cathedral” by Raymond Carver.  Oh well…


Now gentle reader, share something with me...tell me what are your favorite stories? ¿Cuáles son tus cuentos favoritos?

Wednesday, June 24, 2015

De paseo por la isla

Algún tiempo atrás Ana Lydia Vega escribió una columna en la que hablaba de cómo tener visitas de otros lares nos obligaba a redescubrir el país. En nuestro caso hemos tenido visita recurrente (habían ido al Morro y al Yunque en visitas anteriores) y hemos tenido que recurrir a parajes guardados en el “bucket list”.  Algunos de esos lugares sin explorar eran cerquita de casa pero por una razón u otra seguían ahí, sin que nos animáramos a explorarlos. Con motivo de la visita de unos queridos amigos de California, nos dispusimos a recorrer la isla. Aquí entonces hago un resumen del recorrido:

Día 1: Recoger amigos del aeropuerto. Almuerzo en Manolín’s (espacio obligado de comida criolla); postre y café en Casa Cortés. Ambos fueron un éxito.  Casa Cortés ha ampliado el menú desde la ultima vez que estuvimos, pero sólo comimos de los deliciosos postres y café. Visita a la Tertulia y caminata obligada por Paseo de la Princesa. Esa noche llegamos a casa y no había electricidad…Sandwiches fríos de cena.

Día 2: Día de descanso y “cocktails” junto a la piscina. Almuerzo: croque madame. Cena: boef bourguignon. Mi chef es excelente…

Día 3: Compartir en casa con hijos y amigos. Menú: Cocktails: margaritas de tamarindo; cena: Salmón con “scalloped potatoes,” espárragos  y vino blanco. Postre, mantecado de vainilla con aceite balsámico…

Día 4: Desayuno en restaurante Cravings de Aguadilla (muy bueno). Visita a Casa Labadí (Palacete de los Moreau). La casa es impresionante y te permiten caminarla sin restricciones, pero necesita de cuidados. A pesar de que había empleados por el área, nadie parecía estar trabajando realmente, solo dos chicas haciendo algún tipo de inventario… Nadie nos recibió ni ofreció guiarnos por la casa. La biblioteca está llena de libros descartados que deberían donarse o hasta ofrecer a los visitantes. Luego caminamos por la siempre hermosa playa de Guajataca y el Túnel.

Día 5: Casa Pueblo en Adjuntas. Siempre es un gusto, especialmente por el entusiasmo de los voluntarios. Don Alexis nos saludó y contestó algunas preguntas. Nos unimos a una excursión por El Bosque Escuela La Olimpia. Impresionante. Gracias a nuestra guía. Salimos hambrientos (ya como a las 2:30) a almorzar en el Original de Guigui. Comimos chuletas can can, mofongo, carne frita, tostones,… mucha, mucha comida. Aunque es un sitio bastante rústico, el servicio allí es muy bueno; ya descansados tuvimos una noche de película: “Night Crawler.” Conclusión: tres estrellas.

Día 6: Viaje hasta Luquillo. Nos quedamos en un apartamento que alquilamos a través de airbnb. Bastante complacidos con el lugar caminamos por la playa, y visitamos los quioscos. El mejor: El Yareh con alcapurrias de yuca frescas y servicio excelente. Jugamos Guerra de los sexos…Cena en La Hacienda Carabalí, bonito, bueno pero un poco caro.

Día 7: Paseo por el Jardín Botánico de Caguas que es, dicho sea de paso, mucho más grande de los que suponíamos; de regreso a Luquillo almuerzo en un BBQ (no recuerdo nombre), tragos en los quioscos, juego de Scrabble en terraza del apartamento en Luquillo.

Día 8: Los amigos alquilan auto para continuar su ruta con otros viajeros. Despedida.


Día 9: Recuperarse y añorar.

Tuesday, June 09, 2015

Les ravages du temps



Un día mientras compartíamos anécdotas de nuestros padres y como avanzan con renuencia y resistencia hacia la muerte, una prima me dijo, “Old age is all about loss….Old people have to constantly deal with loss.” Se refería ella a las pérdidas no solo físicas sino también a las emocionales y sociales que sufren los viejos. A cierta edad va uno perdiendo a la mayoría de las personas que ha conocido en la vida o ha querido, va perdiendo la independencia, la dignidad, y hasta el respeto de los demás. Así que no nos debe sorprender que nuestros ancianos se nos vuelvan más gruñones, más excéntricos, más difíciles de complacer,…más difíciles de querer.

Una de las primeras cosas que perdemos con el inexorable paso del tiempo es la fortaleza física. No importa cuanta hayamos tenido en algún momento dado, toda pérdida se siente como inmensa, y sabemos que por pequeña que sea, es irrecuperable. Pensaba en esto recientemente mientras observaba a mi papá, alguna vez tan fuerte, luchar por poner un espeque.  Sus flácidos músculos apenas podían sostener la vara que intentaba amarrar contra una verja. Y lo triste es que vamos perdiendo la fuerza o habilidad lentamente, sin que a duras penas lo notemos.

Otra gran pérdida es la independencia. Un día andamos por el mundo como dueños incuestionables de nuestro destino y de pronto, no podemos ni conducir el auto. Esto es un golpe emocional fuerte para muchos ancianos.  No importa las buenas intenciones, es una pérdida de la que no se recupera uno fácilmente.  Desde la niñez soñamos con la autonomía (y no digo política ni de país, que ese es otro cuento), con la libertad para hacer lo que nos plazca, por lo menos acá en los países en que es posible hasta cierto punto. Llegamos entonces a la plena adultez sintiéndonos realizados, compramos el coche, y conducimos con desparpajo hasta que un día inesperado notamos que el volante no gira con la suavidad de antes o que no reconocemos el camino y nos asustamos. Empezamos a evitar encontrarnos en situaciones que nos puedan confundir, adoptamos ciertas rutinas.  Lo triste es que otros también lo han notado. Y un día el hijo/a bien intencionado nos señala el deterioro de las preciadas facultades automotrices…Nos tachan de “peligro al volante” y sin mucha misericordia perdemos la opción de conducir. No es fácil ceder la libertad de ir y venir a donde a uno le plazca. Mi papá luchó furiosamente contra esta perdida. Estaba violento y rebelde. Argüía que todavía podía guiar aunque ya había tenido varios accidentes y conducía muy por debajo del límite de velocidad. Por otra parte, mi suegra que guió hasta entrada en los 80, asumió la pérdida con resignación.  Llevaba meses distraída.  Salía con la intención de llegar a algún punto determinado y se perdía.  No recordaba una ruta que había recorrido un sinnúmero de veces…

Sin embargo, tal vez, lo más valioso que se pierda es la dignidad y el respeto de los demás. En “Una muerte muy dulce” Simone de Beauvoir narra los momentos previos a la muerte de su mamá.  Entre las cosas que cuenta está la primera vez que vio el cuerpo desnudo de su madre.  Ella estaba alarmada, pero la señora que convalecía hacía semanas entendía que su cuerpo ya no era suyo y que había perdido el pudor o la voluntad para preocuparse por ello. Y así con la vejez llega la incontinencia y otros problemas relacionados que nos obligan a abandonar el recato.  Algunos lo aceptan; otros rehúsan reconocer que ni siquiera pueden controlar sus propios cuerpos.  Supongo que los anuncios comerciales que nos anuncian las maravillas de los pañales para adultos sirven para que la transición resulte más “normal” y no como algo asilado y único…Por otra parte, algunos encargados de atender a los adultos no ayudan mucho.  Tratan a los viejos como si fueran niños: los tutean, los regañan, los amenazan… como si envejecer sin dignidad ni respeto no fuera suficiente…En fin, que hay toda una caterva de situaciones que hacen que el envejecer sea no algo digno sino más bien denigrante y pesado.

Cuenta un viejo libro publicado a principios del siglo pasado The Golden Bough (Frazier 1922) de cómo muchas religiones se ocupaban de asegurar que sus dioses mantuvieran su vitalidad y pertinencia renovando a sus representantes en cuanto mostraban alguna flaqueza (emocional o física) propia de los humanos. “The man-god must be killed as soon as he shows symptoms that his powers are beginning to fail, and his soul must be transferred to a vigorous successor before it has been seriously impaired by the threatened decay.”


O sea, que a pesar de que hablamos de la edad dorada y de "nuestros ancianos", ya desde que el mundo es mundo la vejez es un estado de descomposición que se vuelve más innegable a medida que nos acercamos a ella.  Hay un cuento hermoso de Leslie Marmon Silko una escritora indígena de Nuevo Méjico que se llama “The man to send rain clouds”. En este cuento un viejo de la tribu (Laguna) desaparece y varios días después lo encuentran muerto bajo una vieja ceiba. Los sobrinos que lo encuentran asumen su muerte como algo natural y se disponen a darle un entierro digno y tradicional. A pesar de que el énfasis del cuento es en el choque de culturas --tienen que leerlo porque no lo voy a contar aquí-- y de que conozco poco de las culturas indígenas, me gusta pensar que el viejo presentía que estaba llegando al final y escogió dónde y cómo morir. Y así pienso que debería ser para todos.  Llegar a la vejez con alguna autonomía y dignidad no debería ser un sueño de idiotas, sino una posibilidad real.