Tuesday, April 29, 2014

Orphan Black



En el primer episodio de Orphan Black, conocemos a Sarah quien está de regreso a casa después de haber desaparecido por diez meses.  La estación del metro en la que se encuentra, está casi desolada.  La única otra persona que vemos en la plataforma es otra joven que sirve de contraste con Sarah-- quien viste indumentaria punk, toda de negro, y con el cabello desalineado.  La otra que divisamos a lo lejos lleva ropa formal, falda gris, o negra y el pelo recogido.  La vemos pasearse de un lado al otro y pronto nos damos cuenta de que algo le sucede, parece estar llorando. Se quita la chaqueta, la dobla y la coloca con mucho cuidado en el suelo junto a su cartera. Sarah, a través de quien observamos a la otra mujer, se le acerca, tal vez para preguntarle si le sucede algo.  Cuando ya están frente a frente, las mujeres se miran y notamos que se parecen, mucho. El tren se acerca, la joven llorosa se lanza a las vías.

Así comienza la serie de BBC America que comenzó  más o menos para esta misma fecha el año pasado.  Ya había visto los anuncios anteriormente, pero no sabía de qué se trataba así que aproveché que empezaba la segunda temporada y grabé la primera—con los maratones que acostumbran las emisoras a pasar cuando empieza una temporada, me puse al día.  Nada, que les digo, que ya me enganché con otra serie.  Esta no es de la rara intensidad de Breaking Bad, ni cuenta con esos momentos filosóficos/sicológicos que te obligan a cuestionarte la forma en que nos acercamos al mundo, pero es un thriller como no veía desde la serie Alias, que lanzó a Jennifer Garner al estrellato.

Que dicho sea de paso, tiene algunos de los elementos que hizo de BB una de mis series favoritas.  Por ejemplo, la trama es muy original.  La novelista Mary Higgins Clark escribió en un ensayo que leí hace mucho tiempo que ella comenzaba todas sus novelas pensando “What if?”, o sea, ¿que pasaría si…? Los creadores de Orphan Black obviamente contemplaron la pregunta, ¿qué pasaría si se creara un grupo de clones/seres genéticamente iguales y estos fueran a parar a diferentes ambientes sociales y culturales? Operación Lida, con el cual parece (no se nos ha confirmado todavía) se crearon las clones como parte de un experimento sigue un poco la lógica de la teoría genético-cognitiva de Piaget. Esta teoría propone que además de la genética, el ambiente socio-económico/cultural influye sobre el conocimiento.  Operación Lida en la serie parece además, tratar de entender la evolución biológica de las clones.

También atrae Orphan Black por los personajes.  Cada clon es diferente—la actriz Tatiana Maslany merece un premio. Maslany, una actriz canadiense más bien desconocida, le da vida a cinco mujeres, todas diferentes. Una es una madre de los suburbios, una es una científica, otra es una desquiciada, otra es una poderosa ejecutiva y Sarah, nuestro personaje principal es una “grifter” como la llamó otro personaje, o sea, una persona que vive aprovechándose de los demás básicamente. Pero Sarah, no es un personaje estático.  Ella se transforma con tal de proteger a lo más importante en su vida, su hija Kira.

El sidekick de Sarah es su hermano de crianza, Félix, un gay encantador que se lleva algunas de las mejores líneas de la serie y quien, hasta ahora, ha mostrado ser el único en quien puede confiar la clon.  

Aquí les dejo.  No puedo dar más información sin arruinar el suspenso que es clave en una serie como esta. Si la ven, no dejen de comentarme.

Thursday, April 24, 2014

La ridícula idea de no volver a verte




El libro más reciente de Rosa Montero, La ridícula idea de no volver a verte (Seix Barral 2013), es de naturaleza híbrida.  Es una combinación de biografía y autorreflexión. Esta nueva entrega de la autora narra la vida de Marie Curie, la famosa científica polaca, a la vez que reflexiona sobre varios temas que le tocan a Montero de manera personal, particularmente, cómo sobreponerse a la pérdida de un ser querido. A algunos, este híbrido los puede incomodar, pero a mí me gustó.  Era como si Rosa y yo estuviéramos charlando sobre el tema de la muerte y a la vez compartiendo nuestra forma particular— cada quien la maneja de manera distinta— de acercarnos a ella, a la muerte, digo. Así como hace uno con los amigos. 

Este libro surge, según nos cuenta Montero, porque una amiga/agente le pide que escriba un ensayo sobre las cartas/diario que Marie escribió a raíz de la muerte de su esposo, Pierre. Las cartas le fascinan y comienza a interesarse por conocer aún más sobre la vida de la Curie, tanto que en vez de circunscribirse a las cartas, incluye datos biográficos que toma de varias obras escritas sobre la vida de la única mujer que ha sido galardonada con dos premios Nobel en las ciencias: uno en 1903 con su esposo y otro 1911, luego de haber enviudado. El titulo del libro sale de una de las cartas (incluidas como apéndice) en la que Marie escribe que no puede concebir la ridícula idea de que no volverá a ver jamás a su marido (p.226).

Según Montero, la Curie fue una joven talentosa pero insegura que se debatía entre el deber y el querer hacer. Por un lado, sabía que era inteligente y tenía talento para las ciencias.  Por otro lado, se sentía responsable por el bienestar de su papá (era huérfana de madre desde los 11 años). Sin embargo, quería, como alega Montero, también honrar la memoria de su madre al dedicarse a los estudios y tener una carrera.

Cuando por fin pudo viajar a París a estudiar, conoció a Pierre.  Él tenía 37 años y ella 28.  Se casaron y tuvieron 2 hijas: la mayor, Irene, también se ganaría un premio Nobel en química— desafortunadamente después de la muerte de su madre.

Es interesante para mí, que no he leído una biografía de la Curie, verla como todo un ser humano: preocupada por su esposo, sus hijas, el qué dirán, sin perder en momento alguno su insaciable curiosidad científica, por la que recibió muchas satisfacciones pero también muchas penas. Según descubrimos en La ridícula idea…cuando Marie gana el primer Nobel no fue invitada al estrado a recogerlo y al otorgársele el segundo le retiraron la invitación aunque ella desafió a los organizadores del premio y se apareció a dar su discurso de aceptación.  En fin, la Marie Curie de este libro es maravillosa y radioactiva. (Lean el libro para que sepan el porqué.)  He leído en otra fuente que sus diarios aún tienen radiación y por eso están bajo llave. Cualquier estudioso/a que consiga permiso para leerlos o siquiera tocarlos, debe usar ropa protectora y firmar un documento (waiver) en el que acepta la total responsabilidad por cualquier contaminación que sufra por usarlos o hallarse en su proximidad. 

En un aparte como los que hace Montero en esta obra, recientemente vi un documental sobre la vida de Gloria Steinem, la famosa reportera feminista norteamericana quien acaba de cumplir 80 años, en el que se le ve despidiendo el duelo de otra conocida feminista, Bella Abzug, a quien consideraba su mentora.   Steinem lee su panegírico con dificultad pues a menudo no puede contener el llanto.  Así es como se lee este libro.

Aunque parezca contradictorio, esta obra de Montero es fácil de leer, y a la vez difícil.  Como ya dije tiene un tono coloquial que seduce al lector, pero…Yo intentaba leerlo mientras viajaba en tren de Lille a Paris y a menudo tenía que cerrarlo ya que me conmovían las observaciones sobre la muerte y por supuesto no quería que me vieran llorar. Montero sufre una especie de catarsis en este libro.  Se libera y a la vez abraza el dolor con propósitos terapéuticos. Ya superadas la incredulidad, la rabia y las demás etapas, parece haber alcanzado el período de la aceptación de la muerte del ser querido, su esposo Pablo quien muere víctima del cáncer en el 2009.

Para concluir es un libro que se acerca al dolor no para negarlo, rehuirlo o romantizarlo sino para alcanzar lo que ella llama la ligereza y de esa forma continuar viviendo.

Cita del libro: “El verdadero dolor es indecible. Si puedes hablar de lo que te acongoja estas de suerte: eso significa que no es tan importante. Porque cuando el dolor cae sobre ti sin paliativos, lo primero que te arranca es la #Palabra.”

Tuesday, April 15, 2014

Eclipses y planillas



No fui de las afortunadas que recordó salir a ver el eclipse lunar.  Los que lo vieron quedaron impresionados.  Algunos alegan que se veía roja como la sangre; otros que era de tonos tierra y hay hasta quien la vio amarilla. Yo estuve durmiendo.  No la ví, excepto en fotos. Ahora que el sueño no llega tan rápido ni tan abundante, todo sueño hay que aprovecharlo. Hay una anécdota en la familia de mi marido que cuenta de una tía que llegaba a la casa a visitar y se quedaba dormida, siempre.  Ahora yo soy esa tía excéntrica que se duerme en casa de mi suegra. No sé porqué.  Creo que es un poco la hora, entre 2 y 4 de la tarde, el calor y también las conversaciones.  Invariablemente, la conversación gira en torno a cosas en las que no puedo participar ya que son gentes que no conozco o de las que no me interesa opinar.  Por lo menos, esa es mi excusa.  Lo cierto es que me entra una pesadez increíble y aunque lucho, no lo puedo evitar.  Los párpados se me ponen pesados y ahí voy, rindiéndome al sueño.

Tampoco soy de las que entregó la planilla tarde.  No creo haberlo hecho nunca; entregar tarde, digo. Este año como estuvimos de viaje la llenamos un poco más tarde que de costumbre pero ya el lunes 7 estaba el colega en fila para entregarla—aunque el dice que realmente esperó tal vez quince minutos. Supongo que los que optan por entregar tarde tienen sus razones.  Hay quien dice que no le va a adelantar su dinero al gobierno.  (Sí, el gobierno ese enemigo que nos hostiga y roba—triste, pero así lo vemos). Otros que no van a pagar sino que les van a devolver, no entiendo porque lo hacen. Yo prefiero salir de eso. Evitarme el estrés de pensar en llenarla y luego en la fila en la colecturía.  Siempre pedimos una copia certificada—costumbre adquirida en la época en que teníamos que tenerla a mano para cuestiones escolares. Así que la fila hay que hacerla. Me pegunto ¿cuántos de los y las que lo dejaron para hoy pudieron quedarse a ver el eclipse? ¿O vieron el fenómeno precisamente porque no podían conciliar el sueño por estar pensando en la planilla, en lo que iban a pagar, o en cuándo les llegaría el reintegro?