Friday, December 27, 2013

Colombia



Acabamos de regresar de Colombia (Barranquilla y Cartagena). Como todos los países tiene bueno y malo.  ¿Bueno? Pues es un país tropical y se parece mucho a la isla, excepto que es mucho más grande. ¿Malo? La forma de conducir. Nos hacen lucir muy civilizados. ¿Preocupante? Pues, que la cara de la pobreza es negra. ¿Coincidencias? Los maestros reclamaban mejores condiciones de trabajo, igual que acá. ¿Irritante? Los vendedores en las playas de Cartagena. Claro, que a la vez se siente uno mal porque sólo se las están buscando. Por que me imagino que eso de insistir (¿hostigar?) para que te compren no debe ser algo que le vienen natural a nadie.¿Interesante? Resulta interesante el arraigo de la salsa, la gorda en los pueblos costeños. Un joven y locuaz vendedor de souvenires, quien cantaba salsa a pulmón mientras mostraba sus artesanías, nos dijo que su sueño era ir a Puerto Rico, la tierra de la salsa.

Pero lo bueno de viajar es lo que se aprende.  Además de aprender sobre el país—que no es sólo García Márquez btw—aprendimos sobre las palenqueras, la indígena Catalina y el vallenato de Diomedes Díaz. Primero hablo sobre las palenqueras.  Estas son unas señoras, usualmente en trajes llamativos que venden frutas en la calle. Los palenqueros fueron esclavos, similares a los cimarrones, que se refugiaron en las selvas para escapar de la esclavitud hace 300 años, según nos contara nuestra guía. La única comunidad de palenqueros que sobrevive es la de San Basilio. En el 2005 fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, por ser el asentamiento de unas de las principales expresiones de resistencia de los africanos esclavizados y por preservar el idioma palenquero, “la única lengua criolla de base léxica española que ha sobrevivido en el Caribe.” Hoy día, desde los 80, las autoridades han invertido para rescatar las tradiciones de esta comunidad. (Seguro que Walcott tendría mucho que decir sobre el rescate de esta tradición por las autoridades—alegadamente a petición de los mismos residentes quienes temían que murieran sus tradiciones.) En fin que, las coloridas damas, definitivamente añaden color local a la cuidad. http://www.mineducacion.gov.co/1621/article-167618.html 

Foto de @elf tomada el 22 de diciembre 2013
Después está la historia de la indígena Catalina, quien como Pocahontas, o la Malinche ayudó a los españoles durante la conquista. Mi masajista me aseguró que cuando estuvo instalada en España, volvió a sus orígenes y vistió taparrabo y plumas de manera que nadie, ni ella misma, olvidara de donde provenía. Hay una estatua suya en el parque lineal de Puerto Duro en Cartagena—cuyas medidas son 90-60-90 según nuestra guía. Los remito a este enlace que discute las controversias que surgen alrededor de su historia: http://www.vanguardia.com/santander/region/234533-la-india-catalina-heroina-o-villana


Finalmente, les hablo de Diomedes (sin acento) Díaz.  Este fue un cantante de vallenato que murió mientras estuvimos por allá, el 22 de diciembre.  Era un ídolo de los que siguen el vallenato y su vida está de película.  Díaz fue un joven de cuna humilde quien se hizo notar por su voz y sus composiciones. Ganó mucho dinero, y mucho lo malgastó en mujeres, bebida y drogas.  Tuvo unos 28 hijos, reconocidos y estuvo involucrado en el asesinato de una mujer.  Huyó después de su convicción, pero luego se arrepintió y volvió a purgar su pena--dicen que había conseguido que le rebajaran la sentencia original de doce años.  Sirvió solo tres años de cárcel. Salió y como Lydia Echevarria, siguió su vida como si tal cosa. El controvertido cantante—era muy irresponsable y muchas veces no cumplía sus contratos—en una ocasión se implantó un diamante en un diente; no sé si porque perdió un diente, para llamar la atención o porque lo encontraba “cute.” Y por supuesto, esta hazaña dominó los periódicos locales. Tras su muerte, la radio y la televisión colombiana no hacían sino hablar de el, de su vida, sus hijos (algunos también cantantes) y de sus canciones. En la ciudad y las playas la gente cantaban sus canciones, y dondequiera se convertía en tema de conversación. http://www.elnuevoherald.com/2013/12/23/1641583/muere-cantautor-colombiano-diomedes.html

UN APARTE: libertad para Oscar López Rivera quien cumple 70 años el 6 de enero.

4 comments:

Mariel Hernandez said...

Primero lo primero, saludos y feliz cumpleaños atrasado. Ya vi que la paso súper bien con sus seres amados. Lo que no comentó es como celebran las navidades nuestros hermanos colombianos, que sería bueno aprender un poco sobre eso también. Por lo demás me resulta fascinante todo lo que aprendió y son muy amenas las historias que narra. Espero que por favor continúe compartiendo en el blog sus futuras experiencias. Feliz año nuevo y deseo mucha prosperidad para todos ustedes!!!!

elf said...

Hola Mariel:

Qué bueno saber que sigues mi blog. Te cuento que no puedo decir que aprendí mucho de cómo celebran los Colombianos las navidades. Sí puedo decir que son muy coloridas. Decoran las calles con arcos muy hermosos, árboles y hasta Santa Cló. EN una instalación gubernamental vimos un nacimiento, también. La familia con la que compartimos, la celebró con comida y música; igual que acá. Comen pasteles, pero de arroz, butifarras y dulces, especialmente de coco... Guácala. Creo que no usé mis dotes de etnógrafa en esta ocasión.

Un abrazo

Ivonne Acosta Lespier said...

elf: Suena que la pasaron muy bien y me encanta tu descripción. Pero tengo que comentar que reducir a Colombia como país tropical por esas dos ciudades costeras da la impresión errónea puesto que ese país inmenso tiene varias regiones diferentes. La ciudad de Bogotá y toda el área al norte es bien distinta tanto en clima-mucho más frío- vestimenta, costumbres y la ciudad capital que es preciosa y muy elegante. El propio GGM describe en su biografía las diferencias entre Bogotá y los pueblos costeros donde se crió.

elf said...

No, Ivonne para nada pretendo reducir a Colombia a dos pueblos, por eso los menciono. Colombia es extensa y así también sus gentes. Cuando estuvimos por allá compramos un libro de Ospina llamado Que se acabe la vaina. No lo he leído todavía pero es un ensayo en el que hace un recorrido por su país que va de la costa caribeña hasta a la cordillera de los andes y la amazonía.