Aquí incluyo el arte que aparece en la portada del libro Art and the Artist in Society editado por José Jiménez, Jane Alberdeston y yo. (Cambridge 2013)
El arte, que me fascina, es un foto/ collage de Jane.
Por si les interesa el tema y desean adquirirlo o recomendarlo a su biblioteca favorita, incluyo el siguiente enlace:
http://www.amazon.com/Art-Artist-Society-Jose-Jimenez-Justiniano/dp/1443848573
Saturday, November 30, 2013
Saturday, October 05, 2013
Sargasso
Acabo de
recibir los últimos dos números de Sargasso,
la revista del Departamento de inglés de la Universidad de Puerto Rico en Río
Piedras correspondientes al año 2011-2012. Uno de los números, el que concierne
esta columna, ha sido dedicado a la huelga de estudiantes del 2010-2011 y ha
sido subtitulado: Public Education:
Crisis and Dialogue at the University of Puerto Rico. Comienzo entonces por
felicitar a los editores Maritza Stanchich y Don Walicek por recoger este conjunto de
ensayos que pretende servir de guía a futuros estudiosos del tema de modo
que no pase este evento, que conmocionó a los universitarios y allegados y
logró mantener la atención de la prensa por meses, una hazaña difícil de lograr
en los medios tan volubles e inconsecuentes, al olvido.
La “Introducción”
a cargo de Stanchich así como la cronología que le sigue, de Alessandra Rosa,
sirven, como dice la editora, para facilitar un “análisis retrospectivo” de las
repercusiones de este incidente a nivel local, en los Estados Unidos y en otros
países. Los ensayos que siguen van desde la reflexión sobre el futuro de la
Universidad, como el del Dr. Francisco Picó “University and Society” hasta un ensayo
fotográfico de Ricardo Alcaraz Díaz del periódico Dialogo que narra en imágenes algunos de los momentos más
emblemáticos de la huelga.
En este
espacio me propongo comentar tres ensayos—a modo de aliciente para que adquieran
la revista—el de Picó que menciono arriba, el de Giovanni Roberto “De cuando el
barrio entró a la UPR” y el ya famoso de Carlos Pabón “Fungir como docentes”.
El ensayo
de Picó (cuyas citas traduzco) debería ser punto de partida para la discusión
del futuro de la universidad—ahora que nos enfrentamos a otro intento de
reforma y en yuxtaposición al énfasis en las acreditaciones que tanto han
mermado el apoyo de los programas académicos a los cursos considerados de
educación general. Y es que Picó nos exhorta
a repensar la Universidad (un poco volviendo a sus orígenes) no como un taller
para la preparación de la fuerza trabajadora sino como un aposento en el que se
va a cultivar el intelecto. Dice Picó que “En la tradición occidental un
universitario adquiría una mente crítica y conocimiento de los preocupaciones
más pertinentes en las humanidades, ciencias sociales y naturales.” Asegura el profesor de Humanidades que además
de conocer cómo funcionan las sociedades, un universitario hoy necesita
aprender a integrar el conocimiento. Esto
podría lograrse, extendiendo en vez de acortando los créditos académicos, reclutando
profesores internacionales o con experiencia internacional, asistiendo (estudiantes
y profesores) a congresos internacionales, reenfocando y reforzando el servicio
comunitario y enriqueciendo, no menguando como ha ido ocurriendo, las
colecciones de las bibliotecas para facilitar y apoyar la investigación.
Giovanni
Roberto recoge el momento histórico en la huelga cuando en diciembre de 2010 un
contingente de jóvenes es contratado por una compañía privada, Capitol
Security, (contratada a su vez por la administración del recinto de Río
Piedras) “para intimidar” a los estudiantes huelguistas. En su análisis de lo que ocurrió aquella
noche, Roberto reconoce la violencia institucional que se esconde detrás de la
burocracia administrativa de la Universidad y cómo la educación sirve para
marcar diferencias. Al enfrentarse los
jóvenes—en su mayoría negros y pobres, excluidos de la sociedad por su color y
clase social—a los universitarios, hubo un momento de tensión que se subsanó
cuando lograron los huelguistas mirarse en el espejo del Otro.
Finalmente,
comento someramente el artículo de Pabón ya que fue y sigue siendo comentado
ampliamente y es uno de los artículos que más comentarios (de ataque y de
apoyo) ha recibido en la revista 80grados,
revista que surgió durante la huelga y sirvió dicho sea de paso, como un
vehículo para comentar la huelga y es hoy un espacio importante en la discusión
de asuntos universitarios y culturales.
En este artículo, Pabón pide que funjamos como docentes volviendo al salón
y buscando a través del diálogo la
solución al problema huelgario. Le pide a los huelguistas que le permitan
volver al salón. Hace además una crítica a la asociación de profesores (APPU)
por abrogarse el derecho de hablar por todos los profesores, cometario que
sirvió como detonante para los ataques que sucedieron la publicación de la columna. De modo que la tesis de Pabón que proponía
analizar el indispensable y todavía pertinente rol de los docentes en el
conflicto se convirtió en un dime y direte entre los que apoyaban y no apoyaban
la huelga, y los que apoyaban o no a la APPU. También recibió el beso de muerte
cuando fue usado por la administración para demostrar que los profesores
“serios” no apoyaban la huelga por lo que Pabón tuvo que emitir un epílogo en el que rechazaba el endoso de la presidenta de la Junta de Síndicos.
Lamentablemente, los ensayos y el enfoque de este número de Sargasso
se concentra solo en lo que ocurrió en el recinto de Río Piedras—a pesar de que
también fue la primera huelga que logró unir a las once unidades (“Once
recintos, una sola UPR” era el lema). Aún así, este número es un intento loable de documentar para la
posteridad lo ocurrido en la huelga para que queden consignados los aciertos y
las fallas de este momento que marcó para siempre la historia de la Universidad
de Puerto Rico.
para más información de cómo adquirir la revista, visite: http://humanidades.uprrp.edu/ingles/pubs/sargasso.htm
Monday, September 30, 2013
adiós a Breaking Bad
En un
artículo reciente de The New York Times (“The
World According to Team Walt”) que me envía una amiga
y fiel seguidora de Breaking Bad, Ross Douthat
alega que los seguidores de la serie quieren que Walt, el protagonista, se
salga con la suya. Según Douthat el atractivo de este personaje estriba en la
necesidad de una alternativa al código moral prevaleciente. ¿Por que no matar a Gus, por ejemplo, si es
después de todo una mala persona? Es un
regreso según Douthat a lo que el llama las viejas reglas en las que uno hacía
lo que fuera por defender la tribu o la familia.
Su punto de vista está
interesante y tal vez esa sea la razón por la que algunos seguidores de la
serie todavía quieren (querían) que Walt sobreviva (viviera) la serie. Pero no es la razón por la que la he seguido
yo. Yo la veo por la trama, que cautiva. En Albuquerque, Nuevo México hay un maestro que se arriesga a cocinar meth pensándose demasiado inteligente
para quedar atrapado en la madeja de enredos y
peligros que es el mundo de las drogas. Cuando comienza la serie, Walt
tiene un plan: necesita unos $700,000 más o menos para morir en paz. Pero Walt
es un personaje complejo. Es inteligente
pero lleno de complejos, inseguridades y ambiciones personales que lo
llevan a decir en un momento “I’m in the empire business.” O la otra “I AM the danger! A guy opens his door and gets
shot and you think that of me? No. I am the one who
knocks!” Necesita sentirse en control. Al principio Skyler, su esposa, parece ser la
dominante de los dos. A medida que Walt
se adentra en el mundo de la meth,
ella va perdiendo control y el lo va ganando.
Walt no es un personaje simpático,
nunca lo es. (Tengo que admitir que hace tiempo que quiero que Walt las pague.)
Es un hombre que ha vivido con miedo y con la vergüenza de no haber llenado las
expectativas que se tenían de el. Además
de que vive con el coraje de sentirse engañado.
Se cree impotente y traicionado por sus amigos (los Shwartz). En el momento
en que entiende que tiene poder, lo usa de forma despiadada. Después que compra el Car Wash que va servirles para lavar el dinero de las drogas, el
dueño ve en la pared el primer dólar que ganó con el negocio e intenta llevárselo,
Walt no sólo se lo prohíbe, sino que lo usa después para comprarse una Coca Cola.
En algo aparentemente tan trivial, Walt demuestra lo mezquino que puede ser y
cómo se regodea en ser el que tiene la sartén por el mango. Más tarde se da el
gusto de decirle a Jesse, quien está a punto de morir a mano de los criminales
compinches del maestro, que dejó morir a Jane, la novia de Jesse. Walt es
también una persona tramposa, deshonesta y controladora. Le miente con
espantosa facilidad a su esposa, sus hijos, sus amigos. Por eso es tan estremecedor,
el encuentro con Hank después de que el agente se da cuenta que su cuñado es el
famoso Heisenberg.
Otra cosa que me gustó de
BB, es que en los primeras dos temporadas vemos a Walt en el salón de clases explicándonos
ciertas características básicas de la química.
Cada vez que lo vemos en el salón parece estarse divirtiendo, parece que
le fascina la química y hablar de ella.
Cuando se junta con Jesse, lo acoge como maestro que fue y que pretende
seguir siendo. Además de que cada clase que le vemos dar, es importante para
adelantar la trama. “Chemistry is about transfomation” dice en clase. Y así Walt
se transforma de simple maestro a Heisenberg, el misterioso Kingpin que destruyó a Gus, quien se
sentía rey de la droga después de haber liquidado al cartel en México.
El personaje más
conmovedor es Jesse. Es cierto que el no
padecía de cáncer, pero Jesse es una víctima desde el principio. Es un pobre infeliz a quien hasta su familia
lo ha abandonado. Sólo quiere sobrevivir
y que alguien lo quiera. Busca en Walt
una figura paterna—y hasta cierto punto lo encuentra. Claro que como dice mi
marido, Jesse no sobreviviría en el mundo real (He’s too damaged.). Pero por lo
menos, Vince Gilligan nos dejó la satisfacción de que en el mundo de BB, Jesse tiene una segunda
oportunidad.
En fin que tengo que
decir que no hay nada como un buen libreto, escritores inteligentes, un director astuto y actores sobresalientes.Cada libreto estaba cuidadosamente elaborado (la referencia a "Ozymandias" el poema de Shelly fue una maravilla) y cada detalle pensado de manera genial e
inteligente, con una buena dosis de humor para aliviarnos la tensión. ...Ya tengo
ganas de verla otra vez.
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