Hoy me chocan dos oraciones que leo en el periódico. La primera se relaciona a la noticia de que los ateos andan molestos porque el estado se hace cómplice de las religiones, específicamente las cristianas cuando honra los días que son importantes para estas, como por ejemplo la Semana Santa. La reportera, aparentemente cristiana, hace esta observación:
"Ambos creen que la muerte y resurrección de Jesús, que dio su vida por los pecadores y cuyo acto es recordado y mueve a la reflexión en estos días, es meramente una fantasía."
La otra oración que me estuvo interesante viene de un artículo sobre Jeannette Ramos Buonomo, la jueza que "le quitó el marido a Conchita Dapena". (Uso esa cita popular porque así era que se referían a ella antes.) Pues resulta que la Ramos Buonomo ha decidido aclararle al país cómo fue que realmente ocurrieron las cosas entre Sánchez Vilella y ella y ha escrito un libro, un memoir. Entre las cosas que aclara la ex jueza es que ella nunca fue la amante del ex-gobernador. La amante--esperemos que ya no la pueda herir esta confesión--era una tal Eris que era la secretaria de Sánchez Vilella. La reportera escribe:"Conchita (la esposa legítima) y su hija Evelyn no sabían que Eris era la querida." ¿Por qué cree necesario escribir "la esposa legítima"? ¿Porqué no mejor "su esposa de entonces "? O algo por el estilo. Nada que se me ocurre que los prejuicios afloran por todas partes.
Sunday, April 24, 2011
la objetividad periodística
Sunday, March 06, 2011
Columna de Rosa Montero
Mientras buscaba información sobre la novela más reciente de Rosa Montero me topo con esta columna de El País.com. Trata sobre la vejez y como nos enfrentamos a ella. Aquí incluyo un extracto:
...Porque ahora lo está. Calvo, quiero decir. Y lleva una barba canosa y venerable. Tiene 49 años, aunque parece algo más marchito de lo que corresponde. Estas cosas son las que le ponen a uno más nervioso: comprobar que ahora son mayorcísimos incluso los que eran más jóvenes que tú. La prueba inequívoca de que estás alcanzando los alrededores de la ancianidad no es verte viejo a ti mismo, sino empezar a encontrar viejísimos a todos los demás. Una tarde de verano, mi abuela, de noventa años, paseaba del brazo de mi tío, su hijo, profesor de instituto. Se cruzaron con unos treintañeros que les saludaron efusivamente, y ella preguntó: “¿Quiénes son?”. “Antiguos alumnos míos”, contestó mi tío. “¡Pero qué viejos!”, se asombró mi abuela, indignada ante semejante traición de la cronología. El mundo va envejeciendo a toda velocidad a tu alrededor, el vendaval del tiempo silba atronadoramente en tus oídos, pero por dentro tú te sigues sintiendo tan tonto y tan joven como siempre. Sólo que cada vez un poco más disociado de tu cuerpo.
...La vejez, presiento (la veo ya asomar la pata en el horizonte como el lobo asomaba la amenazadora pezuña bajo la puerta), es la etapa heroica de la vida. “Hacerse mayor no es para blandengues”, reza un clásico refrán norteamericano (growing old is not for sissies: el original es un tanto homofóbico, porque sissy viene a ser como mariquita). Sin duda hay toda una épica en la ancianidad, en mantenerse vivo, entero, alegre, dispuesto a las novedades y los cambios, abierto al asombro y al aprendizaje, estoico ante el dolor y el decaimiento, ante el merodeo cada vez más cercano de la muerte.
...Porque ahora lo está. Calvo, quiero decir. Y lleva una barba canosa y venerable. Tiene 49 años, aunque parece algo más marchito de lo que corresponde. Estas cosas son las que le ponen a uno más nervioso: comprobar que ahora son mayorcísimos incluso los que eran más jóvenes que tú. La prueba inequívoca de que estás alcanzando los alrededores de la ancianidad no es verte viejo a ti mismo, sino empezar a encontrar viejísimos a todos los demás. Una tarde de verano, mi abuela, de noventa años, paseaba del brazo de mi tío, su hijo, profesor de instituto. Se cruzaron con unos treintañeros que les saludaron efusivamente, y ella preguntó: “¿Quiénes son?”. “Antiguos alumnos míos”, contestó mi tío. “¡Pero qué viejos!”, se asombró mi abuela, indignada ante semejante traición de la cronología. El mundo va envejeciendo a toda velocidad a tu alrededor, el vendaval del tiempo silba atronadoramente en tus oídos, pero por dentro tú te sigues sintiendo tan tonto y tan joven como siempre. Sólo que cada vez un poco más disociado de tu cuerpo.
...La vejez, presiento (la veo ya asomar la pata en el horizonte como el lobo asomaba la amenazadora pezuña bajo la puerta), es la etapa heroica de la vida. “Hacerse mayor no es para blandengues”, reza un clásico refrán norteamericano (growing old is not for sissies: el original es un tanto homofóbico, porque sissy viene a ser como mariquita). Sin duda hay toda una épica en la ancianidad, en mantenerse vivo, entero, alegre, dispuesto a las novedades y los cambios, abierto al asombro y al aprendizaje, estoico ante el dolor y el decaimiento, ante el merodeo cada vez más cercano de la muerte.
Tuesday, February 01, 2011
La entrevista
Varias cosas interesantes sobre la entrevista de El Nuevo Día al posible candidato de los populares. Primero, la versión impresa no incluía las críticas a Luce Vela. Cuando oí a varios analistas de la radio discutir el mensaje, me pregunté de qué hablarían porque yo no recordaba ningún comentario sobre la primera dama. ¿Por qué decidieron dejar esa parte fuera y sólo publicarla en la versión cibernética? Segundo, ¿Por qué los políticos se han concentrado en esa parte de su entrevista, cuando dijo otras cosas más preocupantes para el país? Dicho esto, quiero decir dos cosas a los defensores de la esposa del gobernador. La señora Vela, no representa a todas las mujeres. Como mujer no me ofende que la critiquen. Ella no me representa. Ella representa a las mujeres de su clase social: las acomodadas y privilegiadas. Por otra parte, el estar casada con el primer mandatario del país, la hace una figura pública y por lo tanto, “bait” para los políticos y demás que quieran atacarla. Como dice un refrán en inglés: “if you can’t stand the heat, get out of the kitchen.”
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