Powered By Blogger

Thursday, October 07, 2010

Vargas LLosa y yo

Cátedra magistral 2006 UPR Arecibo
Recibiendo Honoris Causa junto a Luis Rafael Sánchez
Firmando libros junto a Luis Rafael Sánchez
¿Has conocido alguna vez a un Premio Nobel? Me pregunta mi marido esta mañana. Pues si. Conocí al Premio Nobel de Literatura 2010 en el 2006 en UPR Arecibo con motivo del Tercer Congreso “Escritura, Individuo y Sociedad en España, las Américas y Puerto Rico." No tuve la suerte de algunos de fotografiarse con él, pero sí tuve una breve conversación mientras lo conducía al baño. No recuerdo exactamente lo que me dijo excepto "Me puede decir dónde queda el baño?" o algo por el estilo. Aún así, eso bastó para sentirme muy honrada de haber caminado junto a él mientras lo llevaba hasta la puerta del baño. (Por cierto también conocí a Derek Walcott, pero eso lo comentaré en otro momento.)

Aquí reproduzco algunas fotos que tomé durante el Congreso.

Friday, October 01, 2010

Para llenar el vacío

Nos dice el Presidente en su más reciente carta circular que “no podemos permitirnos el desenfado, la apatía, el sarcasmo o la prepotencia.” También nos pide “sensatez”. Y acaso la forma en que ha conducido hasta ahora el destino de la Universidad nos ha servido de ejemplo para que no caigamos en el desánimo o el sarcasmo? ¿Después de todo, qué nos ha enseñado él y sus secuaces sino prepotencia y una total falta de sensatez?

Lo que digo arriba lo comencé en 08/09/10 y lo guardé para ampliarlo. Nunca lo trabajé y ahora no me parece del todo digamos "fresco", al día, especialmente porque han habido otras cartas circulares desde entonces. De todos modos lo publico para llenar el vacío que he tenido en este espacio por casi un mes.

Saturday, September 11, 2010

En contra del uso y costumbre


Me atrevo publicar esta carta aquì aunque no conozco a la profesora, no creo que le moleste.


9 de septiembre 2010

La Universidad que NO queremos
Por Yolanda Molina Serrano, PhD
Catedrática Auxiliar
Departamento de Pedagogía y Ciencias Sociales, UPRU

Debemos juntos evaluar el fruto de la cosecha del “uso y costumbre”. Este refrán particular de la Universidad de Puerto Rico ha servido para detener la conciencia, justificar la inercia, respaldar la intransigencia, tolerar el abuso, obviar la necesidad, permitir el nepotismo, aprobar el amiguismo, ignorar la malversación, hundir lo académico, descartar la escolaridad, atender a los comadreos y consentir la politiquería, entre otros.

Nos preguntamos ¿es esta la función de la Universidad? ¿Hemos sido contratados para alentar y perpetuar prácticas contrarias a lo académico? La verdadera y única función de la Universidad es crear conocimiento nuevo y difundirlo , dentro de un ambiente que promueva la investigación y los debates guiados por la sapiencia. Pero qué conocimiento novel estamos difundiendo cuando nos congraciamos con el status quo y permitimos las acciones deplorables de unos representantes del gobierno, que utilizan la ley para desacatar los derechos fundamentales de los seres humanos: el respeto, la dignidad y la igualdad, e imponen su criterio por encima de los servicios a los estudiantes y la comunidad académica a la que nos debemos. Que con nuestro silencio nos hacemos cómplices de un sistema político que estimula la intromisión en instituciones que representan a todos los sectores del país; de un pueblo que clama por justicia, respeto y dignidad. Dignidad que no guardamos ni para nosotros, ni para nuestros estudiantes que son la razón de nuestro trabajo diario y a quienes defraudamos cuando consentimos en hábitos antagónicos a nuestra mayor función como universitarios: crear conocimiento nuevo y difundirlo.

Notamos como desde la presidencia hasta las oficinas más simples, se da un proceso engorroso de ver a funcionarios forzados súbitamente a presentar cartas de renuncia, y justificar su abrupta salida como algo natural. Escuchamos frases dudosas como “Me voy a otros rumbos.”, “Exploraré algo diferente.”, “Ya me cansé y necesito un respiro.”, “Mi salud está afectada”, entre otras. Pero detrás de esa bambalina de humo se esconde la verdadera razón de las renuncias forzadas. Hay que dar paso a otros que son leales y responden a la línea partidista de turno, a otros que son de “confianza”. Invariablemente nos preguntamos si el día de nuestra juramentación no fue suficiente para certificarnos como académicos en quienes se puede confiar. ¿O es que acaso el contrato que firmamos tenía una cláusula oculta que delimitaba lo que es la verdadera confianza? ¿Es esa la confianza que está subordinada a la afiliación con el partido de turno? Muy penoso es presenciar el espectáculo de como nuestras credenciales, calificaciones, experiencias y dedicación son echadas a un lado por no responder a la adhesión fanática de políticos itinerantes que pululan los pasillos de la Universidad, buscando mediocres que se presten a sus mezquindades.

Este fanatismo se ha tolerado por muchas décadas hasta convertirse en la orden del día. Nos reiteran, “que “siempre ha sido así”, que “otros lo han hecho igual o peor”, que “nada se puede hacer”, que “ese es el uso y costumbre”. Hay que detener esta letanía de justificaciones injustificables y reflexionar: ¿Qué vamos a hacer para frenar esta indiferencia acumulada por una veintena de años viendo a los desalmados practicar sus vilezas y quedar impunes?

Esta es la hora de levantarnos y pararnos en el camino. Despertemos del letargo de la indiferencia que ha anestesiado nuestra conciencia y buen juicio y exijamos la verdad. Exijamos sinceridad, verticalidad y transparencia en el liderato de aquellos que han atribuido el compromiso de representarnos. De los que se olvidan que una vez fueron estudiantes y luego profesores y desdeñan su vocación primaria. Quienes por obra y gracia, no de sus méritos, sino de recompensas y deudas a favores de antaño, tienen ahora en sus hombros el manto del privilegio y prestigio que se le otorga a los funcionarios de la Universidad. Siendo estos los que deben darle prioridad a la institución a la que sirven, que no necesariamente los eligió pero que sí espera un comportamiento probo y un intachable servicio a la Academia y no un desleal coqueteo con los políticos locales que imponen sus criterios, en la elección de funcionarios, sin mediar la evaluación de sus cualidades profesionales e ignorando la voz de la comunidad universitaria.

Lo que hoy plantemos será la cosecha del mañana. Que la cosecha sea la fiscalización abierta y contundente de aquellos que hoy están y de los otros que vendrán e intentarán pisotear nuestra inteligencia tratando de endilgarnos una vez más que “ese es el uso y costumbre”. ¡Repudiemos “el uso y costumbre”! Saquemos los elementos que nos tienen en bancarrota académica. No importa el que esté, menos importa el que venga, porque como académicos velaremos y denunciaremos hasta el cansancio las vilezas que se practican en contra de nuestra Universidad y nos desacreditan ante los ojos del pueblo.

¡Volvamos a las prácticas naturales de la Universidad: investigar, debatir, crear conocimiento nuevo y difundirlo!.