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Sunday, July 22, 2012

la educación bilingüe


por elf
por elf


Ayer conversaba con unos colegas/amigos sobre la educación bilingüe y las maromas que hace la administración universitaria (UPR) por “preparar” a los estudiantes y maestros para que funcionen en el reino bilingüe que se aproxima—si ganan las elecciones los estadistas, por supuesto. Coincidimos, los colegas y yo, que el problema no era la educación bilingüe sino la agenda subyacente de querer sustituir un idioma por otro con tal de lograr la meta final: la estadidad.

La educación bilingüe no es el monstro, después de todo y no debemos temerle a la educación bilingüe.  En el mundo académico se reconocen dos modelos básicos de esta (hay muchas interpretaciones, pero dos sobresalen).  Una vertiente promueve que se enseñen las materias básicas al estudiantado en el vernáculo (por lo menos como se concibe en varias instituciones de renombre en E.U. y Europa); otra busca que se enseñe la misma materia en los dos idiomas.  Claro que en E.U., la meta de este tipo de educación es posibilitar que los estudiantes vivan una vida plena en un país cuya lengua predominante es el inglés. Los cursos se ofrecen en el vernáculo (español, mandarín, afrikaans, etc.) del estudiante ya que varios estudios han probado que el conocimiento adquirido en el vernáculo puede traducirse más efectivamente al inglés. O sea, que es más fácil aprender conceptos como el proceso de la fotosíntesis o la multiplicación de fracciones en la lengua natal. Digamos que en el idioma en el que se piensa y sueña. También es más fácil aprender a leer en la lengua materna. 

Así que si transformamos las escuelas públicas en centros bilingües, no tendríamos nada que temer. Dicho sea de paso, la educación bilingüe en E.U. es un tema altamente controversial y político—aquí para nada (right!).  Aquí lo que habría que mirar con recelo son los intentos de asimilación que acompañan esta “nueva” filosofía educativa.   

Todos queremos que nuestros hijos hablen inglés, ( y francés y alemán) pero no por ello debemos menospreciar el aprendizaje del español (ya en estado bastante precario), ni la educación en general.  Lo que debemos tener claro es que una educación de excelencia no la determina el idioma en el que se enseña.  Una educación efectiva se asegura con buenos maestros—responsables y competentes en sus áreas de especialidad— con familias involucradas en el aprendizaje de sus hijos, y en escuelas en las que se respete el conocimiento y se promueva la excelencia, sin menoscabo de la justicia laboral que se merece el gremio magisterial del país.