Saturday, August 15, 2015

Lloverá o no lloverá

Las noticias están llenas de historias que convocan a la reflexión (para los que reflexionan), promueven la investigación (para los que investigan) y además sirven, desafortunadamente, de alimento a los pseudo periodistas del país--aquellos que recurren al rumor y la ignorancia para llevar su mensaje (como ocurrió con el IVA). 

Yo soy de las que corro a la PC y hago una búsqueda del tema. El tema que nos ocupa hoy es la siembra de nubes para promover la lluvia o las llamadas técnicas de modificación atmosférica. Según he leído, el primero que propuso el tema fue el geólogo Nathaniel Shaler de la Universidad de Harvard. Shaler propuso canalizar las corrientes de Kuroshio en el Pacífico a través del estrecho de Bering para elevar las temperaturas en la región unos 30 grados. Esto fue en 1877.  Se sabe también que Nikola Tesla (1888)  propuso modificar la frecuencia de resonancia de la tierra a través de corrientes de electricidad alterna. En 1890 ya el gobierno estadounidense financiaba experimentos que se llevarían a cabo en Texas para producir lluvia. En 1910 el magnate de los cereales, el señor CW Post financiaba experimentos para promover la lluvia a modo de reemplazar el riego.

En noviembre de 1946, el Dr. Bernard Vonnegut descubrió que los cristales microscópicos de yoduro de plata (AgI) podían convertir el vapor de agua para formar cristales de hielo. Sin embargo, el mismo Vonnegut previno que esto era tan delicado que no debería dejarse en manos privadas…

El primer experimento considerado exitoso tuvo lugar en Vietnam en 1967 cuando el ejército de EEUU lanza Operación Popeye sobre el país asiático con miras a extender la temporada de monzones sobre Laos. Esta operación consistía en sembrar yoduro de plata en las nubes específicamente sobre Ho Chi Minh de modo que las tropas vietnamitas no pudieran transitar por la ciudad. El escándalo que se suscitó tras el descubrimiento de esta estrategia militar en 1978 propulsó la firma de un tratado entre los Estados Unidos y otros gobiernos para prohibir el uso de tecnología de modificación climatológica en tiempos de guerra—las razones son obvias.

 En 2003 el Consejo Nacional de Investigación de la Academia Nacional de Ciencias publicó un informe titulado "Temas críticos en la investigación sobre la  modificación artificial del clima”. Una de sus conclusiones fue que "todavía no existe prueba científica suficiente que muestre la eficacia de la modificación climatológica.” Sin embargo, ya se usa en muchas partes del mundo (China, Francia, Australia) con un éxito cuestionable y con muchos detractores.

Según Wikipedia, “en Estados Unidos, la siembra de nubes se utiliza para aumentar las precipitaciones en zonas que sufren de sequía, para reducir el tamaño de los granizos que se forman durante tormentas eléctricas, y para reducir la cantidad de neblina en los alrededores de los aeropuertos.”

Esto es a grandes rasgos lo que ha ocurrido, pero hay muchas personas más envueltas en la experimentación con el clima y cómo modificarlo. O sea, que el tema es complicado y todavía requiere de estudio.  Todos los supuestos logros hasta el momento son disputados por expertos. En el 2011 dado el récord de desastres climatológicos ocurridos en los EE.UU., el Servicio Nacional de Meteorología lanzó una iniciativa global para asegurar que el país estuviera en un futuro preparado para enfrentar cualquier crisis de naturaleza climática que pudiera surgir dada la creciente vulnerabilidad de muchas comunidades afectadas por fenómenos meteorológicos severos, tales como tornados, olas de calor intensas, las sequías, inundaciones, y huracanes.


En Puerto Rico, por si no está enterado, la empresa Seeding Operations & Atmosferic Research  (SOAR) ya empezó a sembrar nubes. “Lanzó tres bengalas de químicos sobre la zona de la cuenca de Carraízo e informó de un aguacero posterior al evento, cuya magnitud la empresa no pudo precisar, dio a conocer la portavoz de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), Norma Muñoz” según se publica en el periódico primerahora.com. Mientras tanto, los profesores de la UPR que aparecían como consultores de la compañía SOAR, se desvincularon de la contratación aclarando que nunca fueron consultados y aunque no se oponen plenamente, sugieren más investigación sobre el tema.

Un problema que preveo es que si funcionara, aunque no parece muy prometedor, seguiríamos con las costumbres que nos han llevado hasta esta sequía. O sea, seguiríamos mal gastando los recursos, deforestando y sembrando cemento. Primero debería comenzarse una campaña en las escuelas que es donde realmente puede funcionar, otra en la prensa y televisión sobre la importancia de proteger el planeta, (no solo la isla) y luego de prevenir para evitar que vuelva a ocurrir en el futuro; solo entonces deberíamos considerar otras alternativas.

Aquí algunas fuentes usadas para este escrito:










2 comments:

Melvin said...

Mas le vale a los,humanos q no jueguen a ser Dios, la naturaleza se puede virar en contra nuestra.

Aleator said...

Recuerdo la noticia en la que aparecían los profesores de la UPR que serían consultados. Uno de ellos decía que el proyecto de sembrar nubes tenía la misma probabilidad de causar lluvia que la que se esperaba que produjera naturalmente el ambiente en esos días un 20%. Yo lo vi como otro episodio en el que academia y país van por senderos que se bifurcan.

Por cierto me gusta el nuevo look del blog. Ya era hora!